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El pueblo es demasiado bueno

AMLO responde a las demandas de un pueblo que pareciera tener la barra muy baja. Subirla no requiere cambiar de raíz el modelo económico y las costumbres de la tecnocracia.
lun 25 mayo 2020 11:55 AM
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Las exigencias del pueblo tanto al gobierno como a la clase empresarial son muy bajas.

Nadie duda que López Obrador sea el legítimo representante de un pueblo que democráticamente lo eligió en condena a los abusos de la clase política y del poder económico. El problema es que ese pueblo que lo eligió, y al que AMLO responde, tiene demandas muy bajas y en ocasiones puramente simbólicas.

El problema más fundamental de la política mexicana no es la falta de oposición, como muchos analistas han esgrimido, sino algo más fundamental: la falta de un pueblo que le ponga la barra alta a los políticos. En una democracia, si un electorado se contenta con lo simbólico, el cambio simplemente no se gesta.

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No importa quién sea el opositor o qué partido esté a cargo. Mientras el mexicano promedio siga siendo tan generoso con sus gobernantes, tan comprensivo y tan poco vocal en demandar derechos, México no avanzará.

Ese mismo pueblo, de barra baja, es el que ha permitido el crecimiento grosero de la desigualdad sin llamar a cuentas al poder económico. El pueblo mexicano es comprensivo con patrones, dueños y millonarios, se siente agradecido por el trabajo que le dan, y concibe a la riqueza como algo deseable pero que simplemente “no me tocó”.

Pregunte a un trabajador informal, en la calle, si no quisiera un seguro de desempleo pagado por el gobierno. Lo mirarán como si fuera usted un extraterrestre y procederán a explicarle que “el gobierno no tiene dinero para esas cosas”.

Pregunte a un trabajador formal si no quisiera que se le pagaran su sueldo completo en la cuarentena. Lo mirarán con ternura y explicarán que sí les gustaría, pero que no se puede, que “el patrón no tiene para tanto”. Todo ello a pesar de que el patrón cuente con múltiples mansiones y esté pasando la cuarentena en compañía de su servidumbre.

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La clase media y alta supone que el electorado tiene la barra baja por la manipulación de “López” y sus “dádivas” (aka programas sociales). Esta suposición es falsa. Y es importante entender por qué.

La mayoría de las veces, lo que llamamos “clientelismo” es en realidad una acción mutuamente aceptada entre políticos y votantes. Los votantes aceptan esta forma de hacer política porque no tienen confianza en una agenda abstracta de política pública los ayude, y porque tienen necesidades apremiantes que resolver.

Así, ante la urgente necesidad de, por ejemplo, cemento y lámina, las demandas de las comunidades se vuelven esas. De hecho, los candidatos de todos los partidos saben que, si llegan a una comunidad sin conocer a los líderes locales, y prometiendo como su agenda solo “política pública” y “cambios de ley”, la gente más bien se ríe de ellos. Al respecto, vale la pena leer el trabajo de Antonio Álvarez.

Esto no quiere decir que las personas quieran lamina y cemento solo para ellos, de forma individual. De hecho, hay evidencia de que los votantes ven mal cuando se les dan cosas de forma directa y prefieren que se otorguen cosas a la comunidad en su conjunto, o al grupo que los representa. Los intercambios son comunitarios, y en muchos casos, basados en la confianza que se tiene en líderes y intermediarios locales.

Es por ello que es falso asumir que el pueblo es ignorante y manipulado. En realidad, el votante sabe lo que quiere, el problema es que se encuentran en situaciones en las que, incluso cambios mínimos, como recibir una lámina o cemento, mejoran enormemente sus condiciones.

La barra esta tan baja porque tenemos un país experto en cultivar expectativas bajas en todo.

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Los sueldos bajos han democratizado la pobreza y han vuelto al clientelismo atractivo. Así, los políticos pueden “salirse con la suya” de obtener el voto de las personas por una beca de 800 pesos porque creamos un país donde eso es equivalente al sueldo base de seis días de un trabajador.

La barra también la han bajado los mismos expertos que miden la pobreza. En nuestro país, el CONEVAL considera que alguien ya no tiene ingresos de pobre si gana más de 105 pesos diarios. Así, varios gobernadores se cuelgan la medalla de reducir la pobreza a la vez que una despensa, una lámina o un bulto de cemento siguen siendo atractivos.

Subir la barra de los votantes requiere crear una clase media y una población que demande derechos, y no se contente con poco. Y esa barra, no solo será alta para el gobierno, sino para los empleadores y los expertos.

Por muchos años, los poderes económicos han creído que se puede subir la barra de los políticos sin que se suba la de los empleadores. No es así.

Si algo ha demostrado López Obrador es que la democracia sólo dará lugar a un buen gobierno cuando las demandas sean no solo políticas sino también económicas.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única de la autora.

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