Un operativo grande no es un operativo inteligente
El Gobierno de la Ciudad de México desplegó más de 10,000 elementos esa noche —4,200 policías en Paseo de la Reforma, 3,300 en el Zócalo, 291 en los Festivales Futboleros—, además de filtros de alcohol, cierre de estaciones de Metro y casi 60 puntos alternos de transmisión.
En volumen, el operativo fue considerable. Pero el manejo de multitudes no se mide en número de uniformados: se mide en si existió, o no, un mecanismo capaz de cerrar el acceso a un espacio saturado antes de que la densidad se volviera letal.
Con la información disponible hasta ahora, ese mecanismo no operó, o no operó a tiempo.
La propia jefa de Gobierno, Clara Brugada, reconoció que la afluencia posterior al partido "superó lo previsto" y que miles de personas siguieron desplazándose hacia Reforma una vez terminado el encuentro.
Reconocerlo es honesto; que haya ocurrido es el problema.
La física no negocia con el protocolo
Conviene ser preciso en el lenguaje: lo que mata en estos eventos no es "el caos" como abstracción, sino un fenómeno físico bien documentado en la literatura internacional de crowd science —la compresión progresiva o "crowd crush"—, donde la fuerza acumulada de miles de cuerpos empujando en la misma dirección alcanza magnitudes que ninguna persona en el centro de la masa puede controlar por sí misma.
Esto no es nuevo ni es exclusivo de México: el Informe Taylor tras Hillsborough (1989) documentó el mismo patrón, y desde entonces la doctrina internacional es clara —el control de densidad en tiempo real y la autoridad de cierre dinámico de accesos no son un lujo técnico, son la diferencia entre una fiesta y una tragedia.
No tengo evidencia de que Ciudad de México cuente hoy con un sistema de monitoreo de densidad por cámaras con activación automática de cierre; si existe, no fue suficiente ni oportuno la noche del 30 de junio.
El testimonio que la autoridad no ha desmentido
Un reportero que quedó atrapado bajo la multitud declaró a un medio nacional que el colapso ocurrió porque "la gente seguía ingresando... nadie restringió el acceso".
Es un testimonio individual, no una cifra oficial, y debe tratarse con esa cautela.
Pero es exactamente el tipo de señal que una autoridad seria no puede archivar como anécdota: si se confirma, apunta a una falla de mando en el punto exacto donde el protocolo debía activarse y, aparentemente, no lo hizo.