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La política y el dolor

De las más de 100,000 personas desaparecidas y no localizadas en México entre 1964 y hoy, prácticamente una tercera parte desapareció en los tres años y medio que van de la actual administración.
mar 24 mayo 2022 11:59 PM
Colectivas de personas desaparecidas colocaron fotos con los rostros de sus seres queridos en las vallas que colocó el gobierno capitalino alrededor de la Glorieta de la Palma, para impedir que se apropien de este espacio, el cual fue renombrado por ellos como La Glorieta de las y los Desaparecidos.
Colectivos de familiares y madres buscadoras han tratado de ocupar la vieja glorieta de la Palma, en la Ciudad de México, con el propósito de convertirla en un antimonumento para los desaparecidos.

El PAN, el PRI y el PRD tienen un objetivo: derrotar al lopezobradorismo. Y un método: la alianza opositora. No tienen, por el momento, una propuesta programática ni tampoco un liderazgo fuerte que presentar para su candidatura. Tienen el qué y el cómo, no el para qué ni el con quién. Cuentan con una intención de voto, de acuerdo con la más reciente encuesta de Reforma, que ronda 40% contra 47% de Morena.

Colectivos de familiares y madres buscadoras han tratado de ocupar la vieja glorieta de la Palma, en la Ciudad de México, con el propósito de convertirla en un antimonumento para los desaparecidos. El gobierno de la ciudad coloca vallas metálicas para disuadirlas, pero el movimiento insiste en intervenirlas con fotos, mantas, fichas y volantes. La autoridad capitalina responde, una y otra vez, retirando cualquier rastro de su protesta. La semana pasada, según los datos del Registro Nacional, México rebasó la cifra de las 100,000 personas desaparecidas y no localizadas.

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Los punteros en la encuesta son Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard, empatados en alrededor de 33% de la intención de voto. Y el puntero de las oposiciones no milita en el PAN, el PRI ni el PRD sino en Movimiento Ciudadano. Es Luis Donaldo Colosio Riojas, alcalde de Monterrey, que aglutina 26% de las preferencias. Le siguen, muy atrás, los panistas Margarita Zavala y Ricardo Anaya con 14% y 13%, respectivamente. El priista mejor ubicado es Alfredo del Mazo, gobernador del Estado de México, con 7%.

De las más de 100,000 personas desaparecidas y no localizadas en México entre 1964 y hoy, prácticamente una tercera parte desapareció en los tres años y medio que van de la actual administración. Entre 2019 y 2021, el gobierno de López Obrador promedió más de 9,000 desapariciones al año. Durante sus respectivos sexenios, el de Peña Nieto promedió casi 6,000; y el de Calderón, casi 3,000. Para ponerlo en perspectiva histórica, las desapariciones correspondientes al periodo de la Guerra Sucia (1964-1982) promedian menos de 50 al año.

El problema de las oposiciones, con todo, no es que carezcan de una candidatura sólida, de un programa o que estén divididas (PAN, PRI y PRD por un lado, MC por el otro), es que les falta credibilidad: 45% del electorado está en contra de que MC se sume a la alianza opositora, solo 21% está a favor; 54% no está dispuesto a votar por el candidato de una alianza PAN-PRI-PRD-MC?”, 25% sí lo está. Y a la pregunta de “¿qué es mejor para el país de cara a las elecciones presidenciales del 2024? Que gane un candidato que…”, 65% responde “dé continuidad al proyecto del presidente AMLO” y 25% “detenga el proyecto del presidente AMLO”.

El problema del movimiento de familiares y madres buscadoras de desaparecidos es muy distinto. Es tener que sobrellevar el suplicio del silencio y la ausencia, lidiar no con el duelo de una muerte sino con un hachazo de incertidumbre: no saber dónde están ni qué les pasó a sus seres queridos. Es la necesidad peregrinar de oficina en oficina sin que ningún nivel de gobierno las atienda hasta verse obligadas a hacer ellas mismas el trabajo de investigación y búsqueda que no hace el Estado mexicano. Es el riesgo en el que incurren al hacerlo, el peligro que representa querer arrojar luz sobre lo que tantas autoridades y/organizaciones criminales preferirían que siguiera oculto.

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Así fue como, durante las últimas semanas, asistimos al grotesco espectáculo de dos danzas de números: la de los partidos y sus aspirantes; la de los familiares y deudos. Las cuentas ansiosas de los votos hipotéticos y las cuentas atroces de los desaparecidos. Es imposible no reparar en la distancia, la desconexión que media entre unas y otras. Como si las primeras tuvieran sentido sin hacerse cargo de las segundas; como si las segundas estuvieran impedidas de influir en las primeras.

Es como si habitáramos, en suma, en dos países lejanos que no se conocen aunque convivan todos los días en el mismo territorio: el país de la política y el país del dolor. ¿Por qué?

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Nota del editor:

Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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