Escuché hace unos días la entrevista de Ariadna Montiel con Denise Maerker y me quedé sumamente preocupado. Ante los duros cuestionamientos de la periodista sobre los presuntos vínculos de Morena con el crimen organizado y sobre el supuesto colaboracionismo de algunos cuadros oficialistas con el gobierno estadounidense, la dirigente nacional de Morena responde una y otra vez que el partido oficial está esperando a que las autoridades competentes investiguen y juzguen cada caso; sólo después de eso, se pronunciará y, en su caso, dictará una sanción contra quien resulte culpable, sin importar quién sea.
Ganar tiempo, ¿para qué?
De modo similar, Maerker le pregunta a Montiel sobre el doble rasero del oficialismo al procesar expeditamente a Ernesto Ruffo, exgobernador panista de Baja California por huachicol, y al acusar severamente de traición a la patria a Maru Campos, gobernadora de Chihuahua por el PAN, en contraste con el respeto a la presunción de inocencia en los casos de Rubén Rocha Moya y Marina del Pilar Ávila. La lideresa de Morena responde, nuevamente, alegando que la Fiscalía General de la República y el Poder Judicial son autónomos, por lo que no hay doble rasero en realidad. Más bien, Morena respeta los cauces legales y los tiempos jurídicos, por lo que está esperando a que las fiscalías y los jueces procesen los casos de Rocha y Ávila.
Además, la dirigente añade que las autoridades mexicanas no se deben dejar presionar por Estados Unidos. Por el contrario, deben procesar estos casos siguiendo sus propios ritmos y sus propias lógicas. De otro modo, estarían atentando contra la soberanía nacional al guiar su actuación con base en las expectativas de una potencia extranjera. Así pues, de acuerdo con Montiel, hay que esperar pacientemente a que las fiscalías y las cortes —entes independientes y totalmente ajenos a la intervención gubernamental— investiguen y, en su caso, sancionen las conductas de los gobernadores morenistas.
El discurso de la presidenta Sheinbaum, del secretario García Harfuch y de otros cuadros prominentes de Morena y del gobierno federal es muy similar al de Montiel. Quizá es menos descarado, mejor elaborado y más articulado, pero los argumentos son los mismos: el Ejecutivo federal y el partido oficial no pueden hacer nada en los casos de presuntos vínculos de funcionarios públicos con el crimen organizado; sólo pueden esperar pacientemente a que las autoridades judiciales hagan su labor. De otro modo, estarían minando la soberanía nacional y la división de poderes al mismo tiempo.
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Dejemos por un momento de lado que el discurso es simplemente falaz, al presuponer una división de poderes y una independencia judicial que no existen en México. Lo preocupante es otro elemento del discurso. Lo ejemplifico con otro tema: la retórica del secretario Ebrard respecto a la renovación del T-MEC es parecida. El escenario de la revisión del tratado no es ideal, toda vez que Estados Unidos no ha aceptado renovarlo y las discusiones para ello se mantendrán abiertas al menos durante otro año. Pero no hay que preocuparse demasiado; tan sólo hay que esperar a que los equipos negociadores de los tres países hagan su labor y, tarde o temprano, la certidumbre regresará al comercio norteamericano.
Lo que une a todos estos discursos es que buscan ganar tiempo: sacudirse la presión de Estados Unidos para perseguir y extraditar a funcionarios y políticos con posibles nexos criminales; esperar a que las aguas se calmen en Washington hasta que sea un momento más propicio para renovar el T-MEC; enviar un mensaje de calma en el interior de Morena sobre la no persecución de los posibles delitos en aras de mantener la unidad del partido.
Lo que no está claro es para qué quieren ganar tiempo. ¿Qué buscan hacer el gobierno federal y Morena con el tiempo que están comprando? La entrevista de Montiel es un llamado a la preocupación: en una hora de entrevista no da ni una sola respuesta, ni siquiera un esbozo de ella.
Por supuesto, hay cosas que en política se deben gestionar en la oscuridad. No todo puede ser público y hay estrategias que funcionan mejor en las sombras. Sería no sólo inviable sino incluso indeseable que el gobierno revelara todos sus planes para lidiar con Trump y romper las alianzas entre políticos y criminales.
Sin embargo, mi temor es que el propio oficialismo carece de claridad sobre qué hacer con el tiempo que está comprando. Pareciera que la coalición morenista está pateando los problemas hacia delante pero no sabe cómo solucionarlos una vez que el tiempo se agote. Y esto no sólo aplica para el T-MEC, la unidad del partido y los vínculos entre políticos y criminales, sino también para otros problemas como la falta de inversión, la estrechez del espacio fiscal y la fragilidad de las finanzas públicas.
La coalición oficialista está actuando como esos equipos de futbol que solamente salen a “hacer largo el partido”. Buscan evitar que el cuadro rival anote, pero no proponen una estrategia para contragolpear y hacer un gol. Pierden tiempo, se llevan el balón al córner, piden faltas en cada jugada, ensucian el partido, pero no proponen nada a la ofensiva. A veces este esquema funciona y el juego termina cero a cero, pero es más común que el equipo que juega así reciba un gol y luego no sepa cómo cambiar el esquema para empatar el marcador. Mucho me temo que eso le puede ocurrir a Morena con todos estos problemas.
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Nota del editor: Jacques Coste es internacionalista, historiador, consultor político y autor del libro Derechos humanos y política en México: La reforma constitucional de 2011 en perspectiva histórica (Instituto Mora y Tirant lo Blanch, 2022). Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.