En Morena ya nadie está jugando a la política de calendario. Aunque las elecciones para renovar 17 gubernaturas serán hasta el 6 de junio de 2027, el partido decidió adelantar su reloj y empezar desde ahora la depuración de aspirantes, las reglas internas y hasta las renuncias. No es una exageración: en ese mismo paquete electoral también estarán en juego los 500 integrantes de la Cámara de Diputados, 30 congresos locales, 2,424 ayuntamientos, las 16 alcaldías de la Ciudad de México y su Congreso local. No viene una elección intermedia cualquiera; viene una pelea por el mapa político del sexenio.
#ZonaLibre | Morena y la extraña prisa al 2027
Por eso la presidenta Claudia Sheinbaum ya mandó un mensaje que en Morena sonó más a instrucción que a recomendación: quien quiera ser candidato o candidata “ya debe renunciar” al gobierno. Lo reiteró el 13 y el 16 de abril, subrayando que esa regla aplica para quienes busquen gubernaturas, diputaciones, coordinaciones o cualquier posición de salida rumbo a 2027. La lógica es clara: evitar que el cargo público, el presupuesto, la estructura institucional y los reflectores oficiales sirvan para construir candidaturas disfrazadas de gestión. Sheinbaum no quiere repetir el viejo vicio priista del funcionario-candidato que despacha por la mañana y hace campaña por la tarde. Tampoco quiere que la sucesión estatal se desborde y le contamine el arranque de la segunda mitad de su gobierno.
La primera que entendió el mensaje —o la primera que ya le urgía destaparse formalmente a pesar de sus desencuentros con la presidenta y con el grupo de poder— fue Andrea Chávez. La senadora pidió licencia indefinida y salió del Senado con una frase que retrata el tamaño de su apuesta: dijo que dejaba el escaño para “acabar con 100 años de PRIAN en Chihuahua”. Su caso es especial por dos razones: se convirtió en la primera morenista de alto perfil en ejecutar la orden de separación, y su aspiración llegó cargada de decenas de polémicas y por señalamientos de actos anticipados de campaña en su estado. Andrea ya no está tanteando el terreno: está corriendo por la candidatura de Chihuahua. Y sabe que tiene muy difícil conseguir su cometido pues todo juega en su contra desde adentro del morenismo.
En el gabinete, el movimiento más importante ocurrió ese mismo 16 de abril. Citlalli Hernández dejó la Secretaría de las Mujeres para asumir una “tarea especial” en Morena y horas después fue nombrada presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones del partido. Ese nombramiento no es decorativo: la comisión será una de las piezas centrales para operar candidaturas, encuestas internas y mesas de alianza con PT y Verde. Citlalli no salió para buscar una gubernatura; salió para convertirse en la operadora electoral del 2027. Y eso, en un partido como Morena, puede ser incluso más poderoso que una candidatura.
Seguramente hay varios funcionarios del gabinete que saldrían próximamente, como pudieran ser Rosa Icela Rodríguez, que buscaría San Luis Potosí; Mario Delgado, que buscaría Colima; o el caso de Josefina Rodríguez Zamora, que suena para Tlaxcala.
A partir de ahí, el tablero se llena de nombres. En el Senado siguen sonando figuras que podrían verse obligadas a decidir pronto si se quedan en la curul o se van al territorio. Félix Salgado Macedonio admitió que iría por Guerrero “si Morena se lo pide”, aunque por ahora rechaza solicitar licencia. Su caso es el más delicado porque choca de frente con la regla anti-nepotismo: buscaría suceder a su hija, la actual gobernadora Evelyn Salgado. Algo parecido ocurre con Saúl Monreal en Zacatecas, cuyo proyecto tropieza con el hecho de ser hermano del gobernador David Monreal y se ve imposible que Morena lo arrope.
Y en San Luis Potosí el tema también incendia la alianza (que está por romperse), porque la eventual postulación de Ruth González —esposa del gobernador Ricardo Gallardo— ha llevado a Morena a fijar una línea dura contra los familiares en la boleta.
Justamente ahí está una de las claves de esta prisa: Morena quiere cerrar heridas antes de que exploten. Desde marzo definió que sus coordinadores estatales —antesala de las candidaturas— queden perfilados en 2026 y no a última hora. El partido también dejó asentado que no postulará familiares en ningún cargo en 2027, incluyendo gubernaturas, diputaciones y alcaldías. La apuesta es doble: mantener la narrativa ética de la 4T y ganar tiempo para la famosa “operación cicatriz” con quienes pierdan las encuestas internas. Morena aprendió de 2024 que las inconformidades mal administradas cuestan.
En ese contexto entra el otro capítulo: Luisa María Alcalde. En los últimos días crecieron versiones sobre su posible salida de la dirigencia nacional de Morena, pero tanto Sheinbaum como la propia Alcalde las enfriaron. La presidenta dijo no tener conocimiento de un relevo, y Luisa respondió que seguirá al frente del partido salvo que la mandataria le pida otra responsabilidad. No está políticamente muerta, pero sí está políticamente observada e incluso con desconfianza desde Palacio Nacional.
La llegada de Citlalli Hernández a la Comisión Nacional de Elecciones no la desplaza, la refuerza, aunque también revela que Morena necesitaba músculo adicional para contener la turbulencia que viene.
Un partido sumamente fuerte, pero conflictuado
¿Y cómo se ve el futuro de Morena en los 17 estados? El partido y sus aliados llegan con una ventaja estructural: de esas 17 entidades, Morena gobierna actualmente 12; el PAN, 3; Movimiento Ciudadano, 1; y el Verde, 1. El mapa en disputa incluye Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur, Campeche, Chihuahua, Colima, Guerrero, Michoacán, Nayarit, Nuevo León, Querétaro, Quintana Roo, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala y Zacatecas. Eso coloca a Morena en posición de defensa mayoritaria, no de conquista marginal.
Pero ventaja no significa paseo. Hay encuestas que proyectan a Morena como ganador en 14 de las 17 gubernaturas si hoy fueran las elecciones; otras muestran que una eventual alianza PAN-MC podría arrebatarle hasta 6, con fortalezas claras en Querétaro, Aguascalientes y Nuevo León, y competencias cerradas en Chihuahua y Campeche. A eso se suma la presión de sus propios aliados: el Verde ya presume fuerza para ir solo o exigir protagonismo en estados como San Luis Potosí, Querétaro, Zacatecas y Quintana Roo, mientras dentro del Senado morenista ya hablan abiertamente de chantajes y de la posibilidad de no ir juntos en todas las gubernaturas.
La foto real de Morena rumbo a 2027 es esta: sigue siendo la fuerza dominante, pero ya no la fuerza cómoda. Tiene territorio, estructura, encuestas favorables y a la presidenta de la República como principal activo político. Pero también tiene ambiciones desatadas, reglas que lastiman a cuadros poderosos, un debate interno por el nepotismo y una alianza con PT y Verde que empieza a crujir justo cuando más disciplina necesita.
Por eso Sheinbaum les está pidiendo que renuncien desde ahora: no solo para evitar ventajas indebidas, sino para obligarlos a definirse. Y en política, cuando un movimiento obliga a sus aspirantes a definirse tan temprano, es porque sabe que la verdadera batalla ya empezó.
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