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#Opidemia | ¿Cuál será el destino de los nuevos partidos políticos… incluido Morena?

Las elecciones de 2027, a querer o no, nos mostrarán mucho más que resultados electorales. Constituirán un instrumento para medir si la oposición tradicional y la emergente ganan fuerza.
elecciones mexico 2027
El gran reto para el partido será mantener la unidad en los diversos territorios que se disputan sin contar más con la figura aglomeradora de su líder, apunta Javier Rosiles Salas. (Foto: Isabel Mateos Hinojosa/ Cuartoscuro)

La democracia no genera las condiciones apropiadas para la aparición de partidos políticos exitosos. Por contradictorio que parezca, son los escenarios autoritarios aquellos que resultan ser tierra fértil para que nuevas organizaciones políticas se engendren.

Entre 1978 y 2005 aparecieron 307 partidos políticos en América Latina, de los cuales 244 se pueden considerar fallidos: 202 no lograron al menos 10% de los votos y desaparecieron; 20 sobrevivieron como partidos marginales (por debajo del 10% de los sufragios); 20 sí lograron 10% en al menos una elección, pero luego colapsaron, y dos obtuvieron 10% de los votos en cinco procesos consecutivos, pero entraron en crisis después de que su líder fundador desapareciera de la escena política (Levitsky, Loxton y Van Dyck en Challenges of party-building in Latin America, Cambridge, 2016).

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Es curioso que en la obra referida se destaque que en este periodo tan solo 11 partidos nuevos se puedan considerar ampliamente exitosos: tres en Brasil, tres en Chile, dos en El Salvador, y uno tanto en México como en Nicaragua y Panamá.

Qué tan vertiginosos han sido las transformaciones políticas por estas tierras que, de hecho, el Partido de la Revolución Democrática (PRD), el ejemplo mexicano, ya desapareció, y difícilmente se pueden considerar hoy como afortunados los casos salvadoreños –Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) y Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN)–, en un país en donde el partido del presidente Nayib Bukele, Nuevas Ideas, lo gana prácticamente todo.

Hay algo revelador en los hallazgos de Levitsky y sus colegas: “sostenemos que los partidos sólidos no surgen de una competencia democrática estable, sino más bien de un conflicto extraordinario: periodos de intensa polarización acompañados de una movilización popular a gran escala y, en muchos casos, de violencia o represión.

“Los episodios de conflictos intensos, como la revolución social, la guerra civil, la represión autoritaria y la movilización popular sostenida, generan los tipos de vínculos partidistas, organizaciones de base y cohesión interna que facilitan el éxito de la construcción de partidos”, afirman.

El PRD, sin duda, fue una respuesta a un régimen de partido hegemónico que requirió oxigenación tras las dificultades incrementales para simular una democracia, por más partidos satélite que orbitaran en torno del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

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¿Morena también surgió en condiciones de represión? Quizá sería discutible si las hubo o no, pero lo cierto es que se concibió en un contexto de una gran movilización popular que tuvo un parteaguas en 2006.

Las acusaciones de que Andrés Manuel López Obrador y sus aspiraciones políticas constituían un peligro para México comenzaron a jugar en contra del Partido Acción Nacional (PAN), entonces en el gobierno. La elección presidencial de 2006 fue muy cuestionada, y más allá de si la razón le asistía al candidato opositor o al panista, la verdad es que se generó un marco de movilizaciones y protestas para manifestar desacuerdo por el cerrado resultado que le permitió a Felipe Calderón instalarse en el poder.

Una consecuencia importante fue que el PRD comenzó a aparecer como un vehículo sin la suficiente fuerza como para poder llevar a López Obrador a la Presidencia. El líder carismático, y experimentado, requería de una nueva concepción organizacional, la cual se encargó de construir con mucho éxito bajo las siglas de Morena.

No hay duda de que el partido de AMLO es hoy el de mayor influencia en México, y el que se perfila con mejor perspectiva tanto rumbo a la elección intermedia de 2027 como a la presidencial de 2030. Pero tras el periodo de movilizaciones, de respaldo y de exitoso rendimiento electoral se asoma la etapa difícil tras el alejamiento del líder fundador. El gran reto para el partido será mantener la unidad en los diversos territorios que se disputan sin contar más con la figura aglomeradora de su líder.

Sin embargo, cabe poner una pregunta a debate: ¿las nuevas fuerzas políticas que buscan su registro nacen en condiciones de represión, de grandes movilizaciones populares? Si la vida bajo el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum tiene claros tintes autoritarios, se supondría que una fuerza como Somos México adquiriría fuerza y lograría su consolidación. La marea rosa como el combustible popular que podría traducirse en éxito electoral para la nueva fuerza política. ¿Será así?

Las elecciones de 2027, a querer o no, nos mostrarán mucho más que resultados electorales. Constituirán un instrumento para medir si la oposición tradicional y la emergente ganan fuerza, y, por tanto, se tendría un indicador sobre sus acusaciones de régimen policial.

Por otra parte, si Morena supera sus divisiones, sus grupos comprenden la etapa de vida en que se encuentra su partido y se perfila con ventaja hacia su tercera elección presidencial –que, de ganar, confirmaría su predominancia–, le ayudaría a no darle la razón en sus críticas a sus opositores. El proceso electoral 2027 ya está en marcha.
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Nota del editor: Javier Rosiles Salas ( @Javier_Rosiles ) es politólogo. Doctor en Procesos Políticos. Profesor e investigador en la UCEMICH. Especialista en partidos políticos, elecciones y política gubernamental. Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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