Dentro de la PPP, el 71% (59.6 M) está ocupado, y el 29% (23.8 M) está excluido. En 2005, la ocupación alcanzaba el 67% (41.4 M) y la exclusión el 33% (20.2 M). La exclusión laboral adopta dos formas principales:
Desempleo completo: 7 M (hace 20 años: 5.9 M). Aquí se incluye tanto la desocupación abierta (sin trabajo y con búsqueda activa en la última semana) como el desempleo oculto (sin trabajo, disponibles, pero que no buscaron la semana anterior). Por cada persona desocupada hoy hay 3 personas más en desempleo oculto (2.94); hace 20 años, la proporción era de 1 a 2.5.
Exclusión por labores de cuidado: 14.7 M (13.2 M en 2005). El 95% son mujeres: 14 M de mujeres atrapadas en esta condición, sin disponibilidad para buscar trabajo por la obligación impuesta del cuidado doméstico. (Abordé este tema en mi colaboración previa en Expansión 3/4/2026.)
Precariedad laboral
Además de la exclusión, millones trabajan en condiciones precarias. El principal factor son los llamados “trabajos informales” —en rigor, empleos sin protección social—, que hoy suman 33 M de personas, de las cuales el 99% carece de afiliación al seguro social. Representan el 55% de la población ocupada. En 2005 eran 24.2 M y suponían el 60% de los ocupados.
En términos más amplios, las personas que laboran sin afiliación al seguro social son hoy 35.9 M, el 61% de la población ocupada. Hace 20 años eran 26.8 M, el 65%. Otras formas de precariedad —sin contrato o con jornadas excesivas— refuerzan el mismo diagnóstico.