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El Mayo, el museo y la mañanera

Un avión jubilado que sigue volando en discursos.
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En la conferencia de la presidenta Claudia Sheinbaum se presentaron detalles sobre la detención de Ismael "El Mayo" Zambada. (Foto: Presidencia de México.)

El avión que llegó tarde a la mañanera

Hay una regla no escrita en el manejo de crisis de comunicación gubernamental: cuando no puedes controlar el hecho, controlas el momento en que lo reconoces. Eso es exactamente lo que observamos esta semana.

El reportaje que expone la participación del FBI en la captura de Ismael "El Mayo" Zambada no es información nueva en su esencia —la fotografía, el avión, la ruta— sino en su confirmación documental. Lo que sí es nuevo es la ventana en la que el gobierno mexicano decidió administrar su respuesta: un fin de semana en el que la atención nacional estaba, con toda razón, puesta en la Selección Mexicana y su eliminación mundialista.

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No hago una acusación de conspiración; hago una observación de timing político que cualquier analista de comunicación de crisis reconocería.

Dos años de silencio, 72 horas de indignación

El expediente lleva veinticuatro meses abierto. Ken Salazar negó públicamente, en agosto de 2024, cualquier participación estadounidense en el operativo. El gobierno de López Obrador solicitó una aclaración que nunca llegó de forma satisfactoria.

Y durante todo ese tiempo —el cierre del sexenio anterior, la transición, los primeros diez meses de la actual administración— el tema permaneció, en los hechos, congelado.

La indignación presidencial de esta semana, legítima en su contenido, resulta selectiva en su cronología: se activa no cuando el gobierno mexicano descubre la contradicción por investigación propia, sino cuando un periodista la documenta y la vuelve inevitable.

Gobernar reactivamente ante el trabajo de la prensa no es lo mismo que ejercer soberanía; es, en el mejor de los casos, administrar el daño de haberla ejercido tarde.

Soberanía como refugio retórico

Nadie con seriedad institucional debería descartar el reclamo mexicano de fondo: si una agencia extranjera coordinó una operación de facto en territorio nacional sin notificación, y además mintió al respecto a través de su embajador, eso merece una respuesta firme.

Pero la soberanía, invocada con la intensidad de esta semana, funciona también como el argumento perfecto para desviar la conversación de la pregunta incómoda: ¿por qué Zambada estaba operando con total libertad en Sinaloa hasta el día en que fue subido, engañado, a un avión con localizador apagado?

La soberanía que hoy se defiende con vehemencia es la misma que, durante años, no se ejerció para desmantelar al Cártel de Sinaloa desde adentro.

El maxiproceso que no se menciona en la mañanera

Mientras la conferencia presidencial dedica horas a la cronología del FBI, el otro expediente —el de las acusaciones formales del Departamento de Justicia contra un gobernador en funciones y nueve colaboradores por presunta colaboración con el narcotráfico— avanza con menor ruido oficial.

No es casualidad que el discurso de la soberanía violada resulte más cómodo de sostener ante la opinión pública que el discurso de la clase política propia bajo escrutinio penal extranjero.

Uno convoca unidad nacional frente a un agresor externo; el otro exige rendición de cuentas hacia adentro.

Es más fácil, políticamente, ser víctima de Washington que ser responsable de Culiacán.

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La ventana que se cierra

El cálculo de administrar esta narrativa durante un fin de semana futbolero tiene una vida útil corta.

La prensa especializada, la oposición legislativa y —de manera creciente— los propios fiscales estadounidenses seguirán generando información que el gobierno mexicano no controla.

Ganar 72 horas de silencio mediático no resuelve la pregunta estructural: si México quiere que se le trate como socio soberano e igual, tendrá que demostrar capacidad y voluntad propias para judicializar a su clase política señalada, en lugar de esperar a que lo haga, con sus tiempos y sus intereses, un fiscal de Manhattan.

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Nota del editor: Alberto Guerrero Baena es consultor especializado en Política de Seguridad, Policía y Movimientos Sociales, además de titular de la Escuela de Seguridad Pública y Política Criminal del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos, así como exfuncionario de Seguridad Municipal y Estatal. Puedes escucharlo con su análisis en Políticas de Seguridad los martes a las 5: 25 hrs y los miércoles a las 18:20 hrs en MVS Noticias, en el 102.5 FM de la Ciudad de México. Escríbele a albertobaenamx@gmail.com y síguelo en redes sociales como @guerrerobaenamx Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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