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#ZonaLibre | Un milagro millonario para AMLO

Ante un panorama desolador, el país recibe una noticia: las remesas. No es un logro del gobierno en los 2 años de AMLO, lo hicieron otros mexicanos, con el sudor de su frente.
mié 02 diciembre 2020 11:59 PM
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El presidente celebró los millones de las remesas.

Con profunda devoción, la cabeza del presidente se suele inclinar ante la oración de un tercero. Ya sea que interceda por él un evangélico, un chamán o le dé la bendición un padre católico. Andrés Manuel no esconde su espiritualidad.

La fe o religiosidad del Ejecutivo ha sido un tema trascendente en el debate nacional. Cómo olvidar esa postal histórica cuando le mostró al país cuál era su defensa contra el amenazante coronavirus; era apenas el 18 de marzo de este fatídico año, cuando López Obrador levantaba sus amuletos de la suerte, un par de imágenes impresas del “corazón de Jesús”, un par de “escudos protectores”, como los llama. Esos talismanes, les llama los “detentes” y los guarda celosamente en su cartera.

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Pero el devoto no es propiedad de la religión católica, con un ánimo ecuménico, también dijo tener fetiches no sólo católicos, sino también de la religión evangélica y de librepensadores, los cuales aseguró son sus “guardaespaldas”.

López Obrador cumplió dos años al frente del gobierno que ha titulado de la “cuarta transformación”. Tendríamos que invertir miles de palabras, suficientes para redactar libros completos y así hacer un recuento de sus claroscuros al frente de la Presidencia.

Sin embargo, lamentablemente, pareciera que sus amuletos no le han traído la suerte que él y sus seguidores hubieran querido.

Entre la adoración y el oprobio

No hay día que el presidente no polemice un tema, buscando posicionarlo en la discusión social.

Para hacer un análisis mas o menos equilibrado, sin filias y fobias, se requiere ponerse en los zapatos de aquellos que lo defienden a capa y espada, al punto del amor ciego y fiel. Luego, tendríamos que ponernos, en la piel de aquellos que le critican y que rayan en el odio. Ambos lados tienen sus porqués.

 

Polarizador como nadie, AMLO estuvo incómodo en su segundo informe. Algo faltaba, el sazón no era el mismo que otros años. López necesita de sus fieles, de los aplausos sonoros y la parafernalia del ánimo de victoria que siempre prevalece en sus multitudinarios mítines. Con el pequeño y discreto círculo de colaboradores, Andrés más allá de levantar glorias a la 4T, se defiende de las constantes criticas a su –antes– prometedora gestión.

Ahí está el tabasqueño, una vez más hablando de “sus alentadores números”, como lo ha sido el ahorro de un billón 300 mil millones de pesos en su estrategia de austeridad.

Obrador ya no sonríe con la misma constancia como en las primeras conferencias mañaneras. Pero levanta los ojos con cierto orgullo cuando les informa a sus 80 invitados: “Con esta fórmula de combatir la corrupción y gobernar sin lujos, hemos cumplido con no endeudar al país, no subir impuestos ni precios de combustibles. Esta política económica nos ha permitido financiar programas sociales en beneficio de nuestro pueblo”.

Ciertamente, la pandemia vino a detener todos los anhelos del gobierno para mostrar los cimientos de una verdadera transformación social.

No es la culpa de AMLO que el COVID-19 llegara al mundo para escupirle odio en la cara. Sin embargo, a pesar de que el presidente presume un 71% de aceptación a su gobierno, los números no mienten, México es uno de los países con las tazas más mortales, que mundialmente es considerado un fracaso en todos los frentes frente a la pandemia.

 

“Sea la luz”

Derrotado, humillado por el coronavirus y la desgracia económica a la que nos encadenó, en México se vive un ambiente de muerte, como nunca antes había sucedido: violencia, feminicidios, violaciones, desapariciones, matanzas, peleas por el agua y la tierra, miseria, hambre y una polarización sin precedentes nos tienen atados a una situación deprimente y nada alentadora.

Ante este panorama desolador, el país recibe una noticia que se convierte en un bálsamo y refrigerio. No lo hizo ningún gobierno, lo hicieron otros mexicanos, con el sudor de su frente y el anhelo sincero de luchar desde lejos por sus familias y por ende, de su país.

En lo que va de este funesto año, las remesas que han llegado al país, desde el extranjero, ya suman 33,564 millones de dólares, un nuevo récord que se ha convertido en una de las poquísimas alegrías para los economistas mexicanos. En Banxico, consideran que al finalizar el año, se podrán alcanzar los 40,400 millones de dólares.

Ante esto, López Obrador dijo en su informe: “¡Es una especie de milagro social!". Y lo es, pues las imágenes religiosas y la devoción no fueron suficientes para un milagro, pero finalmente sí llegó, en forma de dólares que costaron miles de horas de duro esfuerzo. Cada centavo norteamericano se convirtió en la bendición para que nuestro país no se derrumbara por completo, luego de fiasco tras fiasco, de peleas inútiles, de tantos desencuentros entre el gobierno y las organizaciones sociales; entre tantos golpes en las presas e insultos dirigidos a la prensa y a quienes no piensan igual que el presidente.

Luego de tanta oscuridad, gracias a esos salvadores, a los millones de hermanos mexicanos que estando lejos no se olvidan de su tierra y parentela. ¿Qué seríamos sin ellos? ¡Benditos sean!

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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