El principal problema de la reforma de doble nacionalidad es que, en los hechos, creó diferentes categorías de mexicanos. Aunque en el papel solo serían dos: por nacimiento y por naturalización; en realidad son tres, considerando a los mexicanos por nacimiento con doble nacionalidad.
Esto es porque cada una de las tres categorías tienen distintos niveles de derechos, empezando por los de nacimiento con los mayores derechos; luego los de nacimiento con doble nacionalidad; y finalmente los naturalizados.
Uno de los diferenciales más importantes es justamente el de cargo de elección popular (como la Presidencia y las Gubernaturas), que son para mexicanos por nacimiento, que no tengan doble nacionalidad.
En la Ley de Nacionalidad, se define el certificado de nacionalidad como el documento que demuestra la calidad de mexicano por nacimiento. Y establece que, para obtener dicho certificado, es obligatorio renunciar a cualquier otra nacionalidad.
Asimismo, esta calidad de mexicano por nacimiento sin doble nacionalidad aplicar para los cargos de Secretarios de Estado (gabinete presidencial), a cargos del Poder Judicial, a cargos de órganos autónomos, a Rector de la UNAM, entre otros.
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Resulta irónico que, a pesar de este requisito expreso y den ultranacionalismo de la Presidenta, haya sido justo la 4T la que reformó el marco legal para poder que AMLO pudiera nombrar a Taibo en la titularidad del Fondo de Cultura Económica, ratificado el cargo y el entuerto por Sheinbaum.
Si el interés de la Presidenta y de la 4T fueran genuinos, empezarían por revertir este caso del FCE que tanta polémica causó en 2018. Pero la congruencia no es la principal característica de la 4T, y menos en los temas polémicos, en donde su visión y posturas patrioteras son por conveniencia más que por convicción.
Es infinita la capacidad de la 4T de perder el tiempo en temas que no son tema, habiendo tantos problemas urgentes y delicados en la agenda nacional. Y la capacidad de oposición y críticos de rasgarse las vestiduras por temas que ellos mismos pudieron resolver cuando tuvieron el poder.
Si el tema de nacionalidad se quisiera abordar de fondo, habría que empezar por arreglar las incongruencias del marco que impiden garantizar de manera efectiva los derechos de todos los mexicanos, y asegurar un país sin discriminación, en este caso por origen étnico o nacional
Este distractor debería llevarnos a entender que vivimos en un mundo global, donde no cabe un patrioterismo trasnochado. Más cuando estamos en constante competencia con el mundo por atraer inversiones, desarrollo, crecimiento y prosperidad para México.
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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.