“Los productores de fentanilo venden la droga al por mayor a transportistas, quienes envían la mayor parte a mayoristas—no más del 10% se destina a mayoristas en mercados de consumo doméstico”, refiere el documento.
El costo de la producción y las altas ganancias hicieron del fentanilo una sustancia atractiva para las organizaciones criminales.
“Durante la última década, el fentanilo producido de manera ilícita se ha arraigado profundamente en los mercados de drogas de Norteamérica, desplazando gradualmente a opioides menos potentes, como la heroína. Su atractivo para las redes criminales se debe a varios factores: es relativamente barato de producir, requiere una infraestructura mínima y, debido a su alta potencia, genera grandes ganancias a partir de volúmenes pequeños”, detalla el reporte.
En 2018 se tiene identificado que se establece la producción de fentanilo a gran escala, en particular en Sinaloa, tierra del Cártel de Sinaloa, una de las organizaciones que junto al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) es identificada por el gobierno de Estados Unidos como la principal productora distribuidora.
Durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador se rechazó que México produjera fentanilo. El entonces mandatario federal aseguraba que en territorio nacional solo se “traqueleaba” el opiode, aunque en México se han identificado laboratorios clandestinos en los que se fabrica fentanilo.
“A finales de la década de 2010, las redes criminales mexicanas se habían convertido en los principales productores y exportadores de fentanilo en la región. Este no fue un proceso centralizado: múltiples redes y actores independientes ingresaron al comercio en diferentes etapas, estableciendo operaciones paralelas de producción y exportación”, refiere el análisis.