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Sheinbaum y AMLO, ¿hacia un nuevo maximato?

Si tenemos que recurrir a ejemplos históricos, considero que es probable que López Obrador desempeñe un papel similar al de Lázaro Cárdenas a partir de los años 40.
mar 11 junio 2024 06:05 AM
Mexican President-elect Claudia Sheinbaum holds a press conference, in Mexico City
Si en algún momento López Obrador percibe que su “legado” está en peligro, entonces el actual presidente podría intervenir públicamente para condicionar y presionar al gobierno de su sucesora, considera Jacques Coste.

Mucho se está especulando sobre el papel que el presidente saliente, Andrés Manuel López Obrador, desempeñará en el gobierno de la presidenta electa, Claudia Sheinbaum. Diversos analistas ven el riesgo de que se produzca un “nuevo maximato”. Argumentan que podría gestarse una relación parecida a la que el general Plutarco Elías Calles sostuvo con sus sucesores Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo Rodríguez.

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Pese a que estudios históricos recientes han demostrado que la relación entre Calles y los siguientes presidentes era más compleja, la versión popular del maximato es que Portes Gil, Ortiz Rubio y Rodríguez eran títeres del general sonorense, quien fungía como “el poder detrás del trono”. Esta versión simplista del maximato es la que muchos analistas consideran que se repetirá, pero ahora bajo el mandato de Sheinbaum con AMLO en la posición del nuevo “Jefe Máximo”.

Otro grupo de analistas arguye que la sumisión de Sheinbaum podría ser aún mayor, al gestarse una dinámica parecida a la que protagonizó Porfirio Díaz con su compadre, Manuel González, cuando éste ocupó la presidencia entre 1880 y 1884. Él sí fue un vil testaferro del general Díaz, quien poseía el poder político real.

Finalmente, algunos analistas afines a Morena piensan que el presidente López Obrador realmente “se retirará de la política” y dejará gobernar a Sheinbaum sin ningún tipo de injerencia, pues ambos comparten la misma visión de país.

En mi opinión, ninguno de estos tres escenarios es viable en las condiciones actuales. Si tenemos que recurrir a ejemplos históricos, considero que es probable que López Obrador desempeñe un papel similar al de Lázaro Cárdenas a partir de los años 40.

Primero, aclaro que yo no suscribo la visión de que AMLO es “el Cárdenas del siglo XXI”, toda vez que el general michoacano fue mucho más progresista que el político tabasqueño. Además, Cárdenas mostró una visión institucional de Estado que López Obrador jamás ha tenido. Sin embargo, no recurro a este símil por el parecido entre ambos personajes, sino como recurso explicativo de la manera en que López Obrador podría comportarse el próximo sexenio.

Al contrario de lo que dice la historia oficial, Cárdenas no se retiró de la política después del sexenio de Ávila Camacho, cuando fungió como secretario de Defensa Nacional. Más bien, Cárdenas siguió siendo muy activo en la política nacional: a veces colaboraba y otras veces se oponía a los presidentes priistas, trabajando en coordinación con otros líderes de las izquierdas, como Vicente Lombardo Toledano, diversos dirigentes sindicales o miembros de movimientos estudiantiles o populares.

Cárdenas fue especialmente activo en el sexenio de López Mateos (1958-1964). En esos años, el general enfocó su activismo político en la arena internacional, mostrando su apoyo a la Revolución cubana en distintos foros y promoviendo movilizaciones populares en México para que el gobierno federal no rompiera relaciones con Cuba. Asimismo, Cárdenas presionaba por distintos medios al gobierno mexicano para evitar que se acercara en demasía a Estados Unidos y para elevar el costo político de renunciar o recortar políticas favorables a las clases populares.

Cárdenas, en resumen, tenía la legitimidad para erigirse en “líder moral” de las izquierdas en México, en distintos niveles —desde las arenas sindical e intelectual hasta los ámbitos partidistas, estudiantiles y populares—, en América Latina e incluso a nivel global. Hay que recordar que Cárdenas recibió el Premio Stalin de la Paz en 1955, el cual era una condecoración equivalente al Premio Nobel en el bloque socialista.

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Por tanto, Cárdenas fungía como un guardián del carácter revolucionario y popular de los gobiernos priistas y balanceaba a las fuerzas conservadoras dentro del régimen posrevolucionario. No obstante, salvo en momentos particulares (como la Revolución cubana), el general michoacano era discreto, huía del foco público y respaldaba a los gobiernos posrevolucionarios. Este comportamiento contribuyó a que Cárdenas pasara a la historia como un gran líder político, pues el entrometerse demasiado en los gobiernos de sus sucesores le habría valido mala fama, toda vez que en México el reeleccionismo y la injerencia política de los expresidentes suelen generar reacciones adversas en la sociedad.

Y aquí vuelvo a López Obrador. Puesto que su máxima ambición es “pasar a la historia”, el presidente tiene incentivos para reducir su activismo político el próximo sexenio: la discreción y el silencio no harán más que beneficiar su reputación pública y alimentar su mito político. Por otro lado, Sheinbaum comparte la visión nacional de AMLO, por lo que tampoco creo que el tabasqueño tenga demasiados incentivos para intervenir en el gobierno de su sucesora. Sin embargo, quizá en coyunturas particulares, si en algún momento López Obrador percibe que su “legado” está en peligro, entonces el actual presidente podría intervenir públicamente para condicionar y presionar al gobierno de su sucesora. Pero lo más seguro es que se guarde esta carta para casos muy particulares y, desde su perspectiva, absolutamente urgentes.

Nota del autor: para entender mejor el papel de Cárdenas durante el régimen posrevolucionario, recomiendo revisar los trabajos de Soledad Loaeza (particularmente, A la sombra de la superpotencia) y Eric Zolov (principalmente, The Last Good Neighbor).

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Nota del editor: Jacques Coste ( @jacquescoste94 ) es internacionalista, historiador, consultor político y autor del libro Derechos humanos y política en México: La reforma constitucional de 2011 en perspectiva histórica (Instituto Mora y Tirant lo Blanch, 2022). Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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