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Reflexiones sobre la elección judicial, el libro para leer antes de la próxima reforma judicial

El cambio que se prevé ocurra apenas un año después de la primera elección judicial, reconoce entre lineas que el proceso de 2025 dejó muchas preguntas abiertas y errores que deben corregirse.
mar 19 mayo 2026 06:00 AM
La justicia que sí se entiende
Cambiar la fecha de la elección judicial es necesario, pero aprender de lo que ocurrió, también, apunta José Manuel Urquijo. (Foto: iStock)

Esta semana el Congreso de la Unión se prepara para aprobar en fast track una reforma constitucional que pospondría la segunda elección judicial prevista para el próximo año junto con la elección intermedia, a 2028. El INE lo pidió, considerando que implicaría saturación de sus sistemas, complejidades logísticas y tecnológicas y un impacto directo en la calidad de los comicios. Los legisladores de todos los partidos parecen de acuerdo, y la presidenta Sheinbaum estaría enviando la iniciativa en los próximos días. La prisa obedece a que el plazo constitucional vence el 3 de junio, ya que después de esa fecha, ya no habría margen de maniobra y se juntarían las elecciones a gobernador en 17 estados, la renovación de la Cámara de Diputados y cientos de alcaldías.

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Este cambio que se prevé ocurra apenas un año después de la primera elección judicial, reconoce entre lineas que el proceso de 2025 dejó muchas preguntas abiertas y errores que deben corregirse antes de volver a las urnas para elegir personas juzgadoras.

Recientemente se presentó el libro Reflexiones sobre la elección judicial 2025 en México, compilado por Benjamín Hill, Carolina Muñoz y Xiuh Tenorio, y publicado por el Centro de Capacitación para el Nuevo Poder Judicial. Escribí un capítulo desde la experiencia vivida al coordinar la estrategia de una campaña para Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, con la ventaja y el sesgo que eso implica, porque viví el proceso y me enfrenté a las reglas y limitaciones que se impusieron para las campañas judiciales.

Lo que me tocó documentar fue el laberinto comunicacional de un proceso sin precedentes. Las reglas del INE prohibieron espectaculares, limitaron la propaganda impresa, vetaron la pauta en redes sociales y acotaron las entrevistas de carácter promocional. Más de 3,000 candidaturas compitiendo con presupuestos personales, sin un peso de financiamiento público, en un proceso que la mayoría de la ciudadanía apenas comprendía cuando arrancó. La candidatura con la que trabajé obtuvo casi 420,000 votos dentro de esas reglas, sin estructura, sin apoyo partidista ni gubernamental, sin pauta y sin violar las reglas. Pero eso no cambia la conclusión principal: las condiciones como fueron diseñadas asfixiaron a la mayoría de candidatos.

Lo que descubrimos en esa campaña es que el ecosistema digital era prácticamente la única arena disponible para entregar el mensaje a los votantes. Y ahí nos encontramos de todo: mucha creatividad que aflora cuando los recursos son mínimos, la viralidad a la que muchos apostaron por encima del mensaje, pero también la manipulación algorítmica y la desinformación organizada. Las reglas pensadas para garantizar equidad terminaron profundizando las desigualdades entre los candidatos y quien ya tenía comunidad digital o vínculos con estructuras gremiales arrancó con una ventaja estratégica que en 60 días era imposible equilibrar con una campaña. Quienes llegaron desde el anonimato dependieron casi exclusivamente de su ingenio, y en medio de esos dos extremos, la mayoría de las candidaturas sencillamente pasó desapercibida.

En la presentación del libro, la ministra Yasmín Esquivel, electa en el proceso electoral judicial y de las más cuestionadas en campaña, planteó separar la elección judicial de los comicios constitucionales, sustituir la tómbola por un examen nacional para aspirantes, flexibilizar las reglas de campaña y ampliar los tiempos de difusión institucional. Son ajustes que van en la misma dirección que varios de los análisis del libro, y que ahora, con la reforma acelerada en el Congreso, se vuelven urgentes: aplazar la fecha resuelve el problema logístico, pero no corrige los problemas de fondo.

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Me da orgullo genuino haber formado parte de este proyecto junto a voces que admiro y respeto, como la maestra Gisela Rubach, Benjamín Hill, Roberto Morris, Carolina Muñoz, Francisco Parra, César Castillejo, Karla Olmos, Amanda Pérez, Roberto Trad y Xiuh Tenorio. Todos ellos aportan, cada uno desde su experiencia, una pieza distinta de un rompecabezas complejo. El libro ofrece 11 miradas con una crítica constructiva al primer proceso, y que juntas, construyen un diagnóstico más honesto que cualquier experiencia individual.

Como coautor del libro y como apasionado de los procesos electorales y los asuntos públicos lo recomiendo abiertamente. Está disponible en Amazon [ https://www.amazon.com.mx/dp/B0GY9XLNCB] y vale la pena tenerlo a la mano. Quienes diseñan política pública, quienes operarán la elección judicial de 2028, quienes aspiran a participar en ella y quienes simplemente quieren entender qué salió mal en 2025, encontrarán aquí muchas perspectivas útiles.

Cambiar la fecha de la elección judicial es necesario, pero aprender de lo que ocurrió, también.

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Nota del editor: José Manuel Urquijo es maestro en Comunicación Política y Gobernanza Estratégica por la George Washington University. Fundó la agencia Sentido Común Latinoamérica y es consultor y estratega político con experiencia en campañas políticas en México y Latinoamérica. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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