Aunque estos jóvenes suministran principalmente armas al cártel fundado por Joaquín “El Chapo” Guzmán, no se describen como miembros del grupo delincuencial ni profesan una lealtad particular hacia él.
El trabajo periodístico señala que los jóvenes no describieron un sistema de reclutamiento en el que los cárteles los obligaran a traficar armas. En cambio, relataron que comenzaron a comprar y vender armas de fuego a una edad temprana, en algunos casos como un pasatiempo, antes de convertirse en parte de una red internacional de tráfico de armas .
Las trayectorias de estos adolescentes hacia este comercio fueron distintas, pero todos pidieron permanecer en el anonimato debido a la naturaleza criminal de sus actividades. Uno de ellos señaló que se enteró, a través de amigos y redes sociales, de que existía un gran mercado para las armas de fuego y que en él circulaba una enorme cantidad de dinero.
Otro mencionó que comenzó a comprar armas para “ser cool” y dijo que después empezó a revenderlas al darse cuenta de lo “fácil” que era ganar dinero. Asimismo, los jóvenes coincidieron en que las ganancias por esta actividad pueden llegar a miles de dólares al mes.
“En muchos sentidos, los jóvenes que entrevisté son lo que podría esperarse de un adolescente estadounidense típico: preocupados por las chicas y las fiestas, pegados a sus teléfonos y ansiosos por obtener dinero y estatus. Pero los incentivos financieros pueden ser demasiado poderosos para alguien tan joven”, se menciona en la investigación.