México. Calderón con otro nombre
La comparación más incómoda no es entre México y Estados Unidos.
Es entre Sheinbaum y Calderón.
La estrategia representó una continuidad preocupante sobre la dependencia en las Fuerzas Armadas heredada del gobierno anterior, junto con la recuperación de algunos peligrosos discursos presentes en los momentos más graves de la guerra contra el crimen, advirtieron varios análisis técnicos desde octubre de 2024. Los hechos posteriores validaron esa advertencia.
Cuando estalló la crisis en Sinaloa, el gabinete de seguridad federal aprobó el envío de cientos de elementos de las Fuerzas Armadas —Marina, Defensa y Guardia Nacional— a las zonas con mayores índices de violencia.
Cuando Michoacán se incendió, la Secretaría de Defensa Nacional envió un total de 1,980 soldados del Ejército y de la Guardia Nacional bajo el Plan Michoacán por la Paz y la Justicia. La presidenta lo llamó "estrategia integral".
Felipe Calderón habría firmado debajo sin pestañear.
El operativo más revelador llegó en febrero de 2026, cuando fuerzas mexicanas, con inteligencia decisiva de Washington, ejecutaron al líder del CJNG, apodado El Mencho. El secretario de Defensa, Ricardo Trevilla, reconoció abiertamente que la inteligencia estadounidense fue decisiva.
El Mencho fue localizado tras ser rastreado cuando viajó para encontrarse con una amante que ya estaba bajo vigilancia.
El descabezamiento—la técnica que México criticó durante años por generar fragmentación y guerra de sucesión— se ejecutó con apoyo de la agencia que representa exactamente esa doctrina.
Las cifras de homicidios “han bajado” pero se mantienen en niveles de tiempos de guerra: en 2025 se registraron 20,674 homicidios, cifra comparable a la de los primeros años de la militarizada guerra contra el narcotráfico.