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#ColumnaInvitada | ¡No vamos a claudicar!

El sexenio agoniza y toda la palabrería es ya insostenible. El desgaste y despropósito es simplemente asfixiante.
mié 03 abril 2024 06:06 AM
Mañanera AMLO-9
El presidente tiene un cierto efecto teflón a las críticas porque se escuda en decir que él habla por el “pueblo bueno” y que eso le permite ser interlocutor de muchos que se sintieron vindicados por su presencia y capacidad comunicativa, señala Juan Francisco Torres Landa.

Se ve y se siente. La energía es visible en calles, eventos, foros y conversaciones. Lo que fue un simple ejercicio de demagogia y retórica publicitaria se está desmoronando con asombrosa velocidad. Y es que una cosa fue el utilitarismo de quien supo identificar motores importantes en el colectivo que generaría un motor electoral en 2018. La situación hacía que aún una serie de promesas efímeras y ofertas charlatanas fueran atractivas. Súmenle la complicidad de quienes se iban y que buscaron impunidad, y el resultado de esos comicios los conocemos todos.

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Pero ahora estamos en una dinámica muy diferente. El sexenio agoniza y toda la palabrería es ya insostenible. El desgaste y despropósito es simplemente asfixiante. Los desastres en los rubros de seguridad, salud, educación, energía, infraestructura, desarrollo económico, turismo, etc. son tan abundantes que no permiten ni siquiera al coro irreflexivo del gobierno federal hacer mucho más que recurrir a frases huecas como hablar de una transformación que no conduce o lleva a nada. Son simplemente los recursos de la vieja estrategia Goebeliana a cargo de Epigmenio Ibarra de repetir mentiras tantas veces como sea necesario para lograr una realidad alterna. La reiterada forma de adulterar el entorno real a como dé lugar.

Sin embargo, aún esos esfuerzos de propaganda política no pueden sostenerse ante tan abrumador contraste con la realidad cotidiana. La ignominia e insensatez no son capaces de modificar el impacto de millones de mexicanos que hoy viven una situación de desesperanza derivada de que no tienen seguridad, no pueden salir a las calles sin ser objeto de abusos, no pueden acudir a las clínicas de salud y aspirar a tener tratamientos o medicinas, de ver que sus hijos no tienen educación de calidad, que no pueden instalar negocios ante la extorsión permanente, que la delincuencia campea impunemente en todos lados, que no hay oportunidades para los jóvenes, y que en general detectan un rumbo incierto para el país.

Ante todo este panorama ahora se ofrece en forma iracunda que se va a dar “continuidad” a lo que sucede hoy en día en el país. Es decir, se tiene una situación en que se ha erosionado el funcionamiento nacional y la oferta es seguir por la misma ruta. La pregunta entonces es cómo pueden estimar que el electorado sea tan miope y limitado. La mera referencia a una “transformación” destructiva no puede ni debe sostener la pantomima. Aunque al presidente al parecer le sienta bien ser un mentiroso compulsivo y habitante solitario de una realidad alterna que solamente existe en su cabeza, para los mexicanos de a pie no puede pensarse que exista un ánimo suicida para repetir la dosis de un sexenio adicional de engaños.

Aunque es cierto que el presidente tiene un cierto efecto teflón a las críticas porque se escuda en decir que él habla por el “pueblo bueno” y que eso le permite ser interlocutor de muchos que se sintieron vindicados por su presencia y capacidad comunicativa, ni siquiera ese efecto es heredable y no se puede contemplar como vinculante en su heredera designada. Esa persona da la apariencia más bien de alguien fría, calculadora, de mal temperamento, y de nula empatía. Es clara su distancia respecto a muchos sectores que hoy se sienten desamparados y que no se ve que haya esfuerzo alguno por ser atentidos. Entre ellos vemos a mujeres, jóvenes, académicos, burócratas, campesinos, obreros, empresarios y muchos sectores más que han sido muy adversamente tratados y afectados en lo que va del sexenio. El abandono ha sido múltiple y parejo. Salvo beneficiarios de programas sociales amplios en recursos (y de una gran opacidad) y de los miembros de sectores ideologizados que no tienen visión propia alguna, no hay ya muchos otros que realmente apoyen las sandeces del presidente y su equipo de incompetentes focas y corifeos.

Por si lo anterior no fuera suficientemente grave, con absoluto descaro han señalado que en su meta de concentración de poder y de ruptura institucional, han propuesto reformas constitucionales para que con todas sus letras destruyan la independencia y autonomía del Poder Judicial, eliminen la representación proporcional en el Congreso Federal, y además reduzcan el porcentaje para ejercer la revocación de mandato como mecanismo de coacción y destrucción democrática. Se quieren quedar con todo el poder y eliminar contrapesos sin importarles si eso destruye nuestra democracia. En la evaluación de The Economist ya somos un país sin regularidad democrática y vamos en camino a una tiranía.

Pero afortunadamente el panorama no es tan sombrío como lo sería si Morena hubiera logrado el que la oposición se dividiera y hubieran sucumbido ante el efecto de egoísmos o cuotas partidistas. No fue así porque con madurez y gran poder de sumar a personas de todos los distintos sectores y matices se impulsó un gran ejercicio de amalgamar a todos ante el reto y riesgo nacional. La premisa fue consolidar al primer gobierno de coalición en la historia del país. El resultado fue el proceso que derivó en la candidatura única de los tres partidos (PAN, PRI y PRD) a cargo de una mujer ciudadana, experimentada y de grandes cualidades. Es en efecto Xóchitl Gálvez Ruiz el referente de una enorme cruzada por evitar la debacle democrática del país. Es el antídoto ante el veneno que nos pretenden administrar para acabar de una buena vez con lo que hoy tenemos aún de una funcionalidad electoral. No es exageración, quieren tumbar la escalera por la que se les permitió subir, porque no quieren que otros puedan tener alternancia. Es la misma receta que ya se conoce y se ha visto sus gravísimas consecuencias en lugares como Venezuela, Nicaragua, Bolivia o Cuba. Nuestro país no puede sucumbir ante tan despreciable propósito y destino. No lo será así. Lo vamos a evitar.

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Y es que cuando Morena dice que llevan una cómoda ventaja en realidad a lo que le apuestan es a la miopía electoral y a que haya un efecto de una suerte de destino manifiesto e imposibilidad de derrota. Pero no es ni será así. No hay tal efecto de infalibilidad en la victoria de Morena. Lo cierto es que en muchos estados y el país entero en que ya se conoce de primera mano lo nocivo que han sido los gobiernos guindas, lo que se respira y solicita con angustia y desesperación es la oportunidad de echarlos fuera mediante las boletas electorales. La opción no puede ser claudicar. Debemos ejercer masivamente el rescate nacional.

Como hemos ya marchado en tres ocasiones llenando las plazas públicas, ahora toca hacerlo de nuestras casas a las urnas. Una gran proesa ciudadana para que con la #MareaRosa inundemos el proceso y tengamos el gran resultado que todos veremos como nuestra victoria, una en que todos cabemos. No más divisiones ni polarización. Es nuestro momento y la unidad nacional nunca más se deberá cuestionar, y mucho menos desde el poder. El tiempo de los ciudadanos y el pueblo ha llegado para nunca más permitir una asfixia.

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Notas del editor: Juan Francisco Torres Landa es miembro del Consejo Directivo de UNE México y de la red de Unid@s. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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