Traducción política sin eufemismos: el peso institucional del hecho fue transferido al gobierno estatal.
El discurso soberanista se quedó cómodamente instalado en Palacio Nacional; la factura, con todos sus costos políticos y sus riesgos operativos, se paga en Chihuahua.
La geometría del silencio conveniente
Lo que este episodio expone con una crudeza que ningún comunicado puede maquillar es la geometría exacta del silencio conveniente que sostiene la relación México-Estados Unidos en materia de seguridad e inteligencia.
Ambos gobiernos necesitan la ambigüedad. Washington necesita operar con libertad táctica en territorio mexicano donde los cárteles tienen presencia que impacta directamente su seguridad interior.
Ciudad de México necesita mantener un discurso soberanista que alimente su legitimidad política interna sin provocar una ruptura con su socio comercial, de seguridad y geopolítico más importante.
El resultado de ese pacto no escrito es siempre el mismo: cuando la operación sale bien, nadie habla.
Cuando sale mal —cuando hay muertos, cuando hay cámaras, cuando hay un embajador que no puede contener el reflejo doctrinal de décadas— entonces comienza la danza de los comunicados tardíos, las comisiones estatales y las declaraciones dispersas de una presidenta que todavía no encontraba el tono correcto mientras la narrativa ya se le había escapado de las manos.
La soberanía no se declama, se ejerce
México puede emitir todos los comunicados que quiera afirmando que nadie operó con permiso en su territorio.
Pero mientras 73 soldados sigan sin explicar oficialmente qué vieron, mientras el embajador estadounidense siga sin ser convocado formalmente a dar explicaciones ante la SRE, y mientras la respuesta institucional de mayor peso sea una comisión investigadora estatal en Chihuahua, esos comunicados serán exactamente lo que parecen: control de daños para el consumo interno, no ejercicio real de soberanía frente a una potencia que lleva décadas operando en territorio mexicano con la certeza de que la incomodidad diplomática siempre será administrada, nunca realmente confrontada.
La soberanía no se declama en un boletín de prensa del sábado.
Se demuestra en lo que un gobierno es capaz de exigir, de investigar y de sostener políticamente cuando el costo de hacerlo es real.
Por ahora, México sigue demostrando que prefiere administrar la incomodidad a enfrentar la verdad.
Y la CIA, como siempre, lo sabe perfectamente.
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Nota del editor: Alberto Guerrero Baena es consultor especializado en Política de Seguridad, Policía y Movimientos Sociales, además de titular de la Escuela de Seguridad Pública y Política Criminal del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos, así como exfuncionario de Seguridad Municipal y Estatal. Puedes escucharlo con su análisis en Políticas de Seguridad los martes a las 5: 25 hrs y los miércoles a las 18:20 hrs en MVS Noticias, en el 102.5 FM de la Ciudad de México. Escríbele a albertobaenamx@gmail.com Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.