Los perfiles idóneos: más allá del uniforme
Los titulares de seguridad municipal necesitan experiencia operativa demostrable, formación en gestión pública, comprensión de inteligencia criminal, y capacidad de liderazgo institucional. No basta haber sido policía; hace falta haber sido buen policía.
Los perfiles idóneos combinarían antigüedad en la institución, evaluaciones de desempeño destacadas, cursos de especialización completados, y, crucialmente, referencias verificables de superiores anteriores.
Un mando sin historia policial es un mando sin legitimidad frente a sus subalternos.
Blindar la meritocracia: mecanismos de protección institucional
La solución técnica más efectiva es la independencia del proceso: crear comisiones evaluadoras integradas por académicos especializados en seguridad pública, miembros del Instituto Nacional de Seguridad Pública, representantes de corporaciones policiales exitosas en la región, y un observador ciudadano certificado. Estas comisiones no deben reportar al presidente municipal, sino al cabildo completo y a instancias estatales de evaluación.
Las decisiones deben publicarse con justificación técnica detallada, permitiendo impugnaciones y revisiones.
Una novedad viable sería establecer períodos de evaluación a mitad del mandato: si un titular no cumple métricas objetivas de desempeño, puede ser removido sin esperar fin de trienio.
Actores clave y áreas de auscultación
Los municipios deben convocar a universidades locales, colegios de profesionales en seguridad, representantes de organizaciones civiles dedicadas a seguridad pública, y delegados del SNSP.
Estos actores validarían requisitos, supervisarían convocatorias y garantizarían transparencia. Las corporaciones estatales de seguridad también tienen rol crucial: pueden proporcionar benchmarks de desempeño, asesoría técnica y referencias sobre candidatos que hayan trabajado en operativos interinstitucionales. El gremio policial, aunque conflictivo, posee información valiosa sobre trayectorias reales de sus afiliados y debe tener voz con voto a través de un representante decano.