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#8M: la protesta de hoy y la pregunta para 2024

A las tensiones que jalonean al movimiento feminista, se suma ahora la pregunta por el 2024. Con motivo del 8M, Sandra Barba, editora y feminista publica en el espacio semanal de Carlos Bravo Regidor.
mar 08 marzo 2022 11:59 PM

Hoy las mujeres volverán a manifestarse. Motivos les siguen sobrando. Todo el día, toda la semana, se hablará de ellas. Abundarán, como siempre, datos lapidarios sobre feminicidios, discriminación y desigualdad de género; habrá muchas imágenes, consignas, testimonios y poco debate.

El feminismo mostrará, de nuevo, la urgencia de sus reclamos y la validez de sus argumentos. Realmente se ha convertido en el sentido común de muchísimas mujeres. También es cierto que el 8M empieza a sentirse como efeméride y algo puede perder con ello, pero que tantísimas mujeres se reúnan este día, año con año, es una demostración de la capacidad organizativa del movimiento y de la aceptación cultural del feminismo. “Pase lo que pase, ahí nos vemos”.

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¿Pase lo que pase, ahí siempre nos veremos? No lo sé, al feminismo mexicano lo tensan varios conflictos. Hay temas que unen a las feministas y otros que francamente las dividen: se han perdido amistades, se han roto alianzas, se conciben ya como rivales.

Por un lado, las reconcilia la lucha contra la violencia, por los derechos reproductivos, por obtener mayor representación política y en otros espacios de poder y por conseguir mejores condiciones de trabajo. Por el otro, las separan la gestación subrogada, las trans, el trabajo sexual y las divisiones de clase y raza.

A partir de 2018, también las divide su postura frente a López Obrador: hay quienes lo critican abiertamente, hay otras más pragmáticas (están en desacuerdo con el presidente, pero trabajan con su gobierno) y otras que incluso defienden al presidente y critican a una parte de las feministas (que ya no son sus compañeras). Hasta ahora los temas en común han sido más fuertes y en el 8M marchan juntas, sí, pero definitivamente no revueltas.

El movimiento, de por sí jaloneado entre estas disputas, enfrentará un nuevo desafío: las elecciones de 2024.

López Obrador, fiel al estilo que le sigue dando buenos resultados en las encuestas, minimiza la legitimidad de los reclamos feministas; si acaso los concibe como resultado de la pérdida de valores, de la erosión de la familia tradicional o de la larga noche neoliberal; al final termina insistiendo en que se trata de pretextos que usan sus adversarios para atacarlo.

El día anterior a este 8M hizo una distinción entre el feminismo legítimo, pacífico y que lucha por la igualdad socioeconómica, y otro que ni siquiera es realmente feminismo, porque es violento y está en contra de la transformación.

Claudia Sheinbaum, mientras tanto, trata de encarnar la alternativa del feminismo bueno, es decir, el de López Obrador. Llama al diálogo, convoca a la protesta pacífica, se hace arropar por otras mujeres de Morena. Pero, al mismo tiempo, reproduce el discurso del presidente, advierte que habrá violencia con un evidente propósito desmovilizador y descarta la posibilidad de un feminismo legítimo que no esté en Morena. Al hacerlo, trata de crear un puente entre dos posiciones y de proyectarse como quien habrá de resolver el dilema entre ser feminista y lopezobradorista.

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La elección presidencial de 2024 no será como las anteriores. Hasta el momento, todo indica que será la primera en la que realmente podría ganar una mujer, a diferencia de las previas, dominadas por hombres –cuando hubo candidatas, su probabilidad de triunfo fue pequeñísima–. Esa elección que se aproxima será la más difícil para las feministas.

Por un lado, pueden votar por Claudia Sheinbaum y romper el más alto techo de cristal, pueden contribuir a que México tenga –por fin– a su primera presidenta. Si así lo deciden, tendrán que ignorar varias declaraciones antifeministas de la jefa de gobierno, como cuando desprecia la autonomía del movimiento y se preocupa porque una supuesta mano derecha mueve la cuna.Tendrán que ignorar la confrontación directa con las policías de la Ciudad de México durante las manifestaciones, me refiero tanto a la fuerza numérica con la que salen a las calles como al encapsulamiento de quienes protestan y a los artefactos humeantes que “no son gases lacrimógenos”.

Tendrán que olvidar a “la jefa” imitando las palabras y el estilo de su jefe, el actual presidente. Esto es lo fundamental: al votar por Claudia Sheinbaum, ¿avanzarán las políticas feministas más urgentes en el país o contribuiremos al tokenismo?

Por otro lado, las feministas podrían no votar por ella, al recordar sus desaciertos, todas esas decepciones que sí han resentido, pero es poco probable que los otros partidos postulen a una mujer. Entonces ¿habría que votar por un candidato del PAN y del PRI o de MC?, ¿perderíamos la oportunidad de tener una presidenta (aunque sólo sepamos que es mujer, pero quién sabe si será feminista)?

Esta tensión entre ser obradorista y ser feminista, que creó y alimentó el presidente, no acabará con su sexenio.

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Nota del editor:

Sandra Barba, editora y feminista publica en el espacio semanal de Carlos Bravo Regidor.
Las opiniones de este artículo son responsabilidad única de la autora.

 
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