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La magnitud de la epidemia de COVID-19 no se puede medir en tiempo real

En México se han usado algunos modelos matemáticos y epidemiológicos para estimar el saldo del COVID-19, pero expertos coinciden que el número real no se puede saber en la actualidad.
vie 29 mayo 2020 05:45 AM
Estimaciones COVID
Los modelos matemáticos y epidemiológicos detrás de las estimaciones de COVID.

Saber el número exacto de personas contagiadas de COVID-19 tanto en México como en el mundo es imposible.

De acuerdo con especialistas, la dificultad depende de varios factores: la presencia de síntomas, de la velocidad y la capacidad de contagio, de la realización de pruebas y el momento en que se toman entre otros, debido a que es un virus y como agente infeccioso tiene la capacidad reproducirse exponencialmente.​

Por ello, existen distintos modelos matemáticos y epidemiológicos para estimar la magnitud de las pandemias, tanto de la mortalidad como de su alcance. Algunos modelos señalan que podría haber ocho veces más de personas infectadas, incluso hay unos que plantean que podrían ser 50 u 85 más, y muchos de ellos sin saberlo. Mientras que en el caso de la mortalidad, saberlo implica otras cuestiones de procesos para medirlo.

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Los modelos para estimar los infectados

El más conocido en esta epidemia en el país es el Sistema de Vigilancia Centinela. Es el que usó el gobierno de México para estimar cuántos contagiados había — incluyendo a quienes tienen síntomas leves— en la fase 2 de la epidemia.

De acuerdo con el subsecretario de Promoción y Prevención de la Salud, Hugo López-Gatell, con este modelo al 16 de abril, se estimaban 55,951 casos mientras que los reportados oficialmente eran 6,279, es decir 8.8 veces más. Para el 3 de mayo, señaló que había 104,562 casos más, de los 23,471 reportados ese día, o sea 4.5 veces más.

El resultado se basa en un muestro de 475 de las 2,600 unidades de atención de salud del país que reportan a la Secretaría de Salud semanalmente la frecuencia de consultas por Infección Respiratoria Aguda IRAG. Cuentan también las consultas por causas respiratorias identificadas, el porcentaje de positividad de SARS-CoV-2, es decir, la probabilidad de que esos casos sean COVID, y todo eso diferenciado por entidad y grupo de edad.

López-Gatell señala que la vigilancia centinela es eficiente porque acepta la realidad de que no se están documentando todos los casos leves y entonces se hace una adaptación para expandir el número con estimaciones basadas en la dinámica de la ocurrencia de la enfermedad, la demanda de atención médica y las características de las persona. En este ejercicio se cuenta solo los casos sintomáticos.

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Para algunos especialistas, usar este modelo no es válido, ya que se diseñó para enfermedades como la influenza y el COVID, aunque tiene características similares, no lo es.

Andreu Comas García, investigador de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP), sostiene que ese modelo es para enfermedades de las que se cuenta con el “conocimiento epidemiológico”.

“No podemos aplicar modelo centinela con el virus SARS-CoV-2, cuyo comportamiento clínico, geoespacial y referencial no conocemos”, comenta.

Para él, existe un submuestreo, ya que México es uno de los países que menos pruebas ha hecho, y señala que se están sobrerepresentando casos graves —que son a los únicos a los que se les hacen pruebas— y subregistrando casos leves —algunos de ellos no llegan a los hospitales o a laboratorios— y pasan desapercibidos.

La curva de las pruebas
La curva de las pruebas de COVID.

Con base en estudios internacionales, plantea que por cada caso, hay 10 infectados más, de los cuales al menos dos, no van a tener síntomas, seis síntomas leves y dos serán pacientes graves.

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¿Podemos saber cuántos asintomáticos hay?

Gustavo Cruz, del Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas (IIMAS) de la UNAM, señala que según estimaciones internacionales, utilizadas en lugares como Wuhan, por cada infectado podría haber hasta 50 más, incluyendo asintomáticos. De acuerdo con el modelo, el 23% de la población podría terminar infectada sin darse cuenta y sin la implementación de medidas de distanciamiento.

Enfatiza, que por ejemplo, en el caso de la Ciudad de México, con las acciones de mitigación, estiman que se llegaría a entre el 8 o 9% de la población, mientras que en casos como España e Italia, esto fue de 17%.

“Hay que tener con esos factores, esos factores fueron calculados desde el principio de la epidemia y es para todos los países, no solo en México. Eso es lo que hace tan difícil de controlar esta epidemia: que hay una cantidad enorme de gente asintomática que propaga la enfermedad”, dice.

Su estimación parte del concepto de R0 (Reproductivo básico), que es una medida epidemiológica para determinar la capacidad de contagio que puede tener una enfermedad. En el caso del COVID-19 se estima en 2.5, mientras que en casos como el sarampión es de 18. Por eso eran necesarias las medidas de distanciamiento, porque así se puede reducir el alcance.

Explica que en el caso del SARS del 2003, se pudo controlar de mejor manera porque solo los sujetos con síntomas podían propagar la enfermedad, lo que no sucede con el COVID, por lo que alguien sin malestares puede estar propagando el virus sin saberlo.

Cruz comenta que en varios países se considera que el 80% de los contagiados de COVID es asintomático. Pone el ejemplo de un estudio que hizo la Universidad de Stanford en abril, donde hicieron pruebas serológicas, en la población en la calle que no llegó al hospital, y daba un factor entre 50 y 85 casos más.

“En los países donde ya pasó el brote, ahora están ajustando los datos de cuántos enfermos hubo, y cuántos de cada clase. Es muy importante hacerlo (las estimaciones y conteos de los casos) a posteriori”, comenta el investigador que participó en la estrategia de la Influenza AH1N1 en 2009.

¿Los datos no son reales?

Los datos oficiales, actualizados diariamente por el gobierno federal, tienen retrasos en la notificación. Esto ha sido reconocido incluso por un consultor de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Jean-Marc Gabastou. Pero esto no significa, a decir de especialistas, que se estén “escondiendo los datos”.

El investigador del Cinvestav Nuevo León, Moisés Santillán, plantea que habría hasta tres veces más casos de los que se anuncian diariamente, solo por el retraso de aproximadamente nueve días que hay en el proceso de detección: desde que se presentan los primeros síntomas hasta que se registran y se confirman.

Santillán señala que la imagen que se da al día, refleja una situación en el pasado. Ejemplifica: Al 26 de mayo, debido a que la velocidad con que aparecen nuevos casos activos sufrió un incremento significativo alrededor del 5 de mayo, el número de personas que se han contagiado —y cuyos casos será confirmados eventualmente— es de cerca de 90,000 y 40,000 casos activos, que son “el motor” de la epidemia porque son los que pueden contagiar.

Estos datos serían de los sintomáticos, dado que se toman con base en los reportes oficiales, y en el corto plazo. De acuerdo con el académico, los datos que se presentan diariamente, “no nos da una idea de cuál es el estado actual de la epidemia, sino cuál era el estado días antes”.

Para él, hacer una estimación de la magnitud de la epidemia en tiempo real es complicado, pero coincide en que para eso existen los modelos matemáticos para hacer estimaciones, aunque reconoce que por la propia dinámica de la epidemia, pueden haber factores que modifiquen la estimación.

“Lo que hagamos ahorita va a tener un impacto de dos semanas”, afirma.

¿Y qué pasa con las estimaciones de mortalidad?

Si bien en este momento es complicado saber cuántos contagiados hay en realidad (la única forma sería aplicar pruebas a todos los mexicanos y esperando que no tengan contacto con nadie más para evitar que se puedan infectar), lo es aún más para saber con exactitud cuántas personas han fallecido por el COVID-19.

En un artículo en Nexos , Sebastián Garrido y Jorge A. Castañeda, plantean que hay una “discrepancia” entre los números de fallecidos que se publican diariamente y los que realmente se registraron en el día, debido a la fecha en la que se reportan las defunciones.

Toman el caso del 24 de abril, que al día de su publicación registraba 1,069 fallecimientos. A través de la apertura de datos del gobierno federal, pudieron identificar que con el paso del tiempo ese mismo día se iban añadiendo más decesos.

Es decir, los datos de mortalidad diarios, no necesariamente son los que ocurrieron un día antes, sino que se acumularon y ese día se registraron de manera oficial.

Así lo explicó en la conferencia del este miércoles, el subsecretario de Salud, donde dijo que el día de mayor letalidad fue el 15 de mayo, debido al tiempo que lleva hacerse el registro de defunción de las personas y no el 26 de mayo como se muestra en la estadística diaria.

El exceso de muertes

En las últimas semanas ha habido polémica por el exceso de muertes en el país, a raíz del virus SARS-CoV-2. Varios medios internacionales señalaron que solo en la Ciudad de México habría entre 3 y 5 veces más casos de los reportados. The Washington Post y Mexicanos Contra la Corrupción e Impunidad (MCCI) analizaron varias actas de defunción para calcular el número de muertes más que habría por COVID en la CDMX.

El gobierno de México explicó que la medición se hace comparando la mortalidad en años pasados con la ocurrida en este 2020. El director de Promoción de la Salud, Ricardo Cortés Alcalá, señaló que una vez que pase la crisis, se empezarán a analizar esos datos para poder tener una estimación más certera de cuántas muertes hubo en el país durante la pandemia.

Apenas en su comparecencia con los senadores, López-Gatell dijo que estiman que las muertes podrían llegar hasta 30,000 en México.

El analista de datos, Baruch Sanginés, señala que la información con la que se cuenta en este momento no es posible saber cuál es la cifra de decesos, pues las metodologías para hacerlo apenas se están construyendo.

“Por el momento no es posible –a menos que construyamos una muestra a nivel nacional de los certificados, porque es la única forma de verificarlo. Esas estadísticas se llaman estadísticas vitales, sí existen en México, pero desgraciadamente el proceso de estadísticas vitales es muy tardado”, asegura.

Por lo mientras, considera que es difícil que se pueda probar un subregistro de muertes sin tener acceso a esa información, que apenas está en proceso, ya que con esa base actualizada por lo menos por mes –como la tienen en otros países– sería posible ver las variaciones, lo que es una alerta para que se optimicen los datos.

“Es una llamada de atención para que estos procesos, en el futuro inmediato, se tengan que pulir, mejorar y que en todos los lados los registros civiles tengan las herramientas para hacerlo”, comenta.

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