Estos no son porcentajes de desconfianza difusa. Son probabilidades asignadas a conductas concretas, cotidianas y sistémicas.
Cuando casi nueve de cada diez ciudadanos esperan que el funcionario se corrompido, la corrupción ha dejado de ser una patología del sistema y se ha convertido en su lógica operativa.
En el ámbito de la seguridad y la justicia esto es devastador: significa que el ministerio público, el juez, el agente de calle, el mando policial, son percibidos no como servidores del Estado de derecho sino como actores de un sistema de extracción.
No hay procuración de justicia posible en ese entorno. Solo administración de la impunidad.
Lo que hay que hacer: políticas, no discursos
La solución no es comunicacional. México lleva décadas comunicando seguridad y produciendo inseguridad.
Lo que se necesita es política pública con evidencia, presupuesto y evaluación. Tres líneas son urgentes e inaplazables.
Primera: digitalización obligatoria y radical de todos los trámites de contacto ciudadano-policía-ministerio público. Donde no hay discrecionalidad, no hay extorsión posible. El acceso a denuncias, carpetas de investigación y seguimiento de casos debe ser en línea, trazable y auditado. No como promesa: como condición de operación.
Segunda: un sistema nacional de evaluación de confianza institucional a nivel municipal, vinculado a la asignación de recursos del Subsidio para la Seguridad Pública Municipal y de los Centros de Evaluación y Control de Confianza. Los municipios con menor confianza ciudadana verificada no deben recibir más recursos sin un plan de intervención estructurado, supervisado y con metas medibles. La ENCOAP ya provee la metodología; falta la voluntad política de usarla con consecuencias reales.
Tercera: formación policial con estándar nacional mínimo no negociable. Hoy coexisten corporaciones municipales con seis semanas de formación y policías federales con dos años de academia. Esa disparidad es la raíz del diferencial de confianza que la encuesta documenta. Un piso nacional de formación, con currículo certificado, evaluación periódica y carrera policial con horizonte profesional real, es la única manera de construir confianza en el largo plazo.