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La academia que unió a todos en confusión

Gobernador, embajador y presidenta: cada quien, su versión. Querétaro puede tener su academia. La Federación puede exigir coordinación.
En la imagen se ve el momento en que el embajador de Estados Unidos en México dio la mano al gobernador Mauricio Kuri.
CALEA es un organismo privado estadounidense cuya acreditación es voluntaria y evalúa procesos de las agencias; no sustituye la certificación policial mexicana, que corresponde al sistema nacional, escribe Alberto Guerrero Baena. (Foto: Especial )

Los hechos llegaron tarde; la regañada, puntual

El viernes 2 de octubre, en el complejo Rhino de Querétaro, el gobernador Mauricio Kuri y el embajador estadounidense Ronald Johnson colocaron la primera piedra de una Academia Internacional de Capacitación Policial. Enseñará a policías a detectar e interceptar drogas, armas, dinero ilícito y contrabando.

El lunes, la presidenta Claudia Sheinbaum preguntó en la mañanera por qué hubo primera piedra con el embajador y sin el Gabinete de Seguridad. Ese día la prensa documentó que asistieron el comandante interino de la 17ª Zona Militar, un representante de la Guardia Nacional y el delegado de la FGR, y que el gobierno queretano avisó a la SRE de la visita del embajador.

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Conviene separar las fallas: la del gobernador, la de la narrativa federal y la de un sistema que nunca fijó reglas claras.

Lo que la ley sí dice

Empecemos por el derecho, porque en este país se discute con adjetivos lo que debería resolverse con artículos.

La formación policial no depende de la buena voluntad: el artículo 21 constitucional establece que la seguridad pública es función compartida de Federación, estados y municipios, y la Ley General del Sistema Nacional de Seguridad Pública regula carrera policial, profesionalización y certificación.


Una academia estatal puede capacitar a sus policías; lo que no puede es operar fuera de ese sistema. Por otro lado, el artículo 117 constitucional prohíbe a los estados celebrar alianzas o tratados con potencias extranjeras, y la política exterior corresponde al Ejecutivo federal.

Entre ambos extremos hay una rendija legítima: la Ley sobre Celebración de Tratados permite a dependencias estatales firmar acuerdos interinstitucionales con órganos extranjeros, siempre que informen a la Secretaría de Relaciones Exteriores, que emite dictamen previo y los registra.

Ese es el candado jurídico central.

¿Violación o ruido?

¿Hay violación? No puede afirmarse.

La propia presidenta dijo que no creía que hubiera delito. Una infracción a la Ley sobre Celebración de Tratados exige un acuerdo firmado y no informado, y hasta donde sé el documento no es público.

Hablar de violación a la Ley de Seguridad Nacional es improvisar: regula inteligencia, no cursos policiales. Ahora, avisar a la Cancillería que viene un embajador no equivale a someter un acuerdo a dictamen.

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Lo primero es cortesía; lo segundo, el trámite legal. Mientras no se conozca el convenio, si existe, la discusión jurídica es especulación y lo político es lo único comprobable.

La mañanera sin expediente

La pregunta incómoda apunta hacia arriba.

Según la cobertura de la mañanera, la presidenta sostuvo que no hubo representantes de Defensa ni del Gabinete de Seguridad, y que un gobierno estatal no tiene que ver directamente con delincuencia organizada porque son delitos federales.

Lo primero es parcialmente inexacto: no estuvo ningún titular del Gabinete, pero sí mandos federales en territorio. Lo segundo es una simplificación peligrosa: las policías estatales y municipales son primer respondiente, investigan bajo la conducción del Ministerio Público y están obligadas a coordinarse.

¿Le llegó información incompleta del Gabinete de Seguridad, de la Cancillería o del Secretariado Ejecutivo?

No lo sé, y no hay evidencia pública para afirmarlo.

Quien improvisa en vivo no necesita que lo engañen para equivocarse; basta con que nadie le entregue cada mañana una nota con los hechos y la base legal. El error, si lo hubo, es de proceso antes que de persona.

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Un gobierno de oposición bajo reprimenda

Hay un matiz político que sería deshonesto omitir: Querétaro es un gobierno de oposición, emanado del PAN, en la antesala del proceso electoral de 2027.

Su gobernador fue convocado, junto con un embajador, a dar explicaciones por un proyecto de profesionalización policial cuya presunta falta es de trámite, no de delito. La presidenta misma reconoció buena relación con Kuri y descartó, por ahora, un ilícito.

Con ese diagnóstico, la reprimenda pública resulta desmedida. Una policía mejor formada es un bien público, y según cifras de la embajada, no verificadas de forma independiente, ha capacitado a más de cuatro mil personas. Eso es construir capacidad, no conspirar.

Certificar no es subordinar

El antecedente también pesa.

La Iniciativa Mérida financió, con Calderón y con Peña Nieto, equipamiento, capacitación y profesionalización policial, con resultados desiguales y una lección clara: el dinero extranjero compra cursos, pero no construye instituciones.

CALEA es un organismo privado estadounidense cuya acreditación es voluntaria y evalúa procesos de las agencias; no sustituye la certificación policial mexicana, que corresponde al sistema nacional.

Se puede adoptar un estándar extranjero sin entregarle la doctrina. En febrero, según la prensa, policías queretanos y autoridades federales ya habían tomado juntos un curso de 55 horas con el Servicio de Marshals.

La cooperación existe; faltaba el protocolo, y la omisión es compartida.

Cinco candados para que no se repita

Propongo cinco requisitos verificables para cualquier academia estatal o municipal que reciba asesoría o acreditación extranjera.

a) Notificación escrita a la SRE sobre el proyecto, no solo sobre la visita, antes de la foto, con dictamen y registro del acuerdo.

b) Validación del plan de estudios por el Secretariado Ejecutivo, conforme al Programa Rector de Profesionalización.

c) Comunicación formal al Gabinete de Seguridad, y a Defensa cuando haya materias de armas o inteligencia, con padrón de instructores extranjeros.

d) Cláusulas expresas: mando y evaluación mexicanos, ningún agente extranjero con funciones operativas y prohibición de usar a los alumnos como fuente de información.

e) Transparencia: convenio público, origen del financiamiento y auditoría anual. Nada de esto estorba la cooperación. Solo impide que se negocie en lo oscuro.

La foto y el expediente

Querétaro puede tener su academia. La Federación puede exigir coordinación.

Lo que ninguno puede permitirse: discutir soberanía por mañanera y no por expediente.

Si la cooperación con Estados Unidos es necesaria, que sea legal, visible y mexicana, y que se exija igual a gobiernos de todos los colores.

Y si no lo es, que alguien explique por qué un país que lleva veinte años capacitando policías sigue necesitando una fotografía para saber quién manda en su seguridad.

*Alberto Guerrero Baena es consultor especializado en Política de Seguridad, Policía y Movimientos Sociales, además de titular de la Escuela de Seguridad Pública y Política Criminal del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos, así como exfuncionario de Seguridad Municipal y Estatal. Puedes escucharlo con su análisis en Políticas de Seguridad los martes a las 5:25 hrs y los miércoles a las 18:20 hrs en MVS Noticias, en el 102.5 FM de la Ciudad de México. Escríbele a albertobaenamx@gmail.com y síguelo en redes sociales como @guerrerobaenamx

Nota editorial: Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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