Publicidad

Síguenos en nuestras redes sociales:

Publicidad

La pesadilla

Si dejan salir a Emilio Lozoya de la cárcel por los acuerdos entre su papá y el fiscal, el presidente y la llamada 4T habrán acabado por completo con la bandera de la cero tolerancia a la corrupción.
vie 22 abril 2022 05:56 AM
Emilio Lozoya en restaurante Hunan.jpeg
Emilio Lozoya no está en la cárcel por mi foto, sino por la indignación nacional que hizo que la llamada 4T por un tiempo cambiara la narrativa y por ser un “criminal confeso”, señala Lourdes Mendoza.

Cuando en la noche del pasado domingo 10 de abril un amigo me alertó que Reforma publicaría que por 10 millones de dólares (mismo dinero que recibió de soborno de Odebrecht) Emilio Lozoya saldría de la cárcel, OBVIO, no lo creí; le dije, NO HAY FORMA y me dormí tranquila.

Sin embargo, cuál fue mi sorpresa cuando al despertar el lunes en Semana Santa se daba por hecho que ese mismo día el exdirector de Pemex quedaría libre tras lograr un acuerdo resarcitorio. El estómago se me revolvió. Pensé: “No puede ser. ¿cómo, si es un criminal confeso? ¿Cómo, si no ha probado uno solo de sus dichos? No cabe duda que en este país la justicia tiene precio”. Frustrada me senté a llorar con impotencia, coraje, enojo y mucho miedo por mi seguridad y la de mi hija.

Publicidad

Pero lo peor fue darme cuenta que, si no salió ese día, fue porque desde Palacio Nacional el presidente Andrés Manuel López Obrador tiró línea a Pemex y a la Fiscalía General de la República al decir que se le hacía “muy poco” el dinero que la paraestatal y los abogados de Lozoya habían negociado.

Es decir, que, si el acuerdo con el criminal confeso no tenía más ceros, entonces, NO lograría su libertad, sin importar el daño económico y moral que ha provocado. Es el ícono de los que supuestamente odia o al menos desprecia el presidente y su movimiento de la llamada 4T; será perdonado sin reparar ningún daño.

Pero NO solo eso, además, les cuento que el artículo 187 del Código Nacional de Procedimientos Penales establece que los acuerdos reparatorios únicamente son procedentes para delitos que se persiguen a partir de una denuncia, pero no para aquellos que se siguen de oficio, como son justamente los que se le imputan a Lozoya: asociación delictuosa, cohecho y lavado de dinero.

Así pues, si Gertz, Pemex -léase Octavio Romero-, la UIF y demás aceptan este trato ¡serán responsables y corresponsables del daño al erario que hizo "Milo" Lozoya, ¡eh!

Y es que la pregunta que salta es: ¿por qué hay tantos tratos a favor de Lozoya? Pareciera que el exfuncionario está por pasar de ícono de la corrupción a ícono de la impunidad, en un gobierno en el que se afirma, supuestamente, que la corrupción iba a terminar, así como la impunidad. ¡Si, ajá!

Ahora bien, si dejan salir a "Milo" de la cárcel por los acuerdos entre el fiscal y su papito Lozoya Thalmann, el presidente y la llamada 4T habrán acabado por completo con la bandera de la cero tolerancia a la corrupción e impunidad.

Hace tiempo escuché a un gran amigo y colega decir: “lo peor que le puede pasar a un reportero es volverse nota”, y coincido. Sin embargo, cuando una se vuelve nota a causa de una oprobiosa declaración de un criminal confeso, como Emilio Lozoya, lo menos que puede hacerse es defender a capa y espada esa dignidad y ese prestigio que he construido a lo largo de mis más de 20 años de trayectoria.

 

Me he vuelto nota. Sí. Lamentablemente. Sin quererlo, sin buscarlo, sin pretenderlo.

Ha sido una pesadilla que comenzó el 19 de agosto del 2020 cuando se filtraron las mentiras de Emilio en la denuncia que hizo ante autoridades 'quesque' para acceder a un criterio de oportunidad y librar la cárcel.

¿Por qué el Fiscal, la FGR, me ha negado la denuncia de "Milo" para defenderme? La respuesta sigo sin saberla. Pero después de solicitarla siete veces en la octava tuve suerte y me la dieron, pero para mi desgracia estaba testada y mi juez del Tribunal civil de la CDMX en la demanda civil argumentó que así no le servía, pues no tenía contexto para fincarle a "Milo" el daño moral en mi contra. ¡Ver para creer!

Este lunes 25 de abril se cumplen tres semanas de que presenté ante la FGR una denuncia más contra Lozoya por falsedad en declaraciones y sigo sin que la dependencia a cargo de Gertz me llame a ratificarla.

Más allá de filias o fobias, no logro entender o no quiero darme cuenta de que Lozoya está siendo cuidado por la fiscalía y hasta ha sido tratado como un verdadero “mirrey”, a pesar de que se fugó, engañó a la fiscalía, robó, mintió, recibió sobornos y ha hecho acusaciones contra terceras personas sin aportar una sola prueba que acrediten sus señalamientos.

Él no está en la cárcel por mi foto, sino por la indignación nacional que hizo que la llamada 4T por un tiempo cambiara la narrativa y por ser un “criminal confeso”.

Cuando me refiero a Lozoya como un “criminal confeso” lo hago no por revancha, sino amparada en lo que decretan nuestras leyes, pues para que el exdirector de Pemex haya solicitado un criterio de oportunidad y una eventual “reparación del daño”, primero debió admitir que cometió uno o varios delitos. Es decir, acepta su responsabilidad por asociación delictuosa, cohecho y lavado de dinero, ni más ni menos.

 

Lozoya me difamó, y además, cometió un delito más: el de falsedad de declaraciones y yo, a diferencia de él, sí tengo pruebas irrefutables para demostrar que es un criminal y vulgar mentiroso.

En mi carrera periodística siempre estuve del lado de cristal donde se observa y se informa. Pero ahora que me toca estar en el otro extremo, he vivido en carne propia que pretender alcanzar justicia en tribunales es un verdadero viacrucis.

Pero, y aunque tengo miedo, NO me callarán, así me revictimicen una y mil veces. Seguiré defendiendo mi dignidad, mi buen nombre, mi credibilidad y así con el ejemplo y con la frente en alto seguiré educando a mi hija en el sentido de que los principios y los valores son los mejores pilares que todo ser humano puede tener. ¿Eso pueden decir los papás de Lozoya sobre su hijo? Creo que no, pues a pesar de saber que me difamó lo siguen ‘consecuentando’ en lugar de hacerlo enfrentar los resultados de sus actos.

Así las cosas, hoy lo que está en duda no es la culpabilidad de Lozoya; lo que está en duda es… LA IMPARTICIÓN DE LA JUSTICIA.

__________________

Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única de la autora.

Publicidad
Publicidad