Para Tania Hernández Vicencio, investigadora y fundadora del Seminario Permanente sobre las Derechas en México, las reformas son “poco novedosas”, ya que desde 2001 se habían planteado cambios estatutarios, apertura a nuevas militancias, candidaturas ciudadanas o externas y elecciones de candidatos mediante encuestas que dieron como resultado un declive sostenido tanto en simpatizantes y en votos.
“Partamos de que Acción Nacional no está en crisis desde la elección pasada (2024) ni siquiera de la de 2018, sino desde el momento en que empezó a ser gobierno federal”, afirma en entrevista.
Estos cambios a sus documentos oficiales se dan en medio de la debacle que ha tenido el partido en los últimos seis años, en los que perdieron más de 5 millones de sufragios, las gubernaturas de siete estados, 26% de sus militancia y más de 10 curules y escaños.
Dentro del mismo partido, hay opiniones encontradas, entre quienes consideran que no hay cambios de fondo en la propuesta y lo que plantean que sí se necesita dar un viraje.
Adriana Dávila, quien compitió por la dirigencia panista en 2024 junto a Romero, señala que no hay cambios de fondo en el documento principal del partido político.
“(Las reformas) no tocan temas, evidentemente, fundamentales para demostrar un cambio, que además propusieron ellos. Lo que nosotros estamos viendo es que siguen exactamente las mismas cosas que ya estaban con alguna redacción distinta”, afirma.
Por su parte, Luis Felipe Bravo Mena, expresidente nacional del PAN, asegura que los resultados electorales de 2024 y las alianzas con partidos que en algún momento fueron rivales políticos, hizo que la nueva dirigencia tuviera que dar un “golpe de timón” para una reinvención que va más allá del logotipo.
“La manera de votar (en 2024) nos dijo que no era lo que le gustaba a la gente, necesitamos reconstruir sobre bases de equidad social, de justicia social y no solamente en reglas electorales”, dice.
Los cambios como los de Morena
Entre las modificaciones que se impulsan hay reglas parecidas a las de Morena, como la realización de encuestas para elegir a los contendientes a un cargo de elección popular, la formación de grupos locales para acciones políticas y la prohibición del nepotismo para las candidaturas, así como sancionar a aquellos que “difamen” o “calumnien” a otro panista.
Sobre la elección de contendientes, el partido impulsa que no solo sean elegidos por sus militantes, sino por los ciudadanos en general. Para ello existirán dos vías: ordinario y extraordinario.
El primer método contempla elecciones primarias abiertas a la ciudadanía, encuestas aplicadas por el PAN y un proceso interno de votación entre militantes. El segundo consiste en la designación directa por parte de órganos del partido y opera únicamente en casos de muerte, enfermedad, renuncia o no localización de un aspirante previamente elegido.
El PAN ya había recurrido a elecciones primarias para definir a su candidato presidencial. En 2005 participaron Alberto Cárdenas —exintegrante del gabinete del expresidente Vicente Fox—, Santiago Creel —respaldado entonces por el titular del Ejecutivo— y Felipe Calderón, quien ganó la contienda interna y posteriormente la Presidencia de la República.
En 2012 se repitió el método con la contienda entre Santiago Creel, como representante de la corriente foxista; Ernesto Cordero, exintegrante del gabinete de Felipe Calderón, y Josefina Vazquez Mota, ganadora de la candidatura presidencial.
Para la investigadora del Seminario de Derechas, las elecciones primarias ya fueron mecanismos probados que dejaron confrontaciones internas, mientras que el método de encuestas también se ha realizado con resultados a favor del grupo político que controla al partido.
Los panistas ya tienen la experiencia, ya tienen el diagnóstico y ya van 15 años tarde
Tania Hernández, investigadora del Seminario de Derechas
También se prohíbe el nepotismo en las candidaturas a partir de las elecciones de 2027, que es en una medida similar a la que adoptó Morena este mismo año.
Sin embargo, los panistas establecen una excepción a esta regla, ya que se menciona que no se aplicará en aquellas personas que acrediten una trayectoria reconocida en el ámbito político, social o en la función pública o que hubiesen ganado ante una elección ejecutiva o legislativa en la demarcación de interés.
Aunque esta restricción ya está prevista en la Constitución, su aplicación está programada para 2030, por lo que PAN –al igual que Morena– se adelanta a ese plazo.
Otros ajustes son fortalecer la estructura del partido rumbo a las próximas elecciones intermedias. Entre ellos, se incorpora como obligación de la militancia participar como representante de casilla cuando el partido lo requiera. La medida responde a la elección de 2024, cuando el PAN solo logró acreditar representantes en alrededor del 40% de las casillas del país; es decir, en la mayoría no contó con presencia propia para vigilar la jornada electoral.
Se crean los “grupos homogéneos” de militantes, los cuales estarán encargados de realizar actividades políticas de carácter electoral en comunidades, semejantes a los que conforman Morena y el PRI para su organización política territorial, pero estos partidos los llaman comités seccionales.
Los nuevos lineamientos panistas contemplan acciones por indisciplina, difamación, calumnia o ataques entre militantes o dirigentes, tal como el partido Morena aprobó este año en sus estatutos. Estos actos de indisciplina serán castigados con amonestación, privación del cargo o comisión partidista, cancelación de candidatura e inhabilitación para ser dirigente o contendiente y hasta con la expulsión del partido.
Pese a las similitudes con lo establecido con otros partidos, Bravo Mena considera que los nuevos estatutos del partido, buscan renovar la forma en que se discute y se aprueba la vida democrática tanto dentro del blanquiazul, como hacia el exterior.
Asegura que la renovación era un movimiento natural y necesario para la vida democrática interna y externa y que los tiempos actuales necesitan ideas nuevas, gente más joven y con visiones más amplias.
Debe ser una alternativa que sea capaz de retornar a una vida democrática en México, pero no con las mismas bases anteriores que ya los ciudadanos conocen.
Luis Felipe Bravo Mena, exlíder del PAN.