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#ZonaLibre | Apergollados

El presidente esta tomando un camino áspero y complicado, pues la crisis de seguridad que vive el país, solo es más incendiada por las palabras de quien debería unir, pero tiene un talante de derrota.
mié 29 junio 2022 06:00 AM
Andrés Manuel López Obrador, Presidente de México, muestra una gráfica en la que señala que la letalidad en los operativos era mucho mayor en el 2011 en los operativos del orden federal, en comparación con la entrada en vigor de la Guardia Nacional.
Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, muestra una gráfica en la que señala que la letalidad en los operativos era mucho mayor en el 2011.

Apergollados”, ¿Habías escuchado esa palabra anteriormente? Sinceramente, no recuerdo mucho de ella. Por eso tuve que ir al diccionario.

“Apergollar” es un verbo que se utiliza comúnmente en Cuba, pocas veces en México. De forma correcta, debería emplearse como “apercollar”, que según la Real Academia de la Lengua significa, “exigir insistente y violentamente algo”, así como “asir –ahorcar– a alguien, especialmente por el cuello”.

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Para el presidente mexicano López Obrador, los “religiosos” son parte de los “achichincles” de la mafia oligárquica del país, sus adversarios. Éstos, según el ejecutivo, tienen “apergollados” a los líderes de las iglesias, para criticar su estrategia de seguridad. Una afirmación que solo puede hacer un mandatario que está en el peor escenario de su gobierno; que muestra una decadencia brutal y una caída estrepitosa en su última etapa. Una fase de pérdida de poder que lo hace decir cosas sin sentido.

Sí, el presidente esta tomando un camino áspero y complicado, pues la crisis de seguridad que vive el país, solo es más incendiada por las palabras de quien debería unir, pero tiene un talante de derrota.

Las palabras del tabasqueño no podían estar más llenas de egocentrismo y excusa ociosa. Las palabras importan; más de quien vienen. Todavía más, cuando tienen que ver con ataques mortales; sangre y perversidad.

Nada, en la diatriba que pronunció en “la mañanera" del pasado 27 de Junio, tiene algún mensaje consolador, motivante, conciliador, reconfortante, plausible o admirable.

Para Andrés Manuel, la muerte de dos sacerdotes en la región de Cerocahui, en la sierra del estado de Chihuahua, es solo una oportunidad de sus enemigos fantasmagóricos, para dañar su reputación, aprobación y la estrategia de seguridad, que visiblemente es un fiasco. Solo para él, es un éxito. Porque en política la excusa es la reina del discurso; porque nos demuestra que la lejanía de vivir en un palacio podría cegar a cualquier hombre que ya abandonó el ideal de la causa justa: el pueblo que sufre, por el simple hecho de estar acorralado en un país que solo respira por la herida; una honda llaga de muerte y temor, que abunda eternamente y sin solución, por las comunidades –sin importar el tamaño o la posición social-.

El presidente tiene una imagen en su mente, son “esos” millonarios que tanto lo odian, por consiguiente, a todo el pueblo bueno, que “él representa”. Esos mafiosos, tienen sus manos en los cuellos de la sociedad civil y le ordenan atacar su gobierno, amedrentarlo y esperar ansiosamente su fracaso.

Son ellos, los infames corruptos, que tienen el país incendiado. Mientras los “buenos” son aquellos que tienen una fe alucinada por su figura y por supuesto, un voto fiel y constante para su partido político.

 

¡Cuán equivocado está!

Para el presidente, aquellos que han dedicado su corta vida a la industria del narcotráfico, no son el enemigo común. Incluso se atreve a desafiar a quienes creemos lo contrario: “Nosotros no somos así ¿Qué quieren? ¿Que se vuelva a ametrallar desde los helicópteros?”, arremete contra las voces de algunos sacerdotes católicos, que se levantaron para exigir justicia por sus hermanos jesuitas.

Ovejas, al matadero

Para algunas personas que piensan como AMLO, un líder religioso pudiera ser tan solo un “vocero”, un “predicador” o el que “atiende” su iglesia. Pero en regiones tan olvidadas y pobres, como las que existen en todo el ancho y largo del país, sacerdotes y pastores evangélicos tienen una tarea titánica. Son líderes comunitarios sumamente respetados. Su servicio va mucho más allá de leer la Biblia. Se tomaron muy en serio ese mandato de “amarás a tu prójimo” y no les interesa arriesgar su propia vida y la de su familia, a fin de llevar educación, alimentos, ropa, cobijas e incluso construir casas y lugares de refugio para catástrofes. Lo que ningún gobierno hace ellos buscan remediarlo, sin quejarse, encuentran la manera de hacerlo realidad.

Comprendo que habrán algunos altos mandos en el clero católico u otras religiones, que aprovecharán su influencia para meterse de lleno a la política y las elecciones, lo cual es detestable.

Sin embargo, el país y el mundo entero vuelven asombrarse de la violencia en México, por un par de hombres, de edad muy avanzada, en una zona lejana, que solo querían ayudar a otro ser humano y refugiarlo en una iglesia. Ellos, junto al parroquiano, fueron masacrados por las balas de la ignominia, el odio y la maldita droga.

México, es considerado hoy en día, el país más peligroso para ejercer el liderazgo cristiano en toda América Latina. Prácticamente, todos los líderes en los lugares más inhóspitos de nuestro país están amenazados de muerte, y no, no es por los conservadores. Es por los miserables cobardes, que han construido su fortaleza en naipes; que creen que por estar armados y tener un ejército pagado de sí mismos, pueden ser los dueños de nuestros pueblos y ciudades. Que pueden comprar toda y cada una de las voluntades.

Ellos, que son liberados en Culiacán; que son abrazados y saludados por la guardia nacional en Michoacán. Los que deben ser “cuidados por ser humanos”, como sostiene el presidente, que solo vela por sus números en las encuestas y las siguientes elecciones.

Apergollados, sí. No solamente los líderes y misioneros de las iglesias. Todos los mexicanos, estamos contra la pared por las huestes de los malvados cárteles, que se reparten nuestro territorio para envenenarlo, porque así se lo han permitido.

Ellos, movidos por la destrucción, la barbarie e intimidación.

Al presidente, que se considera “creyente en Cristo”, será importante preguntar: ¿De qué lado está?

Pues él mismo, aparece en la lista de los mexicanos que estamos siendo ahorcados por el crimen organizado.

El ejemplo de los sacerdotes Javier “Gallo” Campos y Joaquín “Morita” Mora, arde, pero inspira. A ellos, y a todos quienes trabajan en lugares a los que nadie quiere llegar; que viven como “ovejas en el matadero” solo por predicar con su ejemplo, la bondad y ayuda desinteresada. Todo el reconocimiento y honra.

Son un ejemplo de que en la vida hay mucho más allá de votos, reconocimiento y vana politiquería.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

 
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