El escalafonario roto y el mérito invisibilizado
El sistema escalafonario en las fuerzas armadas mexicanas lleva décadas con fracturas que ninguna administración ha tenido la voluntad política de reparar. Para los rangos bajos —que constituyen la masa operativa real del aparato de seguridad del Estado—, la movilidad ascendente es lenta, discrecional y frecuentemente ajena al mérito en campo.
Un elemento que ha participado en decenas de operativos de alto riesgo puede permanecer años en el mismo rango, con el mismo sueldo raquítico, sin homologación salarial real frente a la inflación, sin reconocimiento institucional de sus acciones.
Y ahí está el agravio que más duele, porque es el más visible y el más obsceno: el crédito político de las operaciones exitosas no va a quien las ejecuta.
Va a Omar García Harfuch, titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, quien con aplomo comunicacional se apropia de los resultados operativos que construyeron, con sus cuerpos y su sangre, los elementos castrenses.
El soldado corre el riesgo; el funcionario cosecha los reflectores.
Esa ecuación es moralmente insostenible y políticamente corrosiva.
Políticas públicas urgentes, no buenas intenciones
El diagnóstico exige respuesta concreta.
Primero: una revisión inmediata y transparente del presupuesto operativo de tropa, con partidas etiquetadas para alimentación, equipamiento y mantenimiento de instalaciones, sujetas a contraloría social y auditoría externa.
Segundo: una reforma escalafonaria que vincule los ascensos al desempeño verificable en campo, con criterios objetivos, plazos definidos y supervisión civil.
Tercero: la creación de un sistema de reconocimiento institucional formal —no simbólico— que acredite públicamente las acciones de los elementos que operan en terreno.
Cuarto: la homologación salarial real de los rangos bajos, con un incremento progresivo que corrija años de rezago frente al costo de vida.
Quinto: un protocolo de salud mental y bienestar integral para personal en zonas de alta conflictividad, hoy prácticamente inexistente.