El informe formaliza lo que algunos analistas venimos advirtiendo desde hace tiempo: Estados Unidos dejó de tratar el tráfico de fentanilo como un problema criminal ordinario para elevarlo a categoría de amenaza de seguridad nacional. Los principales cárteles mexicanos fueron designados como Organizaciones Terroristas Extranjeras y como Specially Designated Global Terrorists.
Esa clasificación no es semántica. Es jurídica, financiera y operativa. Abre facultades legales extraordinarias: persecución de financiadores, sanciones secundarias, congelamiento de activos, ampliación de jurisdicción extraterritorial.
México puede no aceptar esa doctrina, pero no puede ignorar sus consecuencias.
La cooperación como postura, no como práctica
El gobierno mexicano ha desarrollado una habilidad notable: hablar de cooperación sin practicarla de manera consistente. La retórica de la soberanía ha sido invocada con tanta frecuencia y con tanta amplitud que ha dejado de ser un principio jurídico para convertirse en un mecanismo de evasión política.
El informe estadounidense reconoce avances bajo la administración de la presidenta Sheinbaum: mayor número de decomisos, destrucción de laboratorios, participación en el Security Implementation Group, algunas extradiciones relevantes.
Eso habla bien de ciertos esfuerzos institucionales. Sin embargo, el mismo documento señala que esos avances resultan insuficientes frente a la magnitud de la amenaza.
No lo dice como provocación. Lo dice porque los datos lo respaldan.
La pregunta que el gobierno mexicano no ha respondido con claridad es esta: ¿dónde están los límites reales de la cooperación?
Porque dentro del marco constitucional mexicano, dentro del derecho internacional y sin ceder un milímetro de soberanía efectiva, existe un amplio espacio de acción que no ha sido aprovechado.
Compartir inteligencia financiera sobre redes de lavado, fortalecer la persecución patrimonial de organizaciones criminales, transparentar los resultados del combate al tráfico de precursores: ninguna de esas acciones requiere violar la Constitución.
Requieren voluntad política. Y esa es precisamente la variable que escasea.