¿Morena también surgió en condiciones de represión? Quizá sería discutible si las hubo o no, pero lo cierto es que se concibió en un contexto de una gran movilización popular que tuvo un parteaguas en 2006.
Las acusaciones de que Andrés Manuel López Obrador y sus aspiraciones políticas constituían un peligro para México comenzaron a jugar en contra del Partido Acción Nacional (PAN), entonces en el gobierno. La elección presidencial de 2006 fue muy cuestionada, y más allá de si la razón le asistía al candidato opositor o al panista, la verdad es que se generó un marco de movilizaciones y protestas para manifestar desacuerdo por el cerrado resultado que le permitió a Felipe Calderón instalarse en el poder.
Una consecuencia importante fue que el PRD comenzó a aparecer como un vehículo sin la suficiente fuerza como para poder llevar a López Obrador a la Presidencia. El líder carismático, y experimentado, requería de una nueva concepción organizacional, la cual se encargó de construir con mucho éxito bajo las siglas de Morena.
No hay duda de que el partido de AMLO es hoy el de mayor influencia en México, y el que se perfila con mejor perspectiva tanto rumbo a la elección intermedia de 2027 como a la presidencial de 2030. Pero tras el periodo de movilizaciones, de respaldo y de exitoso rendimiento electoral se asoma la etapa difícil tras el alejamiento del líder fundador. El gran reto para el partido será mantener la unidad en los diversos territorios que se disputan sin contar más con la figura aglomeradora de su líder.
Sin embargo, cabe poner una pregunta a debate: ¿las nuevas fuerzas políticas que buscan su registro nacen en condiciones de represión, de grandes movilizaciones populares? Si la vida bajo el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum tiene claros tintes autoritarios, se supondría que una fuerza como Somos México adquiriría fuerza y lograría su consolidación. La marea rosa como el combustible popular que podría traducirse en éxito electoral para la nueva fuerza política. ¿Será así?
Las elecciones de 2027, a querer o no, nos mostrarán mucho más que resultados electorales. Constituirán un instrumento para medir si la oposición tradicional y la emergente ganan fuerza, y, por tanto, se tendría un indicador sobre sus acusaciones de régimen policial.
Por otra parte, si Morena supera sus divisiones, sus grupos comprenden la etapa de vida en que se encuentra su partido y se perfila con ventaja hacia su tercera elección presidencial –que, de ganar, confirmaría su predominancia–, le ayudaría a no darle la razón en sus críticas a sus opositores. El proceso electoral 2027 ya está en marcha.
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Nota del editor: Javier Rosiles Salas ( @Javier_Rosiles ) es politólogo. Doctor en Procesos Políticos. Profesor e investigador en la UCEMICH. Especialista en partidos políticos, elecciones y política gubernamental. Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.