Tras la Segunda Guerra Mundial y la consolidación de Estados Unidos como la potencia global indiscutible, se reconfigura el sistema de contrapesos antaño orientado por Inglaterra. Entre los cambios más relevantes de la posguerra se definen precisamente los criterios que orientarán en adelante la cooperación entre los países más adelantados con los más pobres, con lo cual se buscará superar aquella cooperación casi exclusivamente orientada por las necesidades de la guerra.
Con el denominado Plan Punto 4, el entonces presidente Truman pone sobre la mesa los criterios de la cooperación, entre los que destacan la bilateralización de la cooperación, los programas clientelares, los programas blandos y el envío de expertos, entre otros. Se trata de la promoción de un poder suave, que acompañará al peso militar de la potencia global. Estos criterios van a marcar las formas de cooperación en todo el sistema de naciones hasta la actualidad.
Con la eliminación del 83% de los fondos de USIAD, cerca de 120 países han visto prácticamente cancelados sus proyectos de asistencia. Con un presupuesto anual de 42,800 millones de dólares, que representan más del 42% de toda la ayuda global, una cantidad enorme de seres humanos se verán afectados en sus posibilidades de futuro. Sin embargo, es especialmente grave que una parte sustantiva de los proyectos afectados son aquellos que centran su atención en el aborto, la salud reproductiva, la planificación familiar, los programas en favor de la diversidad y la inclusión.
La cancelación cientos de contratos, por tanto, se fundan sobre argumentos con un peso esencialmente ideológico y que no tienen relación alguna las urgencias globales, la agenda de necesidades o el nivel de desarrollo de los destinatarios de esta cooperación. Se trata, en esencia, del fin de un modelo de cooperación, que, con todas sus críticas, se había vuelto esencial como herramienta para salvar vidas en el planeta.