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El mundo es muy diferente, y no nos estamos preparando

Urge hacer un intento real por entender a la sociedad, y cómo eso impacta en las dinámicas políticas, que después conllevan cambios económicos y de políticas públicas.
mar 07 abril 2026 06:04 AM
El mundo es muy diferente, y nos estamos preparando
Hoy estamos en una nueva etapa. Una que obliga a entender qué nos pasó y dónde nos equivocamos para llegar a donde hoy estamos, y cómo vamos a recuperar el rumbo, entendiendo que los tiempos pasados ya no son, y que la nostalgia no nos llevará a nada, apunta Don Porfirio Salinas. (Foto: iStock)

El regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, y la serie de decisiones económicas, políticas y militares que ha tomado, han captado la atención de todo el mundo. Se ha generado una preocupación generalizada, expresada en un sinfín de opiniones, columnas y análisis.

Es natural, con el nivel de disrupciones que estamos viendo, que se genere una suerte de shock generalizado, y una oleada de alarmismo por estos cambios que nos sacan de la zona de confort.

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Sin embargo, es muy importante en este tipo de situaciones tener la cabeza más fría. Es fundamental que los análisis sean mucho más profundos y realmente vayan a las causas, no solo a los efectos de las disrupciones. Y eso, no se ve mucho aún en los debates públicos.

Lo más fácil es relacionarlo con las discusiones crecientes sobre el populismo y sus efectos, pero siguen ausentes los debates sobre qué originó lo que hoy vivimos, más allá de quien llegó a materializar las crisis.

Adicionalmente, poco se habla del cambio de época que estamos viviendo. Todo se ha enfocado más en cómo se están violentando principios o reglas que alguna vez tuvimos, y si alguna vez regresaremos a eso. Sin ver que el cambio que vemos es real, y no viene de ahorita.

En muchos análisis se percibe una profunda nostalgia de lo que se ha llamado en sistema basado en reglas. Sin entender que ese sistema ya venía debilitado desde mucho antes de esta oleada de populismos y de los cambios en Estados Unidos.

La primera gran etapa de ese sistema fue a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial, con la creación de la ONU y los famosos acuerdos de Bretton Woods, que crearon al Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, reconstruyendo a Europa y generando una agenda de desarrollo.

Eso fue consolidando algunas instituciones importantes, pero a lo largo del camino se fueron dando muchas cosas por sentado, y se empezó a debilitar y pervertir políticamente ese sistema.

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Llegó una nueva gran oleada con los “gloriosos” años 90, que trajeron una serie de cambios tanto políticos como sociales, institucionales y económicos que refrescaron al sistema. Algunos de ellos iniciados en los 80 pero catalizados en los 90.

En el ámbito político, la caída del muro de Berlín, la disolución de la Unión Soviética, la formalización de la Unión Europea, una etapa de estabilización política y social en regiones como América Latina, fueron dando aires de esperanza.

Eso se acompañó de una nueva etapa de construcción institucional, por ejemplo, con la creación de la OMC (después de ser GATT), la revitalización de la OCDE y su apertura a países en desarrollo, la fuerte liberalización comercial, la creación del TLCAN como parámetro, y el fortalecimiento del sistema multilateral en material financiera.

Con ello, el impulso de la globalización como sistema predominante, acompañado de cambios de políticas públicas enfocados en el mejoramiento de los países en desarrollo dio bríos importantes que dieron certidumbre y estabilidad para las inversiones.

Lamentablemente, otra vez se dio todo por sentado. Se asumió que esos cambios eran suficientes, dejando de lado lo que pensaran y experimentaran las sociedades. Se nos olvidó la gente. Nos quedamos en los escritorios aleccionando.

Mientras tanto, se iban profundizando crisis sociales importantes que se pensaban resueltas. No nos dimos cuenta de que algo se estaba moviendo. Ganaron los intereses políticos, se anquilosaron las instituciones, y se olvidó la necesidad de consolidar ese sistema de reglas.

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El sistema no se debilitó hace 1, 2 o 5 años. Venía debilitándose desde que inició el siglo XXI. Pero no quisimos verlo.

Con el siglo XXI llegaron muchos nuevos retos, tanto sociales, como económicos, ambientales, sanitaros y bélicos. Desde crisis financieras y de commodities, a la mal llamada Primavera Árabe, conflictos sociales en América Latina y Europa.

La conflagración en Ucrania, el profundo problema de Gaza con Israel y su larga duración, lo que está pasando en Irán no son situaciones nuevas ni espontáneas. Pero es parte de lo que no quisimos ver.

Por supuesto la pandemia es algo completamente aparte, aunque dejó ver mala planeación. Igual que las problemáticas ambientales como la sequía que hizo bajar la actividad en el Canal de Panamá, o problemáticas naturales que han afectado profundamente la logística internacional.

Todo esto ha generado la irrupción de los liderazgos políticos que hoy se tienen, y que nos han llevado a la incertidumbre actual. Esa incertidumbre no se irá pronto ni de manera definitiva. Y con eso hay que aprender a vivir. Porque es un reflejo de muchas presiones sociales ignoradas y de muchos cambios a los que nos hicimos ciegos.

La irrelevancia que hoy vemos de las instituciones que por décadas se construyeron y luego se anquilosaron y abandonaron, es por esa incapacidad de ver cómo se movía el mundo mientras planeábamos qué hacer con él.

Hoy estamos en una nueva etapa. Una que obliga a entender qué nos pasó y dónde nos equivocamos para llegar a donde hoy estamos, y cómo vamos a recuperar el rumbo, entendiendo que los tiempos pasados ya no son, y que la nostalgia no nos llevará a nada.

Urge hacer un intento real por entender a la sociedad, y cómo eso impacta en las dinámicas políticas, que después conllevan cambios económicos y de políticas públicas. Solo entendiendo bien el fondo, podremos planear un mejor futuro.

No sirve de nada lamentarnos, ser nostálgicos del mundo anterior y buscar únicamente cómo señalar lo malo y poner culpas. Debemos cambiar el chip y entender qué hicimos mal para poder empezar a hacer las cosas bien.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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