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De cadáveres contados a poder criminal medido: tarea pendiente

Bajar homicidios no equivale a desmantelar el poder de las organizaciones criminales, y el documento oficial nunca demuestra esa segunda afirmación, aunque la insinúa en cada línea.
Homicidios
Convertir cifras mensuales en promedios diarios no es incorrecto, pero sí modifica la percepción del fenómeno: un número absoluto abrumador se vuelve, en apariencia, más manejable, comenta Alberto Guerrero Baena. (Fuente: Margarito Pérez/Cuartoscuro.)

Contar muertos es fácil; medir poder, todavía no

El Gobierno de México presentó en agosto de 2026 su más reciente balance de la Estrategia Nacional de Seguridad: menos homicidios, más detenidos, más droga y armas aseguradas.

La narrativa es impecable en su construcción política.

El problema es que no resiste una auditoría técnica seria. Bajar homicidios no equivale a desmantelar el poder de las organizaciones criminales, y el documento oficial nunca demuestra esa segunda afirmación, aunque la insinúa en cada línea.

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Correlación no es estrategia

El reporte suma detenciones, aseguramientos y una caída del promedio diario de homicidio doloso —51% respecto a septiembre de 2024— y presenta el resultado como prueba de éxito estratégico.

Pero de una cifra de resultado no se desprende automáticamente una cadena causal.

Nada en el documento demuestra que los grupos criminales hayan perdido capacidad financiera, territorial o de reclutamiento.

Confunde indicador de resultado con evidencia de efectividad, el pecado original de cualquier evaluación de política pública mal hecha.

El engaño del promedio diario

Convertir cifras mensuales en promedios diarios no es incorrecto, pero sí modifica la percepción del fenómeno: un número absoluto abrumador se vuelve, en apariencia, más manejable.

Una evaluación rigurosa exigiría presentar simultáneamente homicidios absolutos, tasa por cada 100,000 habitantes, tendencia móvil de 12 meses y distribución territorial. El tablero completo no aparece en ningún lado del documento.

Sin denominador no hay verdad

518.7 toneladas de droga aseguradas y 2,725 laboratorios destruidos suenan contundentes. Pero sin conocer qué proporción representan del mercado criminal total, son solo volumen, no medida de efectividad.

Lo mismo ocurre con las armas: la pregunta correcta nunca es "cuántas", sino qué porcentaje de la capacidad armada de una organización fue realmente afectado.

El agujero financiero

Ésta es, para mí, la contradicción estratégica más grave del documento.

Un cartel no es solo hombres armados y droga: es una empresa criminal con capital, lavado, empresas fachada y protección institucional.

El reporte prácticamente no presenta el equivalente financiero de sus cifras operativas —cuentas congeladas, empresas fachada detectadas, extinción de dominio—, pese a que la propia UIF ya reportó, en mayo de 2026, haber incorporado 1,422 sujetos a su lista de personas bloqueadas con más de 4,000 millones de pesos involucrados.

Esa capacidad existe. No aparece donde debería: al centro de la estrategia.

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Detenciones sin justicia

63,564 personas detenidas entre octubre de 2024 y julio de 2026 es un indicador operativo, no de éxito de política criminal, mientras no sepamos cuántas fueron vinculadas a proceso, cuántas sentenciadas y cuántas simplemente liberadas.

Detener sin judicializar produce rotación: se detiene, se libera, se reorganiza, se vuelve a detener. Eso no es desarticulación; es administración de crisis disfrazada de victoria.

Extorsión: el delito invisible

El reporte presume 1,847 extorsionadores detenidos, pero la extorsión es de los delitos con mayor cifra negra en México.

Detener extorsionadores no equivale a reducir la extorsión, sobre todo en Michoacán, Guerrero, el Estado de México, Morelos y Jalisco, donde el crimen organizado ya opera como sistema económico paralelo: controla producción, precios y comercio, no solo trafica droga.

Michoacán y la concentración territorial

Siete entidades concentran 49% de los homicidios del país, con 5,058 casos entre enero y julio de 2026. Este dato, casi enterrado en el documento, debería ser el eje central de cualquier estrategia.

México no tiene un problema homogéneo de violencia: tiene ecosistemas criminales territoriales altamente concentrados que exigen estrategias diferenciadas, no una sola "estrategia nacional" aplicada por igual.

Washington ya cambió de pregunta

La acción de OFAC del 23 de julio de 2026 contra más de 50 personas y entidades del CJNG, enfocada en liderazgo, financiadores y redes ilícitas, es una señal inequívoca: Estados Unidos dejó atrás el paradigma de "capturar narcotraficantes" y avanza hacia "destruir ecosistemas financieros".

Si México sigue respondiendo con cifras de detenidos mientras Washington pregunta quién financia, qué empresas se usan y qué funcionarios protegen, la brecha de credibilidad solo va a crecer.

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Los ejes de una estrategia que sí mida poder criminal

Frente a este vacío, propongo seis ejes:

a) Una auditoría estadística verdaderamente independiente;

b) Un nuevo tablero centrado en un Índice de Desarticulación Criminal con cinco dimensiones (violencia, capacidad operacional, capacidad financiera, control territorial y captura institucional);

c) Inteligencia financiera como columna vertebral, no como anexo;

d) Protocolos objetivos —y judicialmente controlados— de investigación de infiltración política;

e) Medición de sentencias, no solo de detenciones;

f) Un Sistema nacional que rastree el desplazamiento criminal, porque el crimen organizado es adaptativo y lo que baja en un territorio con frecuencia reaparece en otro.

Conclusión: contar cadáveres no es derrotar al crimen

Hay razones reales para reconocer una reducción del homicidio registrado; la tendencia descendente del SESNSP no es una invención.

Pero reducir homicidios y desmantelar el poder criminal son fenómenos distintos, y el documento oficial jamás demuestra la segunda cosa.

El Gobierno ya tiene las piezas de una arquitectura de desarticulación —CNI, UIF, FGR, SAT, Fuerzas Armadas, SSPC—, pero las sigue presentando como acciones dispersas y cifras sueltas, no como sistema.

La próxima prueba de la Estrategia Nacional de Seguridad no será saber si México puede detener a más delincuentes. Será demostrar que puede identificar, judicializar y desmantelar las redes financieras, empresariales y políticas que garantizan que esos delincuentes sean reemplazados de inmediato.

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*Alberto Guerrero Baena es consultor especializado en Política de Seguridad, Policía y Movimientos Sociales, además de titular de la Escuela de Seguridad Pública y Política Criminal del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos, así como exfuncionario de Seguridad Municipal y Estatal. Puedes escucharlo con su análisis en Políticas de Seguridad los martes a las 5:25 hrs y los miércoles a las 18:20 hrs en MVS Noticias, en el 102.5 FM de la Ciudad de México. Escríbele a albertobaenamx@gmail.com y síguelo en redes sociales como @guerrerobaenamx

Nota editorial: Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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