Para Elysse Bautista, investigadora sobre los servicios de salud, esto es una inequidad. Ella coordinó el proyecto Código Cáncer de Funsalud, que por primera vez evaluó y sistematizó la infraestructura oncológica en México.
Los resultados de su investigación, publicada en la revista BMC Health Services Research, coinciden: la infraestructura es insuficiente. Pero, además, encontró que el problema es mayor en los servicios de salud para las personas sin seguridad social y estatales, donde solo 5% de los hospitales proporcionan atención contra el cáncer.
Es decir, algunas unidades médicas cuentan con lo necesario para diagnosticar el cáncer, pero no para tratarlo. Así que son pocos los pacientes que reciben la atención completa en un solo hospital.
"En muchos estados se puede sospechar o confirmar el cáncer, pero el tratamiento, especialmente la radioterapia y la cirugía especializada, está concentrado en pocas ciudades y esto obliga a los pacientes a trasladarse", explica la doctora en Salud Pública y epidemiología.
"Las largas distancias y este recorrido de estado a estado genera los retrasos que tenemos en el diagnóstico, en el tratamiento, los gastos del paciente, incluso el abandono del tratamiento", explica.
Al analizar la infraestructura necesaria para cinco tipos de cáncer (mama, pulmón, cervicouterino, colon y próstata), se observa otro problema: los hospitales con el equipo necesario para la atención de esos tumores no están donde hay más población o más casos.
La capacidad terapéutica no está donde vive la gente y no es suficiente. Tenemos brechas en el equipamiento",
Elysse Bautista, investigadora en servicios de salud
Falta inversión estratégica
Otro problema en México es que, dependiendo del tipo de cáncer, la falta de equipamiento puede ser peor. A nivel nacional hay más infraestructura para cáncer de mama, por ejemplo, que para el tratamiento de cáncer de pulmón.
Esto impacta, señala Bautista, porque el cáncer no es homogéneo, ni en su diagnóstico ni en el tratamiento. Se trata de un problema estructural, presente desde hace décadas, que tiene origen en la falta de inversión estratégica.
La última vía
A falta de respuesta en el hospital durante 26 semanas, Cecilia recurrió a las redes sociales. Compartió su caso, la tardanza en la atención. “Arrobaba todos los días a Martí Batres, (director del ISSSTE)”, recuerda.
Recibió apoyo de personas que vieron sus publicaciones y le recomendaron interponer una demanda de amparo. Al principio se resistió, no quería afectar a los oncólogos que sí la atendieron debidamente.
“Ellos no tienen la culpa, mi oncóloga hizo todo lo posible para darme la atención, pero eso ya no estaba en sus manos”, explica.
Pero el amparo era su última opción. Lo hizo un jueves. Cuatro días después, por fin, le darían la cita para su primera sesión de radioterapia.
Cecilia concluyó sus 25 ciclos de radioterapia y quimioterapia el año pasado. Actualmente sigue en vigilancia constante, con estudios cada 3 meses, y presionando al hospital por tratamientos para las secuelas, como la menopausia adelantada. También lucha por acompañamiento emocional y atención psiquiátrica.
El jueves pasado me dijo que todavía siente tristeza y a veces miedo y ansiedad. Su viaje por el sistema de salud ha sido duro. Hay saturación de servicios y retrasos para una enfermedad que, asegura, no detiene su avance.
“Pero, dentro de todo lo malo y traumático que fue, estoy viva. Y eso es lo que importa ahora”, comparte.