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T-MEC: realidades, ilusiones y nostalgias

Nos guste o no, ya no estamos en los 90, las condiciones y realidad son muy diferentes. Nuestra forma de negociar también debe serlo. Y empieza por saber dónde estamos parados.
lun 27 abril 2026 06:06 AM
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La discusión sobre si se mantiene trilateral o no suele pasar por alto que el T-MEC nació en formato bilateral desde su origen. El TLCAN no solo arrancó con pláticas bilaterales, sino que tuvo su antecedente más claro en el CUFTA, el acuerdo de fines de los 80 entre Canadá y EU, apunta Don Porfirio Salinas.

La próxima revisión del T-MEC se ha vuelto un tema de amplia discusión pública. Ciertamente es un asunto prioritario para México por sus implicaciones en nuestra economía. Sin embargo, el debate público parece muy sesgado y, para variar, radicalizado.

Hay quienes lo abordan desde una perspectiva del deber ser. Aquello que alguna vez fuera la manera correcta de negociar tratados comerciales. Esa época en la que había ciertas reglas y protocolos que regían el actuar de las partes involucradas. Todo lo demás es fracaso o claudicación.

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Por otro lado, hay quienes lo ven desde una perspectiva de que lo que antes funcionó ya no aplica. Hay que salvar lo que se pueda salvar. Ya no estamos en tiempos de un mundo ideal donde se buscaban las ganancias máximas. La nostalgia es obstáculo.

Y entre estas dos posturas, se ha dado todo un universo de especulaciones y vaticinios sobre las condiciones, características y posibles resultados de la revisión. Desde el fatalista de un fin del tratado, hasta quien sigue pensando que se mantendrá un tratado libre de aranceles.

Voces que aseguran que el tratado se partirá en dos acuerdos bilaterales, las que pronostican revisiones anuales con alta incertidumbre, o las que siguen viendo un sólido acuerdo trilateral.

Aquellos que creen que Estados Unidos pondrá control a México en toda una serie de asuntos como la seguridad o como las malas decisiones gubernamentales que han implicado violaciones claras al tratado, y aquellos que se envuelven en la bandera reclamando las imposiciones estadounidenses.

Lo que es claro es que en tanto debate público sobre la revisión del T-MEC, está faltando cabeza fría, análisis real, y sobre todo dosis de realidad. La discusión parece más una carrera por ganar reflectores entre partes contrarias que buscan invalidar al otro.

Tratándose de un asunto tan importante para el país, deberíamos tener mucho mayor cuidado y seriedad en esta discusión. Buscar informar más que vaticinar o predicar. Y empezar por entender el contexto actual, y todo el recorrido que hemos tenido en este proceso de integración.

Por ejemplo, la discusión sobre si se mantiene trilateral o no suele pasar por alto que el T-MEC nació en formato bilateral desde su origen. El TLCAN no solo arrancó con pláticas bilaterales, sino que tuvo su antecedente más claro en el CUFTA, el acuerdo de fines de los 80 entre Canadá y Estados Unidos.

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Es lógico que otra vez se tengan pláticas bilaterales primero. Cualquier relación económica es compleja. Siempre hay temas que corresponden únicamente a dos partes. Eventualmente se llegará a lo trilateral para los acuerdos transversales y de principios conceptuales.

Sobre las posibles revisiones anuales, por el momento no parece un escenario. Con base en cómo se ha implementado el T-MEC desde su entrada en vigor, y en las características de los tres gobiernos, lo más probable es que las pláticas simplemente se vayan extendiendo hasta se llegue a algún resultado. Aún así, llegar a revisiones anuales es mejor que un mal acuerdo, o no tener acuerdo.

El mayor punto de sensibilidad es si seguirán o no los aranceles. Por más que no lo queramos, desde hace tiempo está muy claro que para Estados Unidos no es prioridad quitar los aranceles. Es parte clave de su política actual. Es evidente que el mundo de cero arancel quedó atrás.

Y esto no solo es un tema coyuntural del actual presidente. Aún cuando cambie el gobierno, independientemente de quien llegue y su filiación política, esto lo han querido hacer muchos presidentes, solo que no se atrevían a pagar el costo político, como sí lo hizo el actual.

Debemos entender que el mundo cambió. Nuestra contraparte negociadora es muy distinta a las anteriores. Incluso a cuando este mismo presidente negoció el T-MEC. Ya no funcionan las tácticas tradicionales de negociación. Es un nuevo entorno y hay que entenderlo para saber jugar en él.

Es fundamental conocer a tu contraparte negociadora. Si no, es imposible desarrollar una estrategia adecuada. Entrar con fantasías a una negociación te lleva, o a perder el tiempo, o a simplemente perder esa negociación.

En este contexto, pierden sentido todas las recientes críticas de la visita del titular de USTR a México. Contrario a lo que argumentan esas voces, fue una visita importante y positiva. Queda formalmente clara la postura negociadora, y lo que buscará Estados Unidos en la revisión. Eso es certidumbre.

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Al final, no todo lo que dijo fue malo. Por fin se vio apertura de entender que sí hay impactos negativos por sus aranceles, y que México sí debe tener mejores condiciones que el resto del mundo.

Lejos de gastar tiempo en refunfuñar, esa visita debe movernos a estar preparados para lo que viene. De saber cómo estará el escenario y tener alternativas que realmente permitan amortiguar los posibles impactos, y avanzar en lo poco o mucho que se pueda lograr.

El no haber definido un proceso claro para la revisión cuando debió hacerse es muestra de que los tiempos ya venían cambiando. Las revisiones cada seis años fueron un gran logro de México y una muy buena apuesta. Pero regresó el mismo presidente al poder, recargado. Esa es nuestra nueva realidad.

Por eso tenemos que pensar en qué tipo de acuerdo es suficientemente bueno para México, que nos permita mantener competitividad internacional. No en cuál es el acuerdo ideal y perfecto, porque ese ya no es un escenario. Incluso al pasar de TLCAN a T-MEC perdimos parte de ello.

Dejemos las ingenuidades. Ese tránsito al T-MEC no fue un buen acuerdo, al menos para el sector más grande del tratado, que es el automotriz. Fue un retroceso. Nuevamente, eso nos dejaba ver hacia donde se iba moviendo el mundo.

Ya estamos muy encaminados en esa ruta. Esta revisión seguramente volverá a tener aspectos regresivos. Es fundamental definir hasta qué punto se pueden aceptar cambios, sin comprometer la viabilidad económica del país, sin olvidar que el tratado es la base económica de México.

Nos guste o no, ya no estamos en los 90, las condiciones y realidad son muy diferentes. Nuestra forma de negociar también debe serlo. Y empieza por saber dónde estamos parados. Mientras más tardemos en entenderlo, menos podremos negociar. No se trata ni de cinismos, ni de nostalgias.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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