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#ColumnaInvitada | El fracaso de López-Gatell

López-Gatell quiere construir un monopolio público en el discurso, cuando en los hechos carece de planeación, estrategia y capacidades, a costa de la Salud y tranquilidad de las familias.
mié 31 agosto 2022 06:05 AM
(El subsecretario de Salud de México, Hugo López-Gatell, durante una conferencia de prensa en el Palacio Nacional)
Hugo López-Gatell, subsecretario de Salud, se ha destacado por sus conflictos contra la IP y la sociedad civil, lo cual ha descarrilado la implementación de la reforma y, en consecuencia, avanzar hacia un sistema de Salud de calidad, señala Gabriela Cuevas.

El 8 de mayo de 2020 se publicó la reforma constitucional para lograr la cobertura universal de Salud en México. En ese loable esfuerzo, comparto plenamente la intención del presidente Andrés Manuel López Obrador de crear un sistema que garantice la atención, infraestructura, equipamiento, medicamento y todo lo necesario para que las enfermedades no empobrezcan a las familias.

Si contáramos con un sistema de Salud como el de Dinamarca o una red educativa como la de Finlandia, los mexicanos estaríamos felices de no tener que destinar un alto porcentaje de nuestro ingreso a pagar carísimos seguros médicos y escuelas privadas.

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Las mejores prácticas internacionales apuntan que el fortalecimiento de los sistemas de Salud tiene al menos tres componentes: la sociedad civil, la iniciativa privada y el más importante, el sector público. A pesar de esto, el subsecretario Hugo López-Gatell se ha destacado por sus conflictos contra la iniciativa privada y la sociedad civil, lo cual ha descarrilado la implementación de la reforma y, en consecuencia, avanzar hacia un sistema de Salud de calidad.

Por citar botones de muestra: López-Gatell monopolizó las pruebas para detectar el COVID-19 privando en un inicio a miles de mexicanos de un diagnóstico oportuno que les hubiera salvado la vida (la OMS estima más de 630,000 muertes en México por la pandemia); discriminó al personal de Salud de instituciones privadas al negarles el acceso a las vacunas -al mismo tiempo que se distribuían en el sector público-; y más adelante restringió la posibilidad de que los médicos particulares receten medicamentos para el COVID.

López-Gatell también ha provocado desabasto de medicinas esenciales, acusado de golpistas a los niños con cáncer que demandan tratamientos y ahora pretende desaparecer los consultorios adyacentes a las farmacias sin asegurar mayores accesos en los centros del sector Salud. López-Gatell quiere construir un monopolio público en el discurso, cuando en los hechos carece de planeación, estrategia y capacidades, a costa de la salud y tranquilidad de las familias.

En México, como en muchos países, la iniciativa privada no es sinónimo de altruismo, son empresas que buscan maximizar utilidades. También, varios laboratorios y distribuidores han sido investigados y sancionados por acuerdos ilegales que impactan en el poder adquisitivo de los consumidores. Sin embargo, cuando operan en línea con la ética y su sentido social desarrollan investigación, canales de producción y distribución, y atienden los espacios que el estado vergonzosamente no ha logrado llegar.

Del lado del Estado, corresponde a las autoridades vigilar que los privados se conduzcan conforme a la ley. Ejemplo de ello son los mencionados consultorios de las farmacias que han alcanzado una cobertura relevante atendiendo a personas que tal vez llevan meses esperando una cita en el sector público. Compete a la autoridad revisar que cuenten con médicos titulados y que las instalaciones sean adecuadas, pero no le compete orillar a la agente a que progrese su enfermedad por la falta de diagnóstico oportuno.

 

Insisto, en los privados existen incontables vicios, pero en términos de confianza el sector público también nos ha negado constantemente la transparencia que la ley le obliga. Es decir, mientras criticamos a los privados por corruptos aún no sabemos cuánto cuestan las vacunas, por qué Birmex es un desastre administrativo, por qué la UNOPS no logró comprar las tan prometidas medicinas o por qué el personal de salud carece del equipo necesario.

Del lado del gobierno ya es tiempo de que veamos resultados, la implementación del INSABI no puede seguir estancada en pretextos. Solamente sumando a la sociedad civil y a la iniciativa privada podremos transformar el sistema de Salud.

La Salud es un derecho humano, no un privilegio; ojalá llegue el día en que no necesitemos pagar la carísima salud privada y el estado mexicano cumpla su responsabilidad constitucional.

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Nota del editor: La autora ha sido diputada federal, fue presidenta de la Unión Interparlamentaria.

 
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