Lo que se dice poco es que la gran mayoría —80% de los trabajos informales, 25.8 millones— son en realidad opciones de subsistencia: personas que, ante la falta de empleos de calidad, salen a ganarse la vida por cuenta propia o en micronegocios. Son 13.8 millones en micronegocios con menos de 10 personas —muchas veces incluyendo al propietario y sus familiares— y 10.9 millones en trabajo por cuenta propia. Es decir, autoempleo. A ello se suman 1.1 millones en agricultura de subsistencia.
El restante 20% de los trabajos informales —6.3 millones— son empleos que incumplen la obligación de afiliación laboral: 2.6 millones en el sector agropecuario, 2.2 millones en las casas (trabajadoras del hogar) y 1.5 millones en empresas medianas y grandes, instituciones públicas y privadas, incluso en el gobierno. Es decir, trabajos informales que flagrantemente incumplen la ley.
Pero no es que estén creciendo. No hay datos que sustenten que los empresarios se "estén pasando a la informalidad", como se afirma con ligereza y sin evidencia.
La solución, por tanto, no es "fiscalización" o "regularización", sino acceso al seguro social. Para ello se requieren "puentes" con esquemas de subsidios transparentes, decrecientes y con incentivos claros. Si no... seguiremos igual.
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*Rogelio Gómez Hermosillo es Presidente Ejecutivo de Acción Ciudadana Frente a la Pobreza.
Nota editorial: Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.