Lo que realmente necesita México: propuestas para salir del lodazal
México requiere urgentemente una nueva arquitectura jurídica en materia de seguridad y cooperación internacional que sea funcional, no decorativa.
Primero, una reforma integral a la Ley de Seguridad Nacional que sustituya el laberinto burocrático actual por protocolos claros, ágiles y verificables de cooperación operativa, con responsabilidades explícitas para cada nivel de gobierno y candados penales —no solo administrativos— para quien los viole.
Segundo, la creación de un mecanismo permanente y autónomo de supervisión de la cooperación bilateral en seguridad, con capacidad técnica real, que reporte al Congreso y no quede subordinado a los vaivenes del Ejecutivo.
Tercero, el establecimiento de un sistema de acreditación operativa diferenciada —no solo diplomática— que permita a agencias extranjeras participar en inteligencia y formación bajo términos legales claros, superando la hipocresía de prohibir en papel lo que se permite en los hechos.
Cuarto, la obligación legal de que los gobernadores y fiscales estatales informen al Gabinete de Seguridad federal sobre cualquier coordinación operativa con agencias extranjeras, con sanciones concretas por omisión. Sin mecanismos de control multinivel, la Ley de Seguridad Nacional es solo papel impreso.
Soberanía de papel, realidad de plomo
México tiene una ley que prohíbe lo que el crimen organizado obliga a hacer.
Tiene un discurso de soberanía que se desmorona en cuanto choca con la geografía del narco. Tiene un gobierno federal que se entera de operativos clandestinos extranjeros porque hay un barranco en Chihuahua con cuatro muertos.
La pregunta no es si México debe cooperar con Estados Unidos en materia de seguridad. La respuesta ya la dio la realidad: sí coopera, lo hace, y los resultados son tangibles.