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#ZonaLibre | La otra guerra: el río de sangre mexicana

Seguimos viviendo una terrible historia de espanto colectivo y es perpetuo nuestro sometimiento ante los poderosos cárteles, aquellos que se autoproclaman dueños de nuestra paz y seguridad.
jue 03 marzo 2022 12:03 AM

El mundo se horroriza por lo que sucede en Ucrania. Decenas de videos se viralizan en las redes con bombardeos, grabados por ucranianos llenos de incertidumbre y miedo. Mientras, la determinación de Vladimir Putin se radicaliza y los intentos de frenar la guerra por parte de otros países fracasa.

Cuando las amenazas de Estados Unidos y Europa contra los ataques rusos se quedan en palabras y las caídas económicas parecen ser inevitables, México sigue viviendo una guerra interminable.

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El pasado 27 de febrero, un mensaje en redes desde San José de García, Michoacán, por parte del cártel Jalisco Nueva Generación nos recordó que los ríos de sangre siguen fluyendo por todo punto cardinal de nuestra república.

Se habla de 17 personas que al parecer fueron fusiladas, aunque sus cuerpos no han sido hallados. Cuentan los pobladores que aquella tarde fue un infierno, donde una turba de maleantes llegó a su pequeña comunidad, de unos 10,000 habitantes. Ese día solo se contaba con tres policías, quienes aparentemente fueron desactivados mientras era ejecutado Alejandro N. “El pelón”, quien se ostentaba como jefe de plaza de la zona, del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

Para Ricardo Mejía Berdeja, subsecretario de la Secretaría de Seguridad Pública y Ciudadana, todo se debió a un ajuste de cuentas dentro del mismo grupo delictivo. "Es decir, una diferencia donde hay intereses de carácter personal y familiar entre la cabeza de dos células. Uno que podemos ubicar como Alejandro alias El Pelón y otro Abel alias El Toro, ambos oriundos de San José de Gracia, con familias arraigadas ahí. Ambos pertenecieron al grupo conocido como Los Templarios y después al Cártel Jalisco Nueva Generación”, dijo el funcionario.

Lo que quizá llama poderosamente la atención es que, a pesar de que el pueblo de San José García se encerró por completo en sus casas con un evidente terror general, oficialmente no hay datos de lo ocurrido. Es decir, nadie vio; nadie escuchó; nadie pidió ayuda a las autoridades.

Seguimos viviendo una terrible historia de espanto colectivo y es perpetuo nuestro sometimiento ante los poderosos cárteles, aquellos que se autoproclaman dueños de nuestra paz y seguridad, arrodillándonos ante su prevalencia y régimen del pavor.

Solo en las primeras 72 horas que llevaba el ataque ruso contra Ucrania se reportaron 256 muertes de militares y civiles. Mientras que en ese mismo lapso, México registraba –oficialmente- 234 homicidios dolosos , ¡solo 22 menos que un país enfrentando un asalto por una de las naciones más poderosas en la faz de la tierra!

Narcoguerra imparable

Uno de los “nuevos fenómenos” que está ocurriendo este año es que los cárteles están limpiando las escenas del crimen; es decir, ahora se llevan los cuerpos de los asesinados y estos no han aparecido. Esto mismo se confirmó la mañana del pasado 1 de marzo en la conferencia matutina del presidente López Obrador, al señalarse que “unas máquinas llegaron al poblado para limpiar por completo la zona (donde se perpetuó la supuesta masacre)”.

El actual sexenio se va convirtiendo en el más violento de la historia moderna. Actualmente se libra una cruenta batalla que se ha normalizado, pero que tiene como rehenes a diversas ciudades del país. Se trata de la continua lucha entre el cártel Jalisco Nueva Generación y el denominado Cárteles Unidos, los cuales han sumado fuerzas para acotar el poder que ostenta Nemesio Oseguera Cervantes, alias “el Mencho”, un temible narcotraficante al que en narcomantas aseguran ya ha muerto y no dejó sustituto. Situación que las autoridades no han desmentido.

 

Quizá la mala salud –o fallecimiento- del líder del CJNG sea la causante de la narcoguerra contra la facción local del mismo grupo, supuestamente encabezado por José Bernabé Brizuela Meraz, la Vaca, el Animal, y/o la Bestia.

Más allá de tomar la violencia por causa del narco como una bandera política, deberíamos tratarla como una narcocultura que busca convertirse en una implantación aspiracional para millones de niños y jóvenes que ven en esta forma de vida una posibilidad de cumplir sueños de grandeza, poder y riqueza. Aunque el final de este terrible y nocivo negocio es la prisión o la muerte.

AMLO asegura que Felipe Calderón es cínico al referirse por la masacre en Michoacán; datos hay para no desmentir ese reproche luego de que el panista perdió la guerra que emprendió. Sin embargo, la realidad que nos aqueja y de la que colateralmente todos somos víctimas es responsabilidad actualmente de la llamada 4T, que parece no tener un claro manejo de la crisis; que no presenta alguna solución y que prefiere endosar la cantidad de muertos a los llamados “conservadores” y al pasado.

Como en Ucrania, aquí en México, todos seguimos perdiendo.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

 
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