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#ColumnaInvitada | El Efecto Teflón

La victoria de AMLO trajo consigo la eliminación del gran opositor al gobierno; no existe hoy un AMLO 2 que contraste lo que dice y hace AMLO.
vie 15 noviembre 2019 06:00 AM
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Juan Francisco Torres Landa R. es miembro del Comité Directivo de UNE México.

La elección de julio de 2018 ha sido y seguirá siendo sujeta de muchos estudios en cuanto a su desarrollo, desempeño y resultados. Uno en particular que me gustaría destacar es que, con el tsunami electoral que implicó la victoria absoluta de Morena y su candidato, se generó un efecto inadvertido como fue la quasi destrucción de las demás fuerzas políticas del país.

Paradójicamente, la victoria de AMLO trajo consigo la eliminación del gran opositor al gobierno, sin que nadie ni nada haya asumido realmente ese papel de balance. El resultado es que la concentración de poder resultante en una sola persona no encuentra un balance al no haber contrincantes políticos que hasta la fecha hayan demostrado peso y relevancia.

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Así, lo que hemos visto a lo largo de ya más de un año es el ejercicio del poder por alguien que no conoce límites y que no tiene rivales para contener excesos. El tema nos coloca ante un escenario preocupante porque la concentración del poder se manifiesta con gran visibilidad al realizar tareas con pleno dominio de las funciones ejecutivas, legislativas y crecientemente incluso las judiciales. Tal tutela de los tres poderes y el consecuente impacto en los distintos niveles de gobierno no es algo que podamos ignorar o soslayar.

Se han venido cometiendo distintos errores significativos que se manifiestan, por ejemplo, en una caída vertiginosa en la confianza de inversionistas, disminución de generación de empleos, nulo crecimiento económico, destrucción de instituciones diversas (como los organismos constitucionales autónomos), pérdida de talento gubernamental, erosión de programas de apoyo social como guarderías y violencia intrafamiliar, etc.

Si la economía no ha caído aún de una forma mucho más precipitada (y el tipo de cambio se ha sostenido) es porque estamos pagando una sobreprima a las inversiones de cartera del extranjero, pero aún esa táctica tiene sus límites, representa costos muy altos, y puede sufrir embates drásticos en tan solo un par de días.

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En seguimiento a lo anterior, hay que hacer notar que han habido diversas opiniones informadas sobre los grandes defectos en las decisiones gubernamentales, sustentados en mejores prácticas, experiencia real y evaluaciones profesionales.

No obstante, dichas críticas no han trascendido al gobierno y mucho menos a la figura del Presidente. Parece que hay una especie de inmunidad a la crítica en que aún errores evidentes como la cancelación del NAIM en Texcoco, la instalación de la Guardia Nacional, la derogación de la reforma educativa, la expedición de leyes como la de extinción de dominio, la eliminación de guarderías infantiles, la aspiración a dar seguridad a base de regaños, y la realización de acciones improvisadas como el fallido intento de detención en Culiacán, no traen como consecuencia una real afectación a los niveles de aceptación del Presidente.

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Las preguntas son entonces por qué y hasta cuándo. El por qué me parece es debido a lo que indicamos líneas arriba, no existe hoy un AMLO 2 que contraste lo que dice y hace AMLO. La carencia de figuras reales de oposición ha minado esa posibilidad de una sana crítica. Con dignas excepciones en que momentáneamente hay pronunciamientos de líderes políticos, sociales o ciudadanos, existe un enorme vacío que no lo llena a la fecha nadie. Aún los esfuerzos desde sociedad civil son insuficientes. Por si esto fuera poco, las voces que sí llegan a ser disidentes se les denosta desde la palestra mañanera para disuadirlos de seguir en esa ruta, con un voraz ataque en redes sociales para los que osan contradecir al tlatoani.

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En este rubro, mención especial merece la notoria ausencia de organizaciones empresariales que reclamen públicamente lo que en corto todos afirman en cuanto a la nula calidad en las tareas gubernamentales, mismas que han generado enorme desconfianza y caída económica. Con la digna excepción de Coparmex y su dirigente actual, todas las demás brillan por su ausencia, o peor aún, en muchos casos se han convertido en los que incluso hacen eco de la tarea gubernamental convirtiéndose en los hechos en voceros del Presidente y no de su gremio. Parece que han decidido vender su lealtad a cambio de que sus intereses no sean afectados aunque eso signifique tronar las esperanzas de contar con un país en que las libertades, las instituciones y el Estado de Derecho prevalezcan.

El hasta cuándo durará el efecto de no permeabilidad de la crítica a AMLO es más compleja. En lo que he podido platicar con múltiples colegas, expertos y estudiosos parecería que el consenso es que dicha mina en la confianza ciega al Presidente va a ser el resultado de que se presenten un par de condiciones: por un lado una real debacle económica/social/política, y por la otra la ridiculización de la figura presidencial. Parece que no son excluyentes, sino que se deben dar ambas condiciones para que entonces el grueso de la población reaccione y pueda tener un juicio mucho más exigente. Es decir, se requiere que la impericia afecte a los bolsillos del ciudadano y que se atribuya a la persona que ya no es vista como una deidad, sino que se aprecie por la generalidad de la población como quien carece del talento, capacidad y seriedad para conducir el país (como lo que le sucedió a EPN iniciando el tercer año de su gobierno, justo después de Ayotzinapa).

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Lo malo de esta fórmula y reflexión es que para llegar a dicha circunstancia, que a todas luces es indeseable desde el punto de vista de tener un sano desarrollo nacional, nos vamos a tener que topar con un gran problema en la forma de una crisis generalizada. Lo grave incluso sería que ello traiga consigo una inestabilidad social porque se genere un proceso de culpas cruzadas propiciadas por la política de estigmatización y división social a la que hoy se recurre irresponsablemente.

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Así es que vemos un horizonte poco halagador. La imposibilidad de criticar con consecuencias el hacer gubernamental nos está orillando a que solamente con un impacto mayúsculo se podrá abrir los ojos de la población ante la impericia e ineptitud en muchas tareas gubernamentales. Ese efecto de que la crítica no trascienda e impacte está propiciando una bola de nieve. Que nos agarren confesados.

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Nota del editor: las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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