En febrero de 2026, la Secretaría de la Defensa Nacional confirmó la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, "El Mencho", líder del Cártel Jalisco Nueva Generación. El operativo que culminó con su caída no fue coordinado con la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, ni comunicado previamente a la Presidencia de la República.
La Sedena actuó en solitario (con información y actores estadounidenses claves), en un silencio calculado que, lejos de ser excepcional, revela una norma institucionalizada: en México, las instituciones de seguridad no colaboran; compiten, se ocultan información y, cuando actúan, lo hacen en circuitos cerrados motivados tanto por la desconfianza como por la disputa de cuotas de poder político y operativo.
Este episodio no es anecdótico. Es sintomático.
La desconfianza como arquitectura del Estado
La desconfianza entre autoridades mexicanas no nació de un accidente ni de una mala gestión coyuntural. Tiene raíces estructurales que se remontan a décadas de infiltración criminal en las corporaciones policiales, de pactos tácitos entre autoridades locales y grupos delictivos, y de una cultura institucional donde compartir información equivale a ceder poder.
Los operativos federales realizados sin conocimiento de gobernadores o presidentes municipales no son una anomalía: son una respuesta racional ante la evidencia acumulada de que esos mismos funcionarios filtran información.
En Michoacán, operaciones contra el Cártel Jalisco Nueva Generación fueron comprometidas por avisos que llegaban desde despachos municipales. En Tamaulipas, la colusión entre mandos locales y el Cártel del Golfo quedó documentada en múltiples procesos judiciales. En Guerrero, la infiltración llegó hasta niveles de coordinación policial estatal, convirtiendo a la propia institución en extensión operativa del crimen.
El resultado es devastador: entre 30 y 40% de los operativos de alto impacto en entidades de alta conflictividad han sido comprometidos antes de su ejecución por fugas internas. Los detenidos se evaporan. Los cargamentos desaparecen. Los objetivos simplemente no están cuando llegan las fuerzas del orden.