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24 años de caminos errados

Más importante que haber sacado al PRI, la elección presidencial del 2000 es histórica por ser el inicio de la espiral descendiente en la que hoy estamos.
lun 01 abril 2024 06:01 AM
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Entre Calderón y Peña Nieto pavimentaron el camino para que llegara en 2018 López Obrador, gracias al hartazgo y encono social que se había generado. Un proceso completamente contrario al PRI que trajo identidad nacional, señala Don Porfirio Salinas.

La elección presidencial del año 2000 fue histórica en muchos aspectos, más allá del mero hecho de ser la primera vez en 71 años que el PRI perdía el poder. Lamentablemente, y más importante que haber sacado al PRI, es histórica por ser el inicio de la espiral descendiente en la que hoy estamos.

El orden, o control como algunos le llamaban, que había en el país hasta el 2000 era funcional. No era perfecto, pero mantenía los equilibrios en un país tan variopinto como México, con regiones geográficas y segmentos poblacionales muy distintos entre sí.

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Con el inicio del PRI en 1929, entonces como Partido Nacional Revolucionario, inicia también una etapa política de reconstrucción de una sociedad postrevolucionaria profundamente pulverizada.

Los gobernantes de aquella época estaban conscientes de que era urgente dotar a México de identidad nacional, de algo que permitiera cohesionar una población tan dividida y distanciada; y no solo a nivel social sino también gubernamental.

Así, con visión de país, se fueron creando instituciones de toda índole, con una narrativa de nación. Por supuesto, con ciertas licencias en la interpretación de la historia; pero se logró dar identidad.

Los gobiernos del PNR, después Partido de la Revolución Mexicana (PRM) en 1938 y finalmente Partido Revolucionario Institucional (PRI) a partir de 1946, se preocuparon por construir condiciones de estabilidad social y económica, para legitimar la estabilidad política.

Generaron estructuras gubernamentales profesionales, con reconocidos servicios informales de carrera; impulsaron cuadros de servidores públicos con vocación; liderazgos políticos estadistas con visión de mediano y largo plazo para el país.

El partido mismo se construyó bajo la base de sectores de la sociedad para asegurar representar todos los intereses; ejemplo para muchos partidos en el mundo. Sectores como el campesino, el obrero y el popular. De allí la famosa frase: en el PRI cabemos todos.

Por supuesto que se llegó a niveles importantes de desgaste en el ejercicio del poder, particularmente a finales de los años 60 y durante los 70, ante la llegada de personajes personalistas y autoritarios. Pero en su momento se supo corregir el rumbo.

Desde la gran reforma política de 1977 que arrancó el histórico proceso de apertura democrática, durante los 80, y particularmente la primera mitad de los 90, se regeneraron muchas estructuras anquilosadas, dando paso a políticos y funcionarios públicos más modernos.

Esta etapa de recomposición generó, además de reformas políticas fundamentales, reformas económicas que dieron las bases de estabilidad macroeconómica que hasta la fecha podemos ver.

Por eso es que muchos en su momento pensábamos que el 2000 no era el año para la alternancia. Era fundamental darle un último sexenio al PRI para consolidar esas reformas. Y ya en 2006 cambiar de rumbo, sobre la base de un país sólido en lo económico y estable en lo político y social.

Lamentablemente, muchos en la sociedad, así como el último presidente priista, tenían una visión distinta. La sociedad, entendiblemente harta; y el mencionado presidente, por aires de grandeza.

El PAN, un partido fundamental para la estabilidad política y la democracia mexicana desde su creación en 1939, que había construido cuadros y liderazgos muy preparados, lanzó a un improvisado a la contienda presidencial del 2000, claramente no apto para la tarea.

Con Fox, ante su inexperiencia y su clara falta de entendimiento de la política nacional, llegó con su actitud pendenciera a perder los finos controles que daban estabilidad al país, regresando poder desmedido a poderes fácticos que ya estaban controlados.

Revivió un conflicto social ya dormido, volvió a empoderar a las grandes centrales sindicales ya limitadas por Salinas, dio rienda suelta a empresarios no necesariamente íntegros, y sobre todo, quitó todos los límites al crimen organizado.

Siendo justos con Calderón, Fox le heredó un país agarrado de alfileres; pero Calderón llegó a quitarle esos alfileres sin importarle las consecuencias.

Con su famosa guerra contra el narco, cuya estrategia era más motivada por razonamientos, filias y fobias políticos que por inteligencia, permitió a los grupos criminales expandir sus actividades más allá de sus regiones, y mucho más allá del mero narcotráfico.

Además, a pesar de su polémica elección y de las condiciones en las que tomó protesta, gracias a la institucionalidad del PRI, se dedicó a violentar acuerdos políticos y a dinamitar lo que tuviera en frente, empezando por el propio PAN y el empresariado, hoy desmemoriado.

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Inauguró la época de corrupción cínica y desmedida, y recrudeció la descomposición de la administración pública federal con funcionarios ambiciosos, que ya Fox había debilitado con gente inexperta.

Peña Nieto desdeñó la oportunidad histórica que le dio la sociedad al PRI para regresar al poder después de 12 años panistas fallidos. Lo primero que hizo fue alejarse del PRI y comenzar su destrucción. Y lejos de corregir el rumbo del país, lo hundió en aún mayor corrupción y abuso.

Con su famoso Pacto por México, no solo destruyó al PRI sino a lo poco que quedaba del PAN después del Calderón, y a las sobras del PRD que ya AMLO había vaciado.

Entre Calderón y Peña Nieto pavimentaron el camino para que, gracias a sus excesos y errores, llegara en 2018 López Obrador, gracias al hartazgo y encono social que se había generado. Un proceso completamente contrario al PRI que trajo identidad nacional.

Visto a la distancia, los dos errores principales fueron 2000, con la apresurada alternancia, y 2006, obstaculizando un AMLO mucho menos fuerte y legitimado. 24 años después, la elección de 2024 ya se nos fue de las manos. La pregunta es si queremos corregir rumbo en 2030, y si somos capaces de volver a darle rumbo a México, aprendiendo de estos 24 años de malas decisiones.

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Nota del editor: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

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