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Seguimos hablando de ideologías como si importaran

El mundo ha cambiado en los últimos 50 ó 60 años. La sociedad se transformó. El acceso a la información, y a la desinformación, generaron visiones muy distintas en la gente, abonando a los extremos.
lun 19 enero 2026 11:59 PM
Seguimos hablando de ideologías, como si importaran
Las ideologías mutaron a ser meras narrativas de pequeños grupos que se fueron alejando de la mayoría. Élites que pretendieron saber mejor que la gente lo que necesitaban y lo que les convenía, pero que cada vez menos estaban conectados con esa gente. Perdieron valor y significado, señala Don Porfirio Salinas. (Foto: iStock)

Entre los opinadores y los analistas políticos, se ha vuelto demasiado común espetar izquierda o derecha a la menor provocación. O porque se critica o porque se vanagloria a algún personaje político o a algún gobierno.

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Esto se ha trasladado a las conversaciones de aquellos pequeños círculos o cajas de eco en la sociedad. Esos grupos pequeños que, sin estar en política ni conocer mucho de ella, hablan con enjundia cuando se trata de defender o señalar a un gobierno o gobernante.

Decíamos en la entrega anterior que está de moda hablar de los cambios de gobierno que se están dando en América Latina, incluido el forzado en Venezuela, y a veces los de otras partes del mundo.

Pero, ¿siguen realmente significando algo los conceptos de izquierda o derecha? ¿Siguen teniendo sustento, y resonancia en la sociedad? Quienes tanto usan estos conceptos, ¿realmente entienden lo que significaron en su momento, y si eso sigue vigente?

El mundo ha cambiado mucho en los últimos 50 ó 60 años. La sociedad se ha transformado. El acceso a la información, y a la desinformación, han generado visiones muy distintas en la gente, abonando a los extremos.

En este contexto, las dinámicas políticas no parecen entender cómo adaptarse. Pasamos de una era de cierta conexión de la política con la sociedad, a una en la que se le dejó de ver y escuchar, a la actual en la que se hace como que se escucha, pero solo usando a la gente para acceder al poder.

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Desde hace tiempo, ha quedado claro en el mundo que las ideologías como se conocían ya no son representativas de la población, si alguna vez lo fueron. Ya no tienen fondo, son solo discurso.

Las ideologías mutaron a ser meras narrativas de pequeños grupos que se fueron alejando de la mayoría. Élites que pretendieron saber mejor que la gente lo que necesitaban y lo que les convenía, pero que cada vez menos estaban conectados con esa gente. Perdieron valor y significado.

Hoy, lo que debería importar a políticos y gobiernos es resolver los crecientes problemas sociales, o al menos no generar más. Realmente escuchar, entender y atender a la gente, no solo usarlos.

Y esto debería traducirse en agendas, en causas y en acciones de gobierno que realmente reflejen las necesidades, inquietudes y demandas de la sociedad, de todos sus segmentos no solo de algunos.

Decir que se es de izquierda o de derecha ya es irrelevante para las mayorías. Estos conceptos ya son solo camisas de fuerza que no reflejan los cambios sociales de las últimas décadas. Y los principios que alguna vez tuvieron, ya están diluidos; tanto, que a veces pareciera no haber diferencias.

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La población se siente cada vez menos representada, menos comprendida. Y eso es lo que ha dado paso a tantos liderazgos populistas, de todo el espectro político, que hábilmente hacen sentir escuchada a la gente, su enojo, su rencor; pero nada hacen por ellos una vez en el poder.

Por eso urge que el sistema político cambie de fondo, se transforme y se reinvente para volver a conectar con la sociedad. Y eso solo sucede con, al menos, tres acciones indispensables:

1) Realmente escuchar, no oír, a toda la sociedad en su conjunto, hasta los grupos más disímbolos. Con plena disposición de aguantar sus críticas a nuestros errores. Escuchar qué necesitan y qué buscan de quienes pretenden representarlos.

2) Entender sus razonamientos, sus inquietudes, sus necesidades. Y qué es lo que buscan de un gobierno. No se trata sólo de escuchar, sino de comprender lo que nos están diciendo.

3) Tener la habilidad de traducir todo eso en agendas concretas, que representen a todos, y con ello construir ofertas políticas congruentes. Empezar por los puntos comunes, que siempre los habrá (seguridad, servicios públicos, salud, educación, etc.); y después ver casos más específicos.

Nada de esto se ve en México hoy. Ni en la fuerza gobernante ni en el intento de oposición. En las condiciones actuales, ya no podemos darnos el lujo de gobernar solo para algunos. Sean las bases sociales mayoritarias que excluyen a las minorías, o esas minorías que excluyen a las mayorías.

Necesitamos encontrar puntos medios. Convergencias básicas que permitan transitar. Agendas programáticas de mediano y largo plazo, pero con acciones contundentes inmediatas.

La crisis política la estamos viendo en todo el mundo, con consecuencias graves. Estados Unidos es el caso más cercano. Y no solo de trata de su gobierno federal, sino a nivel local.

Podemos ver un ejemplo muy claro en San Francisco. California es el estado más representativo del supuesto progresismo, pero que no necesariamente ha funcionado. El discurso del Alcalde actual de San Francisco, a un año de gobierno, es muy claro.

Al ganar, a finales de 2024, declaró que “Esto no se trata de liberales, progresistas o conservadores. La gente se quiere sentir segura al caminar por la calle”.

“Queremos regresar al sentido común. Tenemos que regresar a la base, y ese es mi plan. Es el mandato para el que fui electo.”

Complementado hace algunas semanas con esta frase clarísima: “Nuestros valores progresistas se impusieron a nuestro sentido común”, en referencia a las problemáticas y retos que están enfrentando los Demócratas.

Si está actuando y gobernando en consecuencia o no, es otra historia. Pero es evidente que tiene claro por qué es tan profunda la crisis de los Demócratas en los últimos años. Y esto se puede extrapolar a los Republicanos y a cualquier fuerza política en México.

Su discurso, que es el correcto, demuestra que las ideologías ya no representan lo que la ciudadanía necesita. Hay que tener el pragmatismo de entenderla y tomar acciones concretas.

En México, más nos vale empezar a analizar lo que desde la política hemos hecho mal, y cómo eso nos fue alejando de la sociedad, y volver a acercarnos a una población muy distinta, y muy preocupada. Dejemos ya de pensar el izquierda o derecha, y empecemos a pensar en cómo resolver los problemas estructurales del país, entendiendo a nuestra sociedad.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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