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Todos somos Ruffo

El caso de Ruffo es una mala obra de teatro. Un ataque frontal contra una figura del sector opositor, justo cuando hay enormes grupos de personas ligadas a Morena con acusaciones de corrupción.
Ernesto Ruffo
Recordemos que Morena dice gobernar para el pueblo, pero son los autores de la expansión del catálogo de delitos sujetos a prisión preventiva oficiosa, garantizando que se prive de la libertad a personas sin haber sido condenadas, apunta Juan Francisco Torres Landa. (Cuartoscuro/Omar Martínez Noyola)

Estamos ante escenas dantescas. Nos encontramos en un país con un gobierno de contrastes absurdos y ofensivos. El ataque a los enemigos del régimen es la norma. Mientras tanto, la delincuencia organizada y los integrantes de Morena (que se mimetizan en muchos casos) tienen patente de corso. Esta forma de actuar es propia de un régimen autoritario de cajón. Un gobierno que demuestra en tiempo real su esencia como un grupo que se configura como enemigo de libertades e instituciones.

Vemos cómo el gobierno no se respeta a sí mismo. Los ejemplos abundan. En el caso del Mundial de Futbol, la Presidenta explica con santo y seña que no se atreve a ir a la inauguración porque implica convivir “con los de arriba” y son gastos excesivos, pero después decide acudir a la clausura. Parece nimio, pero la incongruencia es evidente. No se creen sus propios razonamientos. Ante situaciones idénticas actúan de forma totalmente distinta.

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En los últimos días hemos visto un caso realmente ofensivo por todo lo que involucra. De forma inverosímil se ha encarcelado al exgobernador Ernesto Ruffo. El proceso penal se ha hecho con base en acusaciones estrafalarias y artificiales sobre su supuesta participación en un esquema de defraudación fiscal en importación de combustibles. Lo increíble no es solo que las imputaciones estén fabricadas en su caso, sino que en otros casos no se ha hecho absolutamente nada. Hay investigaciones contra altos mandos de Morena que provienen desde 2020 y ahí no hay sino impunidad total. En México no se pone alto a los criminales. Los de Morena son autores de corrupción rampante, pero saben que no tienen nada de qué preocuparse puesto que las fiscalías brillan por su ausencia. Impunidad garantizada.

No olvidemos que el huachicol fiscal es un negocio que requiere un ecosistema. Para funcionar necesita el consentimiento de muchas autoridades federales: Aduanas, SAT, Sedena, Semar, Guardia Nacional, Pemex, Sener, etc. La única forma en que opere es si se permite apagar todas las alarmas desde que se adquieren los combustibles en EU hasta que son introducidos, distribuidos y vendidos en territorio nacional. Ningún particular puede realizar esa operación sin que las autoridades sean instruidas para facilitarla. Eso solo es factible si el visto bueno proviene de la Presidencia de la República. Morena no solo no combatió ese negocio: lo multiplicó y profesionalizó de la mano de la delincuencia organizada en amplios territorios del norte y centro de México. El esquema ya implica un desfalco de al menos 750,000 millones de pesos, conforme a diversos estudios, uno de ellos a cargo de Francisco Barnés de Castro. Y lo peor: sigue vigente. Morena sigue robando al erario público.

Por ello llama la atención lo que hoy sucede. El caso de Ruffo es una mala obra de teatro. Un ataque frontal contra una figura del sector opositor, justo cuando hay enormes grupos de personas ligadas a Morena con acusaciones de corrupción y asociación delictuosa. Destacan los casos de los gobernadores de Baja California, Tamaulipas, Sinaloa, Sonora y Michoacán. El de Baja California es particularmente relevante por el escándalo de las conversaciones telefónicas en que la gobernadora se ofrece a espiar para las autoridades de EU a cambio de impunidad, recuperar su visa y no ser investigada en aquel país. En este contexto, la autoridad ministerial decide actuar, pero no contra quienes tienen manifiestas irregularidades, sino contra un chivo expiatorio: alguien cuya única responsabilidad es ser socio minoritario de Ingemar, una comercializadora de combustibles que no se encarga directamente de la importación.

Las irregularidades en el proceso son evidentes. La carpeta de investigación de la FGR no abarcaba a Ruffo sino hasta hace unas semanas. Lo incorporaron porque les urgía distraer la atención de la camada de morenistas con escándalos mediáticos. No contentos con adulterar la investigación, se toparon con un juez de carrera que negó la orden de aprehensión. Entonces la FGR cambió la acusación y recurrió a una juez del acordeón para obtener la captura. Toda la energía de la procuración de justicia federal para atacar a un contrincante político inerte. No importa que el caso no tenga solvencia; lo importante es golpear a los adversarios con el uso faccioso de las instituciones. Prueba evidente del daño cuando las estructuras de gobierno pierden autonomía e independencia. Para eso querían destruir al poder judicial y los órganos constitucionales autónomos: para que sirvieran a sus propósitos y no a los de la nación. Lo que nos preocupaba hoy es una realidad.

Otro dato alarmante: la presidenta dijo que Ruffo tenía que acreditar su inocencia. Pequeño detalle: a la titular del Ejecutivo se le olvidó la presunción de inocencia, columna vertebral de toda causa penal. Corresponde a la autoridad acreditar la responsabilidad, no al imputado demostrar su inocencia. Los imputados son inocentes hasta que se les pruebe lo contrario, no al revés como pretende la Presidenta.

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Preocupa cómo la incongruencia del gobierno es manifiesta una vez más. Cuando se solicita la extradición de personas desde EU, la respuesta de la presidenta y los voceros de Morena es que no se puede actuar porque faltan pruebas (aunque ya haya testigos protegidos aportando evidencia). Pero en el caso de Ruffo dicen al unísono que la responsabilidad es evidente y que es culpable de todo lo que se le acusa. Mismas situaciones, criterios opuestos. La constante: a los de Morena se les protege; a los de la oposición se les ataca con todo el peso institucional.

Insistimos: no sabemos nada de investigaciones formales contra los gobernadores de Sinaloa, BC, Tamaulipas, Sonora y Michoacán. El rasero es totalmente desproporcional. Las cortinas de humo son lo relevante. Le aplican la guillotina a un ciudadano cuyo real defecto es ser parte de la oposición y haber sido gobernador del mismo estado donde la gobernadora negocia para evitar ser procesada en EU, porque la visa ya la perdió. El de Sinaloa, aún con licencia, tiene una causa abierta junto con otros 9, de los cuales 2 ya están en EU o en proceso de estarlo. Pero esa persona goza de protección oficial y ni siquiera se preocupa por su libertad (se le ha visto bailando en Badiraguato). Hay cargos por complicidad criminal, cohecho, abuso de funciones, homicidio, pero está campante en su impunidad. No parece tener temor alguno.

Hay que abrir los ojos. La pérdida de la libertad de Ruffo es un abuso. La defensa de los indiciados de Morena es un escándalo. Recurren a la máxima porfiriana: a los enemigos justicia pura, a los amigos justicia y gracia. ¿Quién lo iba a decir? Un gobierno que se dice de izquierda actúa como una vil dictadura sin apego a la ley ni a las libertades. Autoritarios y populistas. Un grupo de advenedizos que llegaron a robar a manos llenas y están dispuestos a erosionar todo a su paso con tal de abultarse los bolsillos.

Insistamos en la incongruencia: piden pruebas para los extraditables, pero dicen que no son relevantes para acusar a los opositores. El país al revés. La justicia a contentillo. Y sin un poder judicial autónomo e independiente. Lo que no podemos perder de vista es que todos somos Ruffo. Las arbitrariedades nos vulneran a todos por el simple hecho de ser disidentes. Algo anda muy mal. Por eso exigimos atención especial a este caso y que Ruffo recupere su libertad. Recordemos que Morena dice gobernar para el pueblo, pero son los autores de la expansión del catálogo de delitos sujetos a prisión preventiva oficiosa, garantizando que se prive de la libertad a personas sin haber sido condenadas.

Debemos ser intolerantes ante estas cargas de injusticia. No hacerlo nos hace parte del problema. Defendamos la inocencia y libertad de Ernesto Ruffo como si fuera la propia. La vulneración de sus derechos se repetirá en otros casos por el simple hecho de no simpatizar con el régimen. Ya mostraron el cobre. Han cruzado la línea del descaro. Si no actuamos ahora, habremos aceptado que se puede encarcelar a cualquier persona por ser parte de la oposición o simplemente tener opiniones distintas. Tenemos que parar esta erosión de derechos humanos esenciales. Por ello decimos y sostenemos: #TodosSomosRuffo

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P.D.1 El ataque a Natalia Torres por parte de la presidenta es otra forma cobarde de vejar a quien piensa diferente. No es un incidente menor: es uso faccioso de las instituciones. Morena no conoce sino el abuso del poder. Los casos de Ruffo y Natalia apuntan en la misma dirección.

P.D.2 La guerra en Irán se salió de control. EU no encuentra la salida a un problema en que se metió gratuitamente. Se les olvidó Vietnam, Irak y Afganistán. Ahora cambiaron las reglas del transporte marítimo en el estrecho de Ormuz, con consecuencias permanentes para el 20% del crudo mundial. Grave error y legado de esta situación.

P.D.3 La decisión del dictador Ortega de cancelar indefinidamente las elecciones en Nicaragua es la confesión absoluta de un régimen que no respeta las mínimas formas de convivencia democrática. Aun en regímenes totalitarios como Cuba se simulaban las elecciones. En Nicaragua a la oposición se le ha privado de toda existencia y reconocimiento.

P.D.4 En EU siguen los operativos del ICE que, con base en criterios raciales, emboscan y hostigan a paisanos. Ya hay varios muertos producto de la confusión y violencia en las redadas. El racismo en su máxima expresión, aun en contra de quienes están legales o son nacionales de ese país. Cuando siembras odio cosechas estos excesos y lesiones permanentes.

P.D.5 En las sesiones de la Suprema Corte se siguen viendo enormes problemas: interpretaciones laxas, argumentos ideológicos y creciente animadversión entre los ministros en funciones. Los supuestos beneficios de la elección popular de ministros, magistrados y jueces brillan por su ausencia. A un año, ya hay evidencia de la carencia de resultados y la enorme cantidad de problemas acumulados. No vamos a nada bueno. Y no hay solución en puerta mientras Morena controle las válvulas legislativas para posibles enmiendas.

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Notas del editor: Juan Francisco Torres Landa es miembro del Consejo Directivo de UNE México y de la red de Unid@s. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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