Washington no necesita orden judicial para presionar: le basta mantener vigente la acusación de Nueva York y dosificar declaraciones que erosionan el margen de acción y maniobra de Claudia Sheinbaum.
La hipótesis de la negociación: lo que no está confirmado, pero tampoco puede ignorarse
Aquí conviene el rigor: no hay documento oficial que confirme una negociación entre Rocha Moya y el gobierno estadounidense.
Lo que sí es verificable es la secuencia de movimientos entre implicados: Gerardo Mérida Sánchez, exsecretario de Seguridad de Rocha, salió de custodia del Buró Federal de Prisiones días antes del regreso del gobernador; Joaquín Guzmán López obtuvo prórroga judicial para negociar su sentencia; y Corrales fue detenido 48 horas después.
Que estos movimientos coincidieran con el regreso de Rocha no prueba una negociación paralela —es, hasta ahora, hipótesis analítica—, pero la coincidencia exige que se investigue, no que se descarte.
Harfuch y Cole: cooperación visible en Buenos Aires, incógnita en Culiacán
Entre el 18 y el 20 de agosto, el director de la DEA, Terry Cole, calificó a García Harfuch de "socio de confianza" en la Conferencia Internacional para el Control de Drogas, en Buenos Aires.
El elogio llegó días antes de la detención de Corrales y del fallido regreso de Rocha.
No hay evidencia de que ese encuentro abordara el caso Rocha Moya; suponerlo sería inferencia, no hecho.
Pero la cercanía entre Cole y Harfuch, sostenida desde marzo, plantea la pregunta de si la cooperación bilateral incluye, extraoficialmente, coordinación sobre el destino del gobernador con licencia.
El expediente Corrales y la gobernanza criminal que persiste
La detención de Corrales el 19 de agosto es el primer avance procesal en dos años.
Testimonios periodísticos —no verificados judicialmente— lo ubican como rehén vigilado por Los Chapitos, no cómplice voluntario. Si esa versión avanza, el relato inicial de la Fiscalía de Sinaloa se derrumba.
Detrás persiste la estructura real: una gobernadora interina sin control efectivo, cuadros del rochismo operando durante la licencia, y una fiscalía estatal bajo sospecha razonable.
Esa es la gobernanza criminal: no que el crimen gobierne directamente, sino que la alternancia formal del Ejecutivo resulte irrelevante frente al poder que realmente decide.
Qué exige el momento
Sinaloa y la relación bilateral necesitan más que presión en redes.
Se requiere que la Auditoría Superior del Estado revise el gasto de los 112 días de licencia; que el SNSP audite externamente a la Fiscalía estatal y las fuerzas de seguridad estatales y municipales; que el Congreso local exija comparecencias públicas sobre la gobernanza real durante la ausencia del titular; y que México exija a Washington documentar, con pruebas y no con publicaciones en X, cualquier negociación en curso con implicados.
Lo que no puede seguir ocurriendo es que el destino de Sinaloa se decida entre tuits de un exdirector de la DEA, la conveniencia electoral de un partido y los silencios convenientes de un gobierno federal maniatado por los sectores duros de Morena.
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*Alberto Guerrero Baena es consultor especializado en Política de Seguridad, Policía y Movimientos Sociales, además de titular de la Escuela de Seguridad Pública y Política Criminal del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos, así como exfuncionario de Seguridad Municipal y Estatal. Puedes escucharlo con su análisis en Políticas de Seguridad los martes a las 5:25 hrs y los miércoles a las 18:20 hrs en MVS Noticias, en el 102.5 FM de la Ciudad de México. Escríbele a albertobaenamx@gmail.com y síguelo en redes sociales como @guerrerobaenamx
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