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Viva México… según el corte disponible

La soberanía y la estadística patriótica se actualiza cada semana convenientemente, apunta Alberto Guerrero.
Cuatro elementos de las Fuerzas Armadas caminan con armas tras amenaza de bomba en Morelia durante las fiestas patrias de 2008.
Sinaloa regresa este año a las fiestas patrias tras dos ediciones suspendidas. El último festejo presencial abierto en Culiacán fue el de 2023, apunta Alberto Guerrero Baena. (Cuartoscuro)

El municipio que canceló la patria y la devolvió el mismo día.

La mañana del 14 de septiembre, el alcalde de Escuinapa anunció que no habría Grito. Explicó que la población no tenía ánimo: días antes habían asesinado a una maestra de preescolar en pleno centro, y el municipio arrastraba una cadena de homicidios de mujeres.

Por la noche, el mismo ayuntamiento informó lo contrario. Habría ceremonia protocolaria y verbena popular, con un operativo preventivo coordinado con corporaciones de los tres órdenes de gobierno.

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Entre una decisión y la otra no cambió absolutamente nada en Escuinapa.

No se detuvo a nadie por el feminicidio, no se desarticuló ninguna estructura, no mejoró ningún indicador. Lo único que cambió fue el cálculo político.

Y ahí está, en doce horas, el retrato más exacto de la soberanía mexicana en 2026: no se ejerce, se administra su apariencia.

La fiesta blindada

Sinaloa regresa este año a las fiestas patrias tras dos ediciones suspendidas.

El último festejo presencial abierto en Culiacán fue el de 2023.

La gobernadora interina Graciela Domínguez Nava sostuvo que existen condiciones en los 20 municipios y defendió la celebración con una frase de indudable eficacia emocional: las fiestas patrias nadie nos las debe robar.

Conviene mirar cómo se garantizan esas condiciones. Mazatlán despliega 365 elementos municipales y 101 unidades propias, pero solo alcanza un estado de fuerza aproximado de 7,700 elementos sumando a los tres órdenes de gobierno. En Culiacán se instala una unidad móvil del C2 frente a Palacio de Gobierno y Protección Civil prohíbe entrar a la explanada con agua envasada o con madera.


El secretario de Seguridad estatal fue todavía más explícito: el operativo depende de que lleguen los apoyos del Ejército, la Marina, la Guardia Nacional o la federación.

Traduzcamos.

El Estado mexicano puede producir una noche de paz en una plaza si concentra en ella una fracción desproporcionada de su capacidad coercitiva, revisa las mochilas de sus propios ciudadanos y les prohíbe portar objetos de uso cotidiano.

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Eso no es soberanía recuperada: es una burbuja de excepción con horario de cierre. La prueba está en la propia contradicción oficial, porque la gobernadora que declaró condiciones suficientes en veinte municipios reconoció, respecto de Escuinapa, que ahí no existían las garantías necesarias.

Una independencia que nunca terminó de fundar al Estado

La conmemoración opera como liturgia, no como balance.

Se celebra un acto de 1810 sin auditar jamás la tarea que dejó pendiente: construir una autoridad capaz de ejercer el monopolio legítimo de la violencia en todo el territorio.

México no lo logró en el siglo XIX, con caciques y guardias privadas; lo simuló en el XX mediante un pacto autoritario que administraba la ilegalidad en vez de suprimirla; y lo perdió en el XXI, cuando ese pacto se fragmentó sin que institución civil alguna ocupara el vacío.

La lectura antropológica incomoda más. Donde el Estado llega tarde, mal o corrupto, la comunidad no se queda sin orden: consigue otro. La gobernanza criminal no es ausencia de gobierno, es un gobierno alterno que cobra, arbitra, fija precios y castiga.

Compite en el mismo terreno y gana en oportunidad.

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La aritmética del alivio

Frente a eso, el gobierno federal opone una cifra.

El Segundo Informe reportó 51% menos homicidio doloso, de 86.9 víctimas diarias en septiembre de 2024 a 42.5 en julio de 2026; una semana después el Secretariado Ejecutivo actualizó a 53% con 40.8 diarias en agosto. La tendencia a la baja es real y negarla sería deshonesto.

Lo indefendible es su uso.

Un promedio nacional es el peor instrumento para describir un fenómeno territorialmente concentrado. Del 7 al 13 de septiembre el país registró 241 homicidios y Sinaloa encabezó con 25. El sábado 12 mataron a diez personas en Culiacán, Mazatlán y Escuinapa, horas antes de una marcha ciudadana por la paz.

El promedio bajó; Sinaloa no.

Y hay un indicador que el discurso nunca coloca al centro. En Sinaloa las privaciones de la libertad superan a los homicidios. El registro nacional de personas desaparecidas ofreció este año cortes incompatibles entre sí sin explicación pública.

Cuando el instrumento que mide la desaparición se vuelve inestable, el problema dejó de ser estadístico.

Un estado sin gobernador, municipios sin policía

Sinaloa celebra su independencia gobernada por una interina. El gobernador electo pidió licencia en mayo tras señalamientos de autoridades estadounidenses sobre presuntos vínculos con una facción criminal —que él rechaza—, volvió al cargo treinta y cuatro horas en agosto y se separó de nuevo.

Un estado donde el titular del Ejecutivo entra y sale por la puerta trasera no tiene un problema de seguridad: tiene un problema de soberanía interna.

Abajo, la fractura es peor.

En 2026 han sido asesinados 212 agentes de seguridad al corte del 10 de septiembre; 85 eran policías municipales y 66 estatales. Uruapan habría despedido sin justificación creíble a cerca de cien policías para 356,000 habitantes. Ese es el orden de gobierno que cada 15 de septiembre encarna al Estado frente a su pueblo, y la respuesta política ha sido proponer su desaparición en lugar de su reconstrucción.

La soberanía se prueba en la esquina

El discurso sostiene que la soberanía emana del pueblo.

Es cierto en la Constitución y falso en cualquier municipio donde el horario de circulación lo fija un grupo armado. No se mide en una arenga desde un balcón blindado: se mide en si una maestra puede volver caminando a su casa.

Nada de esto exige heroísmo, sino decisiones técnicas postergadas: carrera policial nacional con salario base garantizado por la federación y mando técnico civil; capacidad real de investigación en fiscalías, con metas públicas de esclarecimiento y no de detenciones; metodología única y auditable para medir homicidio y desaparición; presupuesto municipal de seguridad etiquetado e irreductible.

Mientras tanto, celebraremos la independencia con siete mil elementos cuidando una plaza, y llamaremos a eso soberanía.

La soberanía se prueba en la esquina

El discurso doctrinario sostiene que la soberanía emana del pueblo.

Es cierto constitucionalmente y es falso empíricamente en cualquier municipio donde el horario de circulación lo fija un grupo armado.

La soberanía no se mide en una arenga desde un balcón presidencial, estatal o municipal: se mide en si una mujer puede caminar a las once de la noche, si un limonero puede vender sin cuota, si un policía municipal puede patrullar sin ser ejecutado.

Nada de esto exige heroísmo, exige decisiones técnicas postergadas por comodidad política: un modelo nacional de carrera policial con salario base garantizado por la federación y mando técnico civil; capacidades reales de investigación en fiscalías estatales, con metas públicas de esclarecimiento y no de detenciones; una metodología única, auditable y externa para medir homicidio y desaparición; y presupuesto municipal de seguridad etiquetado e irreductible.

Mientras eso no ocurra, seguiremos festejando la independencia con el rigor de una obra de teatro: buena escenografía, público reducido, y un final que todos conocemos.
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*Alberto Guerrero Baena es consultor especializado en Política de Seguridad, Policía y Movimientos Sociales, además de titular de la Escuela de Seguridad Pública y Política Criminal del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos, así como exfuncionario de Seguridad Municipal y Estatal. Puedes escucharlo con su análisis en Políticas de Seguridad los martes a las 5:25 hrs y los miércoles a las 18:20 hrs en MVS Noticias, en el 102.5 FM de la Ciudad de México. Escríbele a albertobaenamx@gmail.com y síguelo en redes sociales como @guerrerobaenamx

Nota editorial: Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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