Lo que hay que hacer antes de que explote algo más
Las soluciones no son imposibles. Son políticamente incómodas para un gobierno que ha hecho del discurso de paz su único producto exportable.
Primero, crear una Unidad de Contrainteligencia Aeroportuaria con autonomía operativa bajo mando conjunto civil-militar, dotada de tecnología de detección de explosivos de cuarta generación —escáneres de rayos X de alta resolución, detectores de trazas moleculares y canes certificados— en los accesos vehiculares de salida del AIFA, no solo en la zona de embarque.
Segundo, establecer un Protocolo Nacional de Respuesta a Artefactos Explosivos Improvisados (IED) que active automáticamente coordinación entre Sedena, SSPC, Fiscalías estatales y el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) en los primeros 30 minutos de cualquier detonación vinculada a vías de acceso a infraestructura crítica.
Tercero, profesionalizar —con inversión real y no retórica— las unidades de análisis de inteligencia criminal territorial en los 47 municipios del Estado de México catalogados de alta incidencia delictiva, con enfoque específico en detección temprana de explosivos y células de crimen organizado con capacidades bélicas no convencionales.
Cuarto, reconocer jurídicamente el narcoterrorismo como categoría penal autónoma en el Código Penal Federal, lo cual activaría herramientas procesales más contundentes, mayor cooperación con agencias internacionales y la posibilidad de aplicar protocolos de inteligencia que hoy se bloquean semánticamente desde Palacio Nacional, Constityenbtes y Lomas de Sotelo.
La paz de los que no quieren ver
El índice global de violencia política elaborado por ACLED coloca a México entre los países más peligrosos del mundo, incluso por encima de naciones con conflictos armados activos.
El gobierno lo sabe. La academia lo documenta. Los periodistas lo publican.
Y la Presidencia de la República sigue repitiendo que no hay narcoterrorismo mientras una camioneta sale de un aeropuerto federal con explosivos a bordo.
Pese al riesgo latente ante una posible intervención de los grupos del narcotráfico en el Mundial, Claudia Sheinbaum y la FIFA han sostenido que no hay riesgo alguno.