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Las redes sociales son benditas y malditas al mismo tiempo: Olabuenaga

Ana María Olabuenaga habla sobre el impacto que tienen las redes sociales en el mundo real, con motivo de su nuevo libro: 'Linchamientos digitales'.
dom 17 noviembre 2019 07:15 AM
Ana María Olabuenaga
Ana María Olabuenaga es una de las publicistas más reconocidas del país. Su libro fue editado por Paidós.

Las redes sociales pueden ser benditas, como señala cada vez que tiene oportunidad el presidente Andrés Manuel López Obrador, aunque no se puede ignorar que también poseen elementos que son todo lo opuesto y que cada vez tienen más repercusiones en la vida real de las personas, explica la consultora y publicista Ana María Olabuenaga, quien habla de esto en su libro Linchamientos digitales, editado por Paidós.

En entrevista con Expansión Política, Olabuenaga expone cómo el mundo digital se ha vuelto un tribunal en el que las personas son juzgadas sin un debido proceso y encontradas culpables de acusaciones que en algunas ocasiones les cuestan sus empleos, su prestigio e incluso su vida, como ocurrió con el músico Armando Vega Gil, cuyo nombre salió a relucir en el movimiento #MeToo, en el cual se denunciaron casos de supuesta violencia sexual.

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“Un linchamiento digital, y en general todo tipo de linchamiento, da igual si es por causas justas o injustas, ese no es el tema, el tema es que no se sigue un debido proceso y se decide el prestigio, la reputación de una persona, se decide su futuro, y no hay ningún tipo de defensa viable”, comenta.

Olabuenaga indica que frente a estas situaciones las autoridades no solo de México, sino de todo el mundo, no han encontrado cómo legislar o normar las nuevas relaciones que se han establecido en el mundo digital, y señala que cuando ha habido intentos de hacerlo surgen los temores y las advertencias acerca de una posible censura.

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“Internet es un problema intratable, como una ecuación matemática que no tiene solución. No hemos encontrado cómo manejarlo, si nosotros nos metemos a legislar, entonces entran las otras voces que dicen ‘dónde está libertad de expresión’, y entonces viene ‘dónde está la censura’”, reflexiona.

Esta es la entrevista completa.

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¿Qué hay detrás de un linchamiento digital?
Hay de entrada un juicio moral: lo que está bien y lo que está mal, según este nuevo tribunal digital que hemos creado para todos. Este es el tribunal que decide lo que está bien, lo que está mal para nuestra sociedad en la que nos desarrollamos actualmente. ¿Qué hay detrás? Hay tanto linchadores que deciden perseguir esta afrenta que se considera que es un mal para todos, hay linchados, personas que a lo mejor sí cometieron un error o a lo mejor no, eso da igual en un linchamiento; hay gente que camina con las antorchas haciendo esta turba digital a través de retuits, de likes, y también hay los que cierran las ventanas y no quieren enterarse de lo que sucede... Hay mucha indignación, a veces no sustentada, y hay un ejercicio del poder desvirtuado.

¿En qué sentido se da este ejercicio del poder desvirtuado?
En el sentido de que los linchadores se sienten activistas que están actuando por el bien de todos y a lo mejor, al saltarse el debido proceso, no se dan cuenta de que ese es un atentado más grande contra la sociedad a la que quieren representar.

¿Las leyes mexicanas han quedado rebasadas?
Yo creo que son las leyes del mundo, no hemos encontrado todavía cómo normar nuestras relaciones en este mundo. Va a llegar el momento —creo yo— en el que el desbordamiento que estamos viviendo sea tan grande que vamos a tener que llegar a ello. Vamos a tener que hablarlo y vamos a tener que ponernos de acuerdo y a tener que firmar un nuevo contrato social. Eso creo va a suceder antes de lo que todos imaginamos, pero todavía no.

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¿Cuál es el papel que deben tener las autoridades ante los linchamientos digitales?
No tienen tanta injerencia como pensamos que pudieran llegar a tener. De hecho, los gobiernos, en general en el mundo, están bastante desacreditados precisamente por las redes sociales; entonces, tampoco es que vayamos a respetar en redes lo que digan los gobiernos. Lo que sí tienen que hacer es tratar de que se respete la ley hasta donde sea posible, pero lo que sucede es que muchas veces son las instituciones, como algunas empresas o algunos partidos, que si sienten que la turba digital los está forzando van a despedir a esa persona y se van a saltar cualquier tipo de derecho que tenga esa persona, con tal de que la turba se tranquilice.

¿Qué repercusiones tienen los linchamientos digitales en la vida real del país?
Tienen consecuencia legales, psicológicas, sociales, antropológicas. Ya hasta estoy pensando que va a llegar el momento en que tengamos que refundar la antropología porque estamos teniendo una nueva forma de relación. Por ejemplo, no hay espacio para la compasión, no tenemos tiempo de compadecernos del otro porque tenemos que dar retuits rápido, porque el time line nos está comiendo. Con esa rapidez para acusar, para condenar, para manifestarnos a favor o en contra de algo… no dan los tiempos para que se construya compasión, por lo menos para construir compasión necesitas un instante de verte, 10 segundos para tratar de empatizar, y hay mucho menos de eso.

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¿Qué proyectan las redes sociales de una sociedad?
Hay un autor, un italiano, Gianni Vattimo, que lo que decía es que lo digital es una ventana para reinterpretar lo social. A través de esa ventana está todo lo que somos, ahí está, pero hay tanto que es muy difícil desentrañarlo y organizarlo; entonces, por un lado, sí es una nueva reinterpretación y también es una proyección. Eso lo decía otro autor muy famoso, Marshall McLuhan, que son una proyección... también son una premonición de lo que viene.

¿Qué pasará con las nuevas generaciones si no empezamos a atender este mundo?
Va a ser muy difícil transitar por un mundo tan complejo en donde no se pueden decir tantas cosas, en donde todo lo privado es público. No se me ocurre cómo transitar en un mundo sin algo íntimo, privado, pero cada vez va más para allá con tanto miedo al otro, con tanto odio al otro. De repente suena como a frases existenciales como del siglo pasado, pero es cierto. ¿No has oído cada vez a más personas diciendo ‘yo ya no veo noticias, ya no lo soporto’? Porque ya las redes te están dando tanta tensión, es tanta emoción, tanta indignación la que te están dando, que dices ‘mi dosis es más que suficiente’.

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El presidente Andrés Manuel López Obrador dice que, aun cuando se usan para distorsionar, las redes esencialmente informan. ¿Tú qué piensas, informan o deforman?
Informan y desinforman brutalmente, las dos cosas al mismo tiempo. Son terribles y fantásticas al mismo tiempo, son benditas y malditas, al mismo tiempo y en todos lados del mundo, a cualquiera que se le ocurra abrirlas en este mismo instante.

¿Qué tan benditas son?
Benditas en el sentido de que le dieron voz a causas que estaban en la oscuridad injustamente, benditas porque visibilizaron proyectos y problemas; en ese sentido, benditas porque han dado voz a todo lo que necesitaba tener voz y malditas en todo lo otro que ya sabemos y de lo que hemos platicado.

¿Es útil para un gobierno promover temas o tendencias en las redes?
A veces sí, aunque depende de cómo lo hagan, porque tampoco lo hacen con mucha astucia ni con tanto profesionalismo ni eficacia. Sí puede ser muy efectivo, pero generalmente les sale el tiro por la culata.

¿Se puede medir el compromiso de una sociedad con su democracia a través de lo que ocurre en las redes sociales?
Sí, pero tiene muchos obstáculos. O sea, todo el hecho de las fake news sí es un atentado brutal a la democracia, ese creo que es el mayor peligro. Pero los algoritmos también tienen una parte antidemocrática tremenda, que es el hecho de que solo favorecen lo que a mí me gusta y eso es antidemocrático. No visibilizan el resto de la opiniones, sino solo favorecen con las que yo estoy de acuerdo, los productos que corresponden a mi género, mi edad y lo que me gusta. Eso es muy antidemocrático. Sí creo que tenemos que hacer algo para evitar que la tecnología nos deforme a nosotros.

¿En todo esto, qué papel deben tener los medios?
Los medios tienen que salvar esa situación, que las redes han deformado. Creo que vamos en el camino correcto, creo ya nos estamos dando cuenta de ello, creo que estamos regresando y eso a mí me da bastante aliento. Me da mucha tristeza ver a periódicos como The Guardian, como cualquier otro periódico de tanto abolengo, pedir donativos para poder seguir haciendo periodismo de investigación. Me parece tremendo, dramático. Los medios tienen que hacer eso, tienen que hacerla de watch dogs, tienen la responsabilidad de hacer periodismo de investigación con menos recursos que nunca, lo cual es terrible y lo entiendo, pero sí tienen que ser los perros guardianes de la democracia y de la verdad.

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¿Es viable pensar en un cambio a partir del activismo que se hace en las redes sociales?
A mí me parece que hay movimientos en las redes muy poderosos y muy loables, y creo que sí se puede pensar en ello. Hay sociólogos hablando de ello, esperando que suceda. Manuel Castells es lo que viene esperando desde hace tiempo, que se llegue a un activismo a través de las redes sociales.

¿Qué es lo que lo impide?
Lo impiden en parte los gobiernos, lo van coartando. También está el hecho de que hay que llegar a las calles para lograrlo; si no, se logra solo en lo digital y todo lo que está en medio metiéndose, todo este exceso de información y de desinformación.

¿Hasta dónde está el límite de la libertad de expresión en las redes sociales?
Yo creo que por el momento hasta donde dicta la ley, hasta que no atentes contra los derechos del otro, hasta ahí llega la libertad de expresión. ¿Los estamos entendiendo así? No. ¿Lo estamos ejerciendo de esa manera? No.

¿Qué no hemos aprendido a la hora de usar estas herramientas?
A verificar lo que vamos a decir y a verificar lo que estamos leyendo. Volver a leer lo que vas postear. Si hiciéramos eso, habría un cambio muy importante.

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