El inventario del blindaje tecnológico
Las cifras documentadas son notables y conviene repetirlas sin adorno.
El Plan Kukulkán movilizó 99,000 elementos apoyados por más de 2,000 vehículos militares, 33 drones y 145 aeronaves de vigilancia, además de reconocimiento facial y detección química, biológica, radiológica y nuclear en las tres sedes mexicanas.
El C5 de la Ciudad de México superó los 113,000 dispositivos de videovigilancia, cifra reconocida, según la cobertura disponible, en reuniones con representantes de la FIFA.
El Estado de México, sin ser sede de un solo partido, desplegó 25,000 cámaras con inteligencia artificial, 100 arcos carreteros con lectura de placas y un nuevo centro de comando con asistentes robóticos.
A escala del torneo completo, en los tres países, la inversión combinada en seguridad y tecnología superó los 1,300 millones de dólares, con gemelos digitales de los 16 estadios capaces de monitorear densidad de público en tiempo real.
Toda esta cifra proviene de cobertura periodística y debe contrastarse contra fuente presupuestal oficial antes de tomarse como dato definitivo.
La falla estructural, sin eufemismos
Ese último dato —el gemelo digital capaz de anticipar cuellos de botella— es exactamente la herramienta que hubiera podido prevenir, o al menos mitigar, lo ocurrido en el Ángel de la Independencia.
Existía, a escala de sistema, para los estadios.
No tengo evidencia de que se haya aplicado esa noche al corredor Reforma-Ángel.
Si esa capacidad estaba disponible y no se activó en un espacio no perimetrado, estamos ante una negligencia de despliegue operativo.
Si nunca estuvo diseñada para cubrir espacio público abierto, el problema es todavía más grave: se construyó, con dinero público considerable, un sistema de vigilancia soberbio para proteger lo que ya estaba controlado, y se dejó sin cobertura equivalente exactamente lo que resultó más peligroso.
Ninguna de las dos explicaciones exime de responsabilidad a quien diseñó el operativo integral, y ambas apuntan al mismo diagnóstico: se privilegió la fotografía del despliegue sobre la eficacia real del despliegue.