La confianza militar no es política de seguridad
El gobierno exhibe con orgullo otro indicador: la Secretaría de Marina alcanzó 87.3% de percepción positiva de desempeño; el Ejército, 85.5; la Guardia Nacional, 77.0.
La lectura oficial es que la ciudadanía confía en sus fuerzas de seguridad. La lectura técnica es otra.
Esa confianza se concentra en las instituciones castrenses porque son las únicas que han tenido visibilidad operativa.
Son los referentes de los operativos mediáticamente espectaculares que el gobierno ha utilizado para construir imagen de firmeza.
Pero los operativos del Ejército no sustituyen a la policía municipal, que apenas alcanza 50.8% de percepción positiva, ni a la policía estatal, que llega a 56.1.
La brecha entre ambas cifras es la fotografía más precisa del abandono estructural en que se encuentran las corporaciones de seguridad del orden local. Son ellas quienes responden a los robos en la calle, a los asaltos en el transporte público —donde 64.1% se siente inseguro—, a las bandas violentas que el 24.2% de los encuestados atestigua cerca de su hogar.
El Ejército no patrulla las colonias a las tres de la madrugada. La policía municipal sí, cuando existe, cuando está capacitada, cuando está pagada dignamente. Y en México, eso es la excepción.
Lo que el gobierno federal no financia, la inseguridad lo cobra
Existe un fenómeno que la encuesta no puede capturar directamente, pero que cualquier operador de seguridad pública conoce: la correlación entre abandono federal y deterioro local de la seguridad.
Las entidades con gobiernos de distinta filiación partidista al partido en el poder han documentado reducciones en transferencias y apoyos para fortalecimiento policial.
La política de seguridad, que debería ser política de Estado, se ha convertido en instrumento de disciplinamiento político.
El resultado está en los números: ciudades que no reciben apoyo federal estructural ven dispararse sus índices de inseguridad mientras el gobierno central festeja el promedio nacional.