Y aquí aparece la paradoja.
El Gobierno dispone diariamente de la Mañanera y semanalmente de un programa llamado Derecho de Réplica. Tiene redes sociales, medios públicos, vocerías y toda la infraestructura comunicacional del Estado. Al mismo tiempo, el Estado discute nuevos lineamientos para regular la protección de las audiencias de radio y televisión.
Proteger los derechos de las audiencias es necesario. También lo es garantizar el derecho de réplica. El problema aparece cuando confundimos esas legítimas finalidades con la posibilidad de que el Estado determine qué información es verdadera, falsa, suficientemente contextualizada o plural.
Porque el Gobierno no es un participante cualquiera en el debate público. Puede hablar, contestar, desmentir y presentar sus propios datos. Los funcionarios pueden ejercer los derechos que les reconoce la ley. Pero el Estado posee algo que ningún periodista o ciudadano tiene: el poder de regular y sancionar.
Por eso resulta pertinente invertir la pregunta.
Si el Gobierno reivindica su derecho a replicar a los medios, ¿quién puede replicarle al Gobierno?
La oposición ha propuesto extender expresamente el derecho de réplica a afirmaciones falsas o inexactas difundidas en la Mañanera. La propuesta revela una cuestión de fondo: el origen oficial de una información no garantiza su veracidad.
La función de la réplica debe ser enriquecer la información disponible para la sociedad, no establecer una verdad oficial.
El Gobierno tiene derecho a hablar. Los funcionarios pueden tener derecho de réplica. Los medios tienen libertad de expresión y las audiencias tienen derecho a recibir información plural.
Pero el Estado, además, tiene el poder de regular.
Y precisamente por eso sus límites deben ser mayores, no menores.
____
*Carlos Enrique Odriozola Mariscal es abogado y activista en la defensa de los derechos humanos. Presidente del Centro Contra la Discriminación. Redes sociales @ceodriozolam.
Nota editorial: Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.