Un fugitivo se atrapa con un operativo; una infraestructura de apoyo se desmonta con inteligencia patrimonial, notarial, inmobiliaria y bancaria, trabajo largo y poco fotogénico.
Lo que nadie quiere medir
Hay una paradoja que debería avergonzarnos.
México cuenta con Unidad de Inteligencia Financiera, Servicio de Administración Tributaria, fiscalías, registros públicos de comercio y reportes obligatorios de operaciones inusuales.
Y aun así, dos sociedades mexicanas aparecen en una sanción estadounidense por ataques a cajeros automáticos. Sospecho que la prevención falla menos por falta de leyes que por falta de uso: registros que no se cruzan, beneficiarios finales difíciles de rastrear, supervisión intermitente y fiscalías que investigan delitos, no patrimonios.
Tampoco medimos lo que importa.
Presumimos capturas de líderes, pero decapitar no es desmantelar: las redes financieras suelen sobrevivir a sus jefes. El indicador serio no es cuántos nombres entran a una lista, sino cuánta liquidez perdió la organización, cuántos bienes fueron decomisados con sentencia firme y cuántos funcionarios fueron procesados por proteger estas estructuras.
Sobre esto último, el silencio institucional es ensordecedor.
Un tema que falta: la soberanía informativa
Falta un asunto en la conversación: la soberanía informativa.
Cuando el mapa financiero del crimen en México lo dibuja el Tesoro de otro país, lo que se transfiere no es solo información; se transfiere agenda.
Washington decide qué nodos expone, cuándo y con qué propósito, y México reacciona. Esa dependencia no se resuelve con discursos nacionalistas, sino con capacidad técnica propia: analistas financieros, peritos contables, fiscales especializados y policías de investigación con formación en lavado de dinero y activos virtuales.
Qué haría un Estado serio
a) Una unidad nacional de investigación patrimonial, con fiscales, analistas de la UIF, peritos del SAT y policías ministeriales trabajando el mismo expediente desde el primer día, no por oficios sucesivos.
b) Un registro de beneficiarios finales que se cruce de manera efectiva con notarías, casas de cambio, plataformas de activos virtuales y registros inmobiliarios.
c) Supervisión sectorial con consecuencias reales para quien omita reportar operaciones inusuales.
d) Formación en inteligencia financiera en las academias de policía, hoy volcadas casi por completo al uso de la fuerza y al procedimiento de detención.
e) Evaluación pública de resultados: bienes decomisados, sentencias, funcionarios procesados.
La lista pendiente
El crimen organizado aprendió hace tiempo que el dinero es su verdadera infraestructura.
El Estado mexicano sigue aprendiéndolo cada vez que un comunicado extranjero se lo recuerda.
Podemos seguir celebrando listas, fichas y bloqueos, pero ninguno sustituye una investigación propia, sostenida y verificable.
Si la ficha de la DEA dice "México" o "Ciudad de México" importa menos que otra pregunta: quién, dentro del país, abrió las cuentas, firmó las facturas, cambió los dólares y guardó silencio.
Esa es la lista que todavía no aparece en ningún comunicado.
*Alberto Guerrero Baena es consultor especializado en Política de Seguridad, Policía y Movimientos Sociales, además de titular de la Escuela de Seguridad Pública y Política Criminal del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos, así como exfuncionario de Seguridad Municipal y Estatal. Puedes escucharlo con su análisis en Políticas de Seguridad los martes a las 5:25 hrs y los miércoles a las 18:20 hrs en MVS Noticias, en el 102.5 FM de la Ciudad de México. Escríbele a albertobaenamx@gmail.com y síguelo en redes sociales como @guerrerobaenamx
Nota editorial: Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.