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Bienvenidos al patio trasero: México en la geopolítica del miedo

Donde la Doctrina Monroe vuelve con esteroides y drones.
vie 30 enero 2026 06:05 AM
Ejército de EU se 'arma' y fabrica vacuna contra todas las variantes de COVID
Washington ya no puede garantizar seguridad global, por tanto, prioriza intereses definidos estrechamente y externaliza todo lo demás, señala Alberto Guerrero Baena. (DanielBendjy/Getty Images)

La visión del Pentágono 2026: del internacionalismo al realismo transaccional

El documento de Estrategia Nacional de Defensa 2026 representa una ruptura radical con siete décadas de política exterior estadounidense.

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El denominado "Departamento de Guerra" —rebautizado simbólicamente desde su nomenclatura original— abandona explícitamente el universalismo democrático que caracterizó la era posterior a 1945. En su lugar, consagra un "realismo flexible" centrado en cuatro pilares: defensa territorial absoluta, contención de China mediante negación estratégica, redistribución de cargas defensivas hacia aliados, y remilitarización industrial.

Esta transformación doctrinal no es meramente retórica. Las operaciones mencionadas —Absolute Resolve, Midnight Hammer, Southern Spear— evidencian una disposición a la acción unilateral sin precedentes en el hemisferio occidental desde las intervenciones de principios del siglo XX.

El lenguaje empleado ("narco-terroristas", "invasión", "dominación hemisférica") construye narrativas de emergencia que legitiman respuestas militarizadas a fenómenos tradicionalmente abordados mediante cooperación policial o diplomacia económica.

Geopolítica global 2026. El tablero de tres potencias y la periferia prescindible

La estrategia estadounidense ordena el mundo en tres niveles de amenaza jerarquizados con claridad quirúrgica. China emerge como el único competidor existencial, capaz de disputar hegemonía económica en el Indo-Pacífico, región que concentrará más del 50% del PIB mundial. Rusia figura como "amenaza persistente pero manejable", confinada a su periferia europea donde —según el documento— la superioridad económica de la OTAN (26 billones contra 2 billones) permite transferir responsabilidades defensivas a aliados europeos.

Esta jerarquización tiene consecuencias inmediatas: Europa debe asumir primacía en su defensa convencional elevando gasto militar al 5% del PIB; el Medio Oriente queda delegado a Israel y monarquías del Golfo como gestores regionales; América Latina y África aparecen exclusivamente como espacios de proyección de amenazas hacia territorio estadounidense (narcotráfico, terrorismo, migración) o zonas de acceso estratégico (Canal de Panamá, Groenlandia).

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El concepto de "simultaneidad" —prepararse para conflictos concurrentes en múltiples teatros— justifica la redistribución de recursos. Estados Unidos concentrará fuerzas en defensa territorial y contención asiática, mientras aliados regionalizados asumen cargas secundarias. Esta arquitectura revela una lógica implacable: Washington ya no puede garantizar seguridad global, por tanto, prioriza intereses definidos estrechamente y externaliza todo lo demás.

México en la Doctrina Monroe 2.0. De socio a perímetro defensivo

Para México, las implicaciones son devastadoras y multidimensionales. El documento nos clasifica bajo "Homeland and Hemisphere", no como nación soberana con intereses propios sino como extensión del perímetro de seguridad estadounidense.

El "Corolario Trump" a la Doctrina Monroe exige explícitamente que Canadá y México "trabajen con el Departamento de Guerra para prevenir que inmigrantes ilegales y narco-terroristas alcancen fronteras americanas".

Esta reformulación elimina cualquier pretensión de reciprocidad. México no aparece como aliado estratégico sino como territorio cuya función es absorber amenazas antes de que alcancen suelo estadounidense. La cooperación bilateral queda subordinada a una métrica unidimensional: efectividad en contener flujos migratorios y desmantelar cárteles. El lenguaje sobre "acción decisiva unilateral" cuando socios "no hacen su parte" constituye una amenaza apenas velada de intervención militar.

La referencia al Canal de Panamá y el "Golfo de América" como "terreno clave" cuyo acceso debe "garantizarse" militarmente sugiere disposición a presionar gobiernos regionales mediante coerción si consideraciones comerciales o geopolíticas lo justifican. México, con 3,000 kilómetros de frontera compartida y economías profundamente integradas, carece del margen de maniobra de naciones más distantes.

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Alternativas para navegar la tormenta sin ceder soberanía

Políticas: México debe construir urgentemente coaliciones latinoamericanas que compartan preocupaciones sobre intervencionismo. Brasil, Colombia y Chile podrían articular posiciones comunes en foros multilaterales que eleven costos diplomáticos de acciones unilaterales estadounidenses. Simultáneamente, fortalecer lazos con Europa y Asia-Pacífico diversifica dependencias económicas y reduce vulnerabilidad a presiones bilaterales.

Técnicas: Invertir masivamente en capacidades de inteligencia y operaciones especiales permite demostrar resultados contra cárteles sin militarización generalizada. Sistemas de identificación biométrica en fronteras, intercambio de información en tiempo real con autoridades estadounidenses, y desmantelamiento de redes financieras del crimen organizado generan credibilidad operativa que reduce presiones intervencionistas.

Innovadoras: Proponer un "Pacto Hemisférico de Desarrollo y Seguridad" que vincule cooperación antinarcóticos con inversiones estadounidenses en desarrollo económico regional. Bajo esta lógica, Estados Unidos obtiene estabilidad migratoria y seguridad fronteriza; México recibe transferencias tecnológicas, acceso preferencial a mercados y financiamiento para zonas vulnerables. Este enfoque transaccional —el único que la nueva doctrina reconoce— convierte amenazas compartidas en oportunidades negociables.

Realismo sin resignación

La Estrategia Nacional de Defensa 2026 no es temporal sino estructural. Refleja transformaciones profundas en distribución global de poder y percepciones domésticas estadounidenses sobre sostenibilidad de compromisos internacionales. México enfrenta un vecino que nos ve simultáneamente como buffer zone y fuente de amenazas, no como socio estratégico.

La respuesta no puede ser confrontación —la asimetría de poder es insuperable— ni sumisión incondicional que sacrifique soberanía. Requiere diplomacia sofisticada, capacidades técnicas demostrables, y voluntad para construir alternativas que reduzcan dependencia absoluta. El desafío es existencial: redefinir la relación bilateral en términos que protejan intereses mexicanos dentro de una arquitectura hemisférica que Washington rediseña unilateralmente.

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Nota del editor: Alberto Guerrero Baena es consultor especializado en Política de Seguridad, Policía y Movimientos Sociales, además de titular de la Escuela de Seguridad Pública y Política Criminal del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos, así como exfuncionario de Seguridad Municipal y Estatal. Puedes escucharlo con su análisis en Políticas de Seguridad los martes a las 5: 25 hrs y los miércoles a las 18:20 hrs en MVS Noticias, en el 102.5 FM de la Ciudad de México. Escríbele a albertobaenamx@gmail.com Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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